Se llamaba Fabio

«Los trabajadores son, somos, mano de obra de usar, explotar y tirar. En ocasiones, sin vida». Rosa Guevara en Muerte obrera en el estadio.

Los médicos del hospital Santa Marcelina hacen todo lo posible por salvarle la vida, luchan contra los estragos del golpe, de las heridas; se cayó de una altura de ocho metros. Pese a utilizar el equipo de seguridad obligatorio, su cuerpo fue víctima de los riesgos que existen en la obra. Mismos riesgos que, meses atrás, acabaron con otros dos trabajadores en la construcción.

Sus compañeros rezan, sus familiares abrazan una esperanza de milagro mezclada con pánico pues temen lo peor. La incertidumbre rodeada de angustia no tarda en desaparecer: el impacto fue mortal. A sus 23 años de edad, Fabio Hamilton da Cruz ha fallecido. Los esfuerzos médicos lidiaron sin fortuna contra las consecuencias de los peligros presentes en la instalación de estructuras temporales en las gradas del Arena Corinthians, sede del Mundial 2014.

Marzo está por concluir y abril por comenzar. Apremia el tiempo para que los estadios mundialistas estén en perfectas condiciones lo más rápido posible. La distancia temporal (unas cuantas horas, un par de días) entre un mes y otro es eterna para una familia que debe sepultar a su difunto. Eterna a partir del instante en que Fabio Hamilton da Cruz dejó de ser presencia para convertirse en ausencia. Fuera del ámbito familiar y laboral, Fabio se ha transformado en una cifra más dentro de las tragedias, en una noticia más.

El tiempo no puede detenerse para llorarle, para solidarizarse con los suyos aunque sea con unas breves palabras, para pronunciar por lo menos su nombre. Urge terminar con las obras y enfocarse en otros aspectos más importantes. Considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos, voz autorizada para abordar pormenores del balompié, figura brasileña e ídolo a nivel mundial, Pelé así lo considera.

La prensa le cuestiona qué opina sobre el accidente que derivó en un deceso, sobre otro accidente que desafortunadamente cobró la vida del octavo trabajador durante las construcciones de estadios en el país sede de la Copa del Mundo. «El accidente es normal, son cosas de la vida, puede suceder. Fue un accidente. No creo que asuste», responde Edson Arantes do Nascimento.

¿Qué asusta entonces? ¿qué preocupa? Pelé contesta lo siguiente: «La manera en la que se está administrando la entrada y salida de turistas en los aeropuertos de Brasil… eso sí que es preocupante. Pasé por varios países y la preocupación es grande. Nadie entiende por qué no tenemos más entradas al país».

Sus declaraciones no afectan a la familia de Fabio. Él ya no está, y en su hogar no hay nadie que encienda el televisor, nadie que escuche la radio o lea un periódico para enterarse de lo dicho por Pelé. Sin embargo, sus compañeros trabajadores sí habrán de tenerlo presente. Lo recordarán el primer día de mayo cuando pongan a prueba la cancha del Arena Corinthians en un partido amistoso entre ellos, para ellos y en honor a ellos, rodeados de sus familiares en las tribunas. Un partido donde no será invitada su máxima gloria futbolística y en el que les faltará un integrante que ayudó a construir el inmueble.

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