Recordando al «Hombre de Negro»

Transcurre el primer tiempo. Contrario a lo que se espera de una final, Pachuca y León limitan sus ganas por lastimarse. Guardan en el costal de la cautela elementos como intensidad, toque, hambre de atacar. Los jugadores corren por toda la cancha aguardando un error sin provocarlo, queriendo el balón para arrumbarlo en la precaución. Al igual que ellos, el árbitro Francisco Chacón se desplaza por el campo por el trámite de continuar las acciones, para mantenerse integrado al partido. De repente mi mirada repara en su atuendo. Viste de negro.

Desconozco si a alguien más le haya ocurrido lo mismo que a mí: acostumbrarse a que los silbantes utilicen uniformes de colores. Tenía en el olvido el mote que suele distinguirlos en el idioma futbolero, la referencia obligada como El Hombre de Negro. Así como equipos se dieron a la tarea de usar vestimentas coloridas, incluso ajenas al color de su respectiva historia, los árbitros también.

Playeras amarillas, verdes, azules, rosas, han desfilado sobre los cuerpos de los encargados de poner orden en un terreno de juego. Villano por tradición en el fútbol, así haga un buen trabajo, el árbitro se ha caracterizado por contar con tres detalles que le dan sentido a su rol: dos tarjetas, un silbato y su uniforme. Y es el negro un color que le brinda la oportunidad de mantenerse como «el malo de la película», de poseer la señal más visible de autoridad sobre el césped durante el tiempo que dura un partido.

Por asuntos de marcas que los visten u ocurrencias de algún federativo, los silbantes en nuestra liga se vieron obligados a deambular con atuendos multicolor. De paso obligaron a que aficionados se acostumbraran a ello, a otra costumbre de las que muy a menudo impone el fútbol mexicano. Compraventa de franquicias, draft, cambios al reglamento sobre la marcha, multipropiedad, desaparición de equipos, por mencionar algunas.

En una final rodeada por un club que respalda la multipropiedad, por una familia que ya tiene en la bolsa el título y el subcampeonato, por un sistema que fomenta la mediocridad disfrazada bajo el concepto de competitividad, un uniforme nos regala un poquito de fútbol. Al menos en el color y en el recordatorio de que el árbitro es El Hombre de Negro, Francisco Chacón ofrece algo distinto a un encuentro atrincherado en lo deportivo, económico y empresarial.

-Que ya acabe el primer tiempo. Que regresen los torneos largos. Si se volvió al color negro en el uniforme de un árbitro, ¿se podría retornar a los torneos de antes?

Culmina la primera mitad. Cero-cero. Lo más destacado hasta ahora consiste en recuperar la memoria; me había olvidado del Hombre de Negro.

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