El triunfo más triste

¿Cómo negar el romanticismo del fútbol cuando el rectángulo verde cierra su telón con dramas semejantes al que la Selección mexicana vivió hoy en el Cowboys Stadium? Luis Montes fue el personaje marcado por el destino para romper el corazón de la Nación Verde. Al Tri le extirparon a su cerebro, El Chapito se rompió de tibia y peroné y deja a la navegación mexicana sin timón. Antes, pudo despedirse como héroe con un golazo que abrió el camino del triunfo, 3 por 1 sobre Ecuador, a 13 días del debut ante Camerún.

No es necesario que haya un muerto para que un estadio se convierta en cementerio. México y Ecuador, con el fervor mundialista reflejado en la intensidad de sus jugadas, arrancaron su partido metidos en lo suyo. Disciplina táctica, orden defensivo, ir y venir por las bandas y poca lucidez, hasta que la zurda de Luis Montes, tan educada como atrevida, bombardeó la meta de Máximo Banguera para clavarla en el ángulo y desatar el carnaval en la tribuna, pintada de verde.

El gol iluminó el partido y México supo que tenía en Luis Montes, un hombre sin miedo para intentar otro cañonazo igual ante Brasil en el Maracaná. La emoción a flor de piel, cuando un tronido cambió la tarde. Craaaaash. Los ojos en blanco. El estómago vacío. La invasión del miedo. El rictus de dolor. La espinilla de Montes reventó contra la pierna de Segundo Castillo. Fractura de tibia y peroné para el mexicano. Rotura de ligamentos del ecuatoriano. El sueño de Brasil se desmoronó. El partido se jugó de luto en el segundo tiempo.

Bajo un velo oscuro, México se encontró con las sonrisas de Marco Fabián de la Mora y Giovani Dos Santos, alegres compadres que se animaron a combatir el abatimiento con meritorios disparos que se convirtieron en el segundo y tercer gol, al 68′ y 76′, respectivamente, en un complemento que vio la mejor versión de Héctor Herrera, el más iluminado del once inicial, quien regaló dos pincelazos para enmarcar que por poco terminan en odas al gol. Ecuador mostró casi nada y se llevó una consoladora anotación de rebote, tras un desvío de Héctor Moreno a disparo de Enner Valencia en un tiro libre.

Así se consumó el triunfo más triste de la historia del Tri, el que recuerda la maldición de Alberto Onofre, aquel 10 que manejaba los hilos de la selección mexicana antes del Mundial de México 1970 y que a cuatro días del debut tronó su tibia y peroné. El nudo en la garganta perdurará todo el Mundial.

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