Hombre herido, tribu herida

La imagen paraliza por igual a cuerpo técnico, jugadores, espectadores y periodistas. Los eslabones futboleros enfocados en la Selección Mexicana coinciden en la expresión desgarradora, en la terrible deducción de una acción aparatosa sobre la cancha: Luis Montes se ha fracturado.

Miguel Herrera aprieta la quijada para intentar mantener la calma, los suplentes tricolores parecen estar en un velorio, Rafael Márquez y Giovani Dos Santos se llevan las manos a la cabeza en señal de lamento. A través de los micrófonos, cronistas y narradores no pueden ocultar el temblor de su voz. En bares y salas de algunos hogares, aficionados quisieran pensar que la lesión no sucedió. El dolor de Montes se ha convertido en un dolor colectivo.

Antifutboleros también reaccionan. Externan su sensibilidad no por lo que afecte la ausencia de Montes en el Mundial, sino por la tragedia de ver derrumbado un sueño, de ver rota la ilusión de un jugador que con base en su desempeño se ganó un lugar en lo que para él representa una gran aspiración.

La tribu ha sido herida. Una daga en las esperanzas mundialistas, un corte salvaje al ánimo nacionalista cuando se trata del Tri, una estocada al gusto por el balón; Montes es uno de los elementos que mayor talento, picardía y lectura de juego tiene sobre el césped. En Brasil, de hecho, la cadena Sport TV se sumó al sentimiento mexicano reconociendo que “el mejor de la cancha” se perdería la Copa del Mundo.

Llevará su tiempo sanar, pero el propio Montes se ha encargado de contribuir con el primer remedio para detener la hemorragia de lamentos. “Aburrido en el hospital pero muy optimista”, publicó en su cuenta de Twitter junto a una foto donde se le ve sonriendo. Apapacha a la tribu aún con su dolor, consuela a los dolientes para alzar la cara. Por ahora.

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