Cuestión de educación

Durante los últimos dos días se ha estado hablando mucho en el entorno mundial del famoso grito que tristemente identifica al público mexicano en Brasil 2014. Sí, ese famoso grito de “¡¡¡puuutoooooo!!!” siempre que despeja el portero contrario, y digo tristemente porque en efecto, no es cosa mínima, es un asunto que va más allá de la diversión o de la manera en que los mexicanos nos manejamos en cada evento al que acompañamos a nuestra Selección nacional o deportistas que van a Juegos Olímpicos o cualquier otro evento.

Al asunto hay que darle el peso que realmente merece, que es mucho. De entrada es exhibir la falta de educación y de sentido común entre la mayoría de los asistentes al estadio. Ojo, no quiero pecar de “blanca palomita” porque no lo soy, majaderías todos las decimos e insultos los lanzamos desde la tribuna, y quien diga que nunca lo ha hecho quizás esté pecando de mentiroso. Pero en casos como éste lo peor que podemos hacer es minimizarlo o sugerir que como en casa nos portamos así y nadie nos dice nada, entonces lo hacemos en cualquier otro lado.

Ir a una casa ajena y decir majaderías no es correcto, al menos eso nos han enseñado a muchos en nuestras tradicionales familias. Menos las dices si te están grabando, aunque nunca falta al que le vale gorro. Ese tipo de personas que no saben comportarse ante la sociedad carecen claramente de educación.

Hoy la FIFA investiga ese famoso grito por razones homofóbicas, y la respuesta del director operativo de selecciones nacionales invita a no maximizar una situación “que en México es normal” y que sugiere tiene otras connotaciones. ¿En serio?

Que yo sepa acá en México decirle “puto” a alguien es un insulto y en muchas ocasiones es discriminatorio y homofóbico. “Allá va ese pinche puto”, “mira ese par de putos”. Ahora imaginemos a 15 mil aficionados en un estadio de Brasil gritarle al unísono ese insulto a un solo jugador en más de 10 ocasiones…

Cuestión de educación

Siempre damos la nota

Tristemente el mexicano no pasa desapercibido siempre que sale de su país. Ejemplos hay muchísimos.

Lo que acaba de suceder en Brasil, donde tristemente un joven mexicano está desaparecido tras lanzarse al mar desde lo alto de un barco crucero que transporta aficionados por las sedes donde juega el Tri, ya forma parte de este tipo de situaciones que acontecen con la afición mexicana. El abuso del alcohol, por lo que aseguran testigos, fue determinante para que este joven se pusiera el reto de frenar el barco en altamar, y así, sin más, se lanzó desde una altura de casi 45 metros y hoy está desaparecido.

Llama Eterna

Cabe recordar a aquel compatriota que en el Mundial de Francia 1998 apagó la Llama Eterna del Arco del Triunfo. Obviamente se encontraba en estado de ebriedad. La reacción de muchos mexicanos fue la de reírse sin parar enalteciendo la hazaña que aquel aventurero azteca había protagonizado. El asunto trajo malestar no sólo en Francia sino en otros países del mundo que no encontraban explicación a semejante hecho.

Frenó el tren bala

En el Mundial de Corea-Japón 2002 un compatriota iba jugueteando en el tren bala cuando se le ocurrió jalar la palanca del freno y armar todo un desastre. Se activaron alarmas en varias centrales de seguridad que conectaban con las estaciones del tren. Al final no hubo explicación sesuda, simplemente jaló la palanca porque se le antojó.

En los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, otro mexicano frenó un tranvía propiciando el disgusto de los pasajeros que incrédulos se preguntaban los motivos por loa que aquel joven cometió tan irresponsable acto. La respuesta fue que lo hizo “sin querer queriendo”. ¿Les recuerda a alguien?

Hasta Mandela la llevó…

Cómo olvidar al intrépido mexicano que festejando un triunfo de la Selección en el Mundial de Sudáfrica 2010, se le ocurrió la brillante idea de colocar un sombrero charro y jorongo a la estatua de Mandela.

Deportistas no cantan mal las rancheras

Estas situaciones no son exclusivas de los aficionados que acompañan a nuestros deportistas, también los protagonistas del juego se han visto inmiscuidos en problemas de disciplina, de educación, de respeto. Ya bastante conocidas son las historias de futbolistas que en plena concentración meten prostitutas a los cuartos del hotel, o se van de fiesta y regresan en estado de ebriedad. Fuman y toman en plena competencia.

Al final por unas u otras, el mexicano siempre da la nota. Sorprende además que algunos directivos minimicen algunos actos que acaparan la atención del mundo. Es como dar a entender que todos están mal, menos nosotros.

Y no falta aquel que diga: “si ya saben cómo somos, ¿pus pa’qué nos invitan?

¿Ustedes qué opinan?

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