De sexto año

Nunca entendí en su totalidad por qué el Perro Bermúdez se tomaba el permiso de gritar “¡de sexto año!” cuando alquien hacía una jugada llamativa, un tiro de larga distancia, uno fuera del área, un gol al ángulo. O cuando alguien movía más rápido los pies que el rival y le hacía un caño. El Perro, con toda la voz gritaba que la había hecho “de sexto año”. Por lo distendido, por lo relajado, por lo divertido tal vez. En sexto de primaria tal vez así era el fútbol. Tal vez uno se atrevía a pegarle desde lejos, a humillar con un tunelito, a pasarla de taquito. Sólo en sexto.

Yo siempre fui torpe con la conducción pero educado con la pierna izquierda. “De sexto año” me salieron varios goles, uno que otro caño y algún taco esporádico, nada impresionante; pero “de sexto año”. En sexto honestamente no me acuerdo, qué pena.

Mi sexto año habría sido dos años después de Francia 98 y dos antes de Corea y Japón. Ese momento en que sólo la Eurocopa te puede salvar el verano. “De sexto”, en ese entonces, le vi un resplandor así a Trezeguet, precisamente en la final de la Euro 2000 contra Italia. Hizo una media tijera, con el pie derecho sembrado en el pasto y el otro como a 25 grados, en uvé, de volea que impulsó el gol de oro y título francés, de aquellos Blues de antología.

El sexto año de ELBUENFÚTBOL* se cumple en un contexto en el que el fútbol premia al buen toque, a la elaboración de juego, a la verticalidad, a la desfachatez; así lo hizo en la última Copa del Mundo, así lo ha manifestado -curiosamente- desde 2008. La oportunidad de seguir haciendo fútbol en sus letras, en sus versos y prosas con ‘gambetas’ de sexto año, es una ventana que podemos aprovechar. EBF*, “de sexto año”, de historias, sueños y otras emociones. ¡Enhorabuena! 

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