Amagador profesional

River se junta a través del balón. El ímpetu, sin embargo, suele colocar a más de uno de los suyos en un mismo lugar. Entonces requiere que alguien modere, que pilotee la nave cuando la velocidad no procede para llegar rápido a otro punto, que recurra al retraso para ser más directo.

Quien entendió esto fue Teo Gutiérrez, un amagador profesional. Cuando recibió la pelota no había luz en la jugada, no se localizaban espacios útiles para montar una jugada peligrosa. Y el colombiano inició con movimientos de cuerpo, el tronco se enfilaba a la izquierda mientras sus pies se dirigían a la derecha. Los pobres marcadores, Jara y Gil Romero, confundidos, no sabían si ir por el cuerpo o por las piernas. Y mientras, Teófilo proyectaba más decisiones con la mirada, daba toquecitos a un balón que no se movió más que unos centímetros, pues toda la farsa colombiana ya había engatusado a sus rivales.

Gutiérrez, productor de espacio y tiempo, tocó a su izquierda, donde apareció el uruguayo Carlos Sánchez, a quien le bastó enviar un amenazante centro para provocar un desvío defensivo que terminaría en el gol del triunfo riverplatense. Jonathan Schunke fue el hombre del autogol, pero habría que entenderlo. Él, no tengan dudas, también seguía mareado por la faena de Teo

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *