La batalla contra el sueño

Los aficionados locales, más bien resignados, se acercaron en poquísima cantidad al Ciudad de Valencia, no para interpretar a todo pulmón cánticos constructores de remontadas, sino porque se les habrá juntado la esperanza, el amor a su equipo y una noche sin nada mejor que hacer. Su Levante necesitaba anotar tres y no recibir nada para pasar de ronda en Copa del Rey.

Se ponía peor. Ni media hora había pasado y Málaga ya había añadido uno más a su ventaja. Y poco más tarde, a los 38′, para aquellos que no creían posible silenciar aún más las deshabitadas tribunas, Recio (es apellido) puso el 0-4 global.

Los minutos siguientes fueron una ofrenda al tedio. Sabidos eliminados y calificados, unos y otros acordaron olvidarse del partido. El balón parecía más pesado que los párpados involucrados. La finiquitada eliminatoria hizo tan pausados los minutos que la noche vencía a la gente. Había concierto de cabezazos, no en la cancha, sino en las gradas, donde los presentes perdían la batalla contra el sueño. Y el sueño, sépanlo bien, se contagia.

El respetable ya no sabía si abandonar el estadio o seguir apoyando con bostezos, y en eso, inesperadamente, David Barral descontó al 71′ y con ello sacudió un poco la modorra colectiva. A la defensa del Málaga, con todo y Memo Ochoa, la tomaron dormida, y cómo culparlos.

De inmediato, Barral volvió a anotar, ahora con giro dentro del área grande. Arquero mexicano y abúlicos compañeros intentaban espabilarse. No podían. Se sacaban las lagañas con dificultad, y no despertaron del todo si no hasta que los ex abatidos fanáticos gritaron el tercero de su equipo. Era el 3-2 para Levante, que sin embargo seguía, y así se quedó, abajo 3-4 en el entero.

Los finalmente eliminados iniciaron tan dormidos que contagiaron a su gente, al árbitro, al balón y hasta al rival, y en esa epidemia de somnolencia, casi casi consiguen una remontada inimaginable. Les faltó sueño. 

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *