La culpa es del pelón

Marquesitas, choripanes, fruta de temporada, refrescos y chelas para calmar la tripa y la sed. La tribuna del estadio Mario Villanueva parece el escenario de un picnic tropical donde conviven personas de todas las edades y diferentes idiomas. Entre gente local, turistas nacionales y extranjeros, se han reunido poco más de 500 aficionados para apoyar al Inter Playa del Carmen, el equipo del pueblo. Se come y se bebe en armonía, pero también se entrelazan las emociones que cada asistente expresa, creándose así un ambiente futbolero que procura lo que un balón provoca, la pasión. Pasión que encuentra culpables cuando el triunfo corresponde al rival.

Siempre hay un culpable

De vacaciones en Playa del Carmen, provenientes de Canadá, Delphine y su marido tuvieron la inquietud de venir al fútbol. Con la seriedad dominando sus cuerpos, se sientan en la grada. Voltean tímidamente a todos lados esperando que algo suceda. El hielo en su aventura pambolera comienza a derretirse cuando escuchan la batucada de la porra oficial, pero sobre todo cuando arranca el partido contra Ocelotes de la UNACH y de inmediato reciben lecciones gratis sobre cómo mentar madres, insultar al árbitro y utilizar la grosería adecuada para cada jugada; si pierde la pelota es un “pendejo”, si la recupera es un “chingón”. No se diga más, el matrimonio ha encontrado la excusa perfecta para reír, gritar e integrarse a la pachanga.

A unos metros de ellos, un niño contempla de pie el encuentro. Su papá lo incita a sentarse con él, pero la criatura se niega diciendo que “desde aquí los veo mejor”. A su corta edad, el pequeño presta completa atención a lo que ocurre en la cancha, como si estuviera analizando las acciones. ¿Qué piensa? ¿Qué estudia? Solamente el pequeño director técnico lo sabe.

Otros niños optan por ver el partido más cerca. Van a colocarse junto a la banca del equipo local, y no precisamente para alentar a los jugadores. ¡Se ponen a hablar de caricaturas! Pese a que tienen la mirada clavada en el rectángulo verde, su mente está en otra parte. No obstante, ante la aparente indiferencia, sufren cada vez que el equipo falla una oportunidad de gol. Así como existen estilos de juego, también hay estilos para ver el fútbol.

La culpa es del pelón

“Pinche pelón”, “ya marca una, bolita de desodorante”. Calvo, el árbitro asistente se ha convertido en el objeto de iras locales. O no ha querido abrir los ojos, o le da flojera levantar la bandera, pero lo cierto es que no ha señalado infracciones cometidas por el conjunto visitante, infracciones claras. Más enojos despierta y más improperios recibe cuando Ocelotes anota el primer y único gol del duelo. A diferencia del silbante central, el asistente libra las ofensas hacia su progenitora pues para eso tiene la cabeza rapada. ¿Maña psicológica del abanderado? Mientras se metan con su tatema sin matas, resiste, ni se inmuta. Incluso sirve de estímulo para Delphine, quien goza y se carcajea cada vez que hace vibrar su poco español con un “pendejo pelón”.

Pero el calvo asistente es un dulce para provocar molestia. Bueno, así lo transmite uno de los policías encargados de la seguridad en el inmueble. Hablando solo y en voz baja, por aquello de no calentarse y perder los estribos, arrecia contra los jugadores locales, principalmente con los delanteros. “Tienen cemento en las patas, ineptos”, exclama poniéndose la mano en los labios. Lo escucha Silvio, argentino que radica en Playa del Carmen, que a su vez entabla charla con el uniformado: “¡La media, viejo! ¡La media! No hay un Gago o un Mascherano en el centro”.

La culpa es del pelón

Silvio irrumpe la conversación cuando sus ojos se extravían en la parte alta de la tribuna: “¡Mirá las minas que vienen, papá!”. Imposible contradecirlo. Por el contrario, toda la razón posee. La belleza femenina que se ha dado cita en el estadio… Aquí no se teclea, se suspira. En tanto, el policía se queda hablando solo cuestionándose quién carajos es Gago. “Ha de ser bueno el güey”, se responde.

El tiempo transcurre, Ocelotes gana por la mínima diferencia. Inter Playa del Carmen cae en casa y ve rota su racha imbatible como local. Cala la derrota: jugadores se hacen de palabras e intercambian empujones al final, sin embargo no pasa a mayores. El ánimo en las gradas es una mezcla de fiesta colectiva con ligera tristeza por la caída, una combinación que tiene un gran remedio de males para equilibrar las emociones: el árbitro asistente.

Para la afición alguien tiene que cargar con la responsabilidad de que el Inter Playa del Carmen haya sido vencido en su terruño, y dicha responsabilidad recae en una cabeza sin cabello de un árbitro asistente. “Por tu culpa, pelón”. “Calvo pendejo”. “Traumado sin greña”. Delphine, Silvio, entre muchos más, se retiran del Mario Villanueva dejándole recuerdos verbales al abanderado, al que juzgan culpable.

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1 comentario

  1. Maxchiva jueves 19, marzo 2015 at 14:26

    Muy buen relato de una plaza no tan reconocida, pero donde rueda un balón, es seguro que hay pasión, siempre acaba saliendo a flote la pasión, es algo que no se puede ocultar… Saludos.

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