La pasión no es redondeo

El elemento futbolero que generalmente tiende a ser ignorado, habla: es el sonido local. Cero a cero indica el marcador. Faltan veinticinco minutos para que termine el partido entre Atlante y Necaxa cuando la voz del equipo azulgrana, haciendo gala de una perfecta dicción, agradece la presencia de los “cinco mil y un aficionados” que se han dado cita en las tribunas. Poniendo en tela de juicio el tradicional mecanismo del ojo de buen cubero para cálculos matemáticos, ¡qué precisos!

-¿En serio son cinco mil y uno? ¿De dónde sacaron el uno?

-¿Cuál uno?

-El uno que altera los ceros de los cinco miles.

-Ah, pues no sé.

Hay uno que rompe con el redondeo, pero ¿quién? ¿cuál? Y es que en las tribunas hay un carnaval de presencias entre las que destaca Raymundo Palacios, vicepresidente deportivo de los Potros, quien presta toda su atención al desempeño de los jugadores en la cancha sin que nada ni nadie lo distraiga. También se puede observar al camerunés Achille Emaná feliz de la vida repartiendo autógrafos y tomándose fotos.

-Pero ellos son gente del club, no aficionados.

-Habla usted con mucho enojo.

-Con toda razón. El equipo está de la fregada y no se hace nada. ¿No vio la arrastrada que nos puso Zacatepec aquí? Perdimos tres a cero, fue espantoso.

Entonces, ¿será el niño que está aprendiendo a dar sus primeros pasos y vino con papá al estadio? ¿Podrá ser la madre que ha heredado el atlantismo en su hija? ¿O los chamacos desangelados por la ausencia del gol? ¿Acaso es alguno de los tres americanistas que se equivocaron de encuentro? Puede que la pequeña porra necaxista (un grupo de aproximadamente 100 personas) sea contada como una sola pieza.

Puede ser que se trate de la turista española que está hecha una furia porque se confundió de deporte: ella quería ir al béisbol para ver a los Tigres, y no al fútbol. “Ya pagué, ya me quedo aquí. Me confundí, y además el beis es mañana”, comparte toda enojada con las gradas.

El tiempo transcurre, el empate sin goles se mantiene y el cuarto árbitro informa con la pizarra electrónica que se añadirán tres minutos. Arrecia el coro esperanzador de “Atlante, Atlante, Atlante” dentro del agónico final, un coro que es silenciado casi de inmediato cuando Necaxa anota en el último suspiro del duelo.

Achille Emaná

Achille Emaná

Mientras que el coro de camisetas azulgranas se transforma en abucheos y lamentos, el sonido local reitera el agradecimiento a la gente que se dio cita en el estadio, sin embargo ya no repite la cifra de cinco mil y un aficionados. En la parte alta de la tribuna, un atlantista de hueso colorado reparte culpas, sentencias y mentadas de madre; tunde por igual a jugadores y directivos. Está molesto, muy molesto, pero sobre todo dolido por la derrota. Algunos le aplauden, otros se suman a su clamor, y uno que otro le pide que se calme, que no gana nada con enojarse.

-No, sí gano.

-¿Qué ganas?

-Saberme que soy orgullosamente atlantista y lo seré hasta que me muera. ¡Arriba el Atlante, cabrones!

Es el uno. Sí, el uno de los cinco mil y un aficionados. Un uno que representa a miles de apasionados al fútbol, a miles de atlantistas, a miles de aficionados que sienten los colores de su camiseta, a miles que encuentran en el balón la sana enfermedad de lo inexplicable.

-El sonido local se equivocó en un pequeño detalle.

-¿En qué?

-Debe decir que somos cinco mil MÁS uno, no cinco mil Y uno. Tal connotación, al menos en el fútbol, es de gran importancia.

Lo que puede aplicar para el conteo en la relación aficionado-taquilla, no aplica para la relación aficionado-pasión, relación donde no existe el redondeo.

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