“El día que deje de hacer lo que sabe…”

Alguna vez estuve en Argentina. Allí conocí hinchas de diferentes equipos; hombres y mujeres de todas las edades que desayunaban, comían y cenaban fútbol. Estando en el país de Diego Armando Maradona y Lionel Messi, de César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo, lo inmediato en la lógica era prestar los sentidos para absorber todo lo relacionado al balón en aras de aprender un poco más.

Saliendo de Buenos Aires, instalándome en San Carlos de Bariloche, conocí a Eduardo, uno de los propietarios de la hostería en donde me hospedé. Se alegró al saberme mexicano.

-¡México! País de El Chavo del Ocho, país de mi luna de miel en Cancún.

Hincha de Ferrocarril Oeste, Lalo disfrutaba hablar de fuútbol acompañándose de un café. Era un gran conversador, un tipo que dominaba la charla de forma amena. Atónito me dejó cuando sacó a colación el nombre de Cuauhtémoc Blanco, un futbolista que le parecía excepcional. “Juega como argentino de los buenos: usa la cabeza y los pies al mismo tiempo”, decía.

Previamente un hincha de River Plate recalcó que el mejor jugador mexicano en su gusto era Cuauhtémoc Blanco, pero no explicó el porqué. A diferencia del seguidor millonario, Eduardo sí supo ahondar en su apreciación. Repasó en el acervo que guardaba en su memoria para instalarse en la Copa del Mundo Francia ’98, donde revivió con singular alegría el gol anotado por El Cuau a Bélgica.

Hubo más. La anotación frente a los belgas fue excusa para introducirse al momento que consideró épico y que pocos futbolistas se atreven a conseguir: disputar una Copa Libertadores, plantarse en Colombia, marcar tres goles, eliminar al América de Cali y dar la cara ante amenazas de los locales. ¡Se me enchinó la piel!

-Ojalá me equivoque, pero creo que no tendrán un jugador como él en muchos años. Y es que cracks como él aparecen cada 10 o 20 años.

-Eduardo, dime que hablas muy en serio.

-Por supuesto. Ustedes tienen dos hombres que nacieron para ser futbolistas, nacieron para ser grandes en el fútbol: Hugo Sánchez y Cuauhtémoc Blanco. La vida les dio talento y huevos, no a todos les toca la suerte en la repartición de dones.

Lo mismo que aplica con el oficio de organillero, Eduardo lo resaltó con un futbolista como Cuauhtémoc Blanco: “El día que deje de hacer lo que sabe, lo van a extrañar”.

Tiempo después envié a Eduardo un video con un gol que hizo Cuauhtémoc al Atlas. No volví a saber de Lalo, no supe si le llegó el correo electrónico. Eso sí, en algo tuvo razón y, en lo concerniente a las canchas, la nostalgia ha nacido con el adiós del Cuau.
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Cuauhtémoc, campeón bien grande.

Cuauhtémoc, campeón bien grande

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