De Uruguay al arco playense

La perversa dualidad de su posición no le concede un centímetro de indiferencia. Al tipo con guantes se le exige todo y no se le perdona nada. Cuenta con la obligación primaria de defender su arco, obligación que se convierte en demanda colectiva para atajar todo lo que le caiga; si el balón se ha incrustado en la red, sin importar de quien haya sido el error, él será el culpable. A veces el aplauso hacia su trabajo es más producto de una emoción que de reconocimiento a su labor. ¿Tan ingrato es ser portero?

A sus 22 años, el arquero uruguayo Juan Ignacio González Quiroga se ha consolidado como pieza clave del Inter Playa del Carmen, algo que no ha sido fácil. Recién se esfumó el sueño del ascenso en esta temporada tras caer en cuartos de final contra Cimarrones de Sonora (6-4 global), sin embargo el mérito de haber llegado a la fiesta grande de la Segunda División como líderes del Grupo 2 significa un logro para un equipo que se ha renovado y quiere dejar atrás torneos plagados de fracasos.

“Uru, uru”, le grita la afición en referencia a su país de origen. Un “Uru, uru” que comenzó el torneo con mentadas e insultos por haber cometido un oso garrafal en el primer partido costando una derrota, que ocurrió ni más ni menos que en el clásico quintanarroense contra Pioneros de Cancún. Un “Uru, uru” que poco a poco fue transformado el reclamo en halagos por sus buenas actuaciones a lo largo de los encuentros posteriores.

Juan Ignacio González Quiroga

Juan Ignacio González Quiroga

Que lo diga Juan Ignacio

EL: Charrúa de origen.

JIG: Charrúa. De Carmelo, Uruguay.

EL: ¿Cuánto llevas en México?

JIG: Cumplí 10 años de vivir acá. Sin ningún problema puedo decir que México es mi segunda casa.

EL: ¿Por qué dejar Uruguay?

JIG: Por motivos familiares. Con el ánimo de crecer y buscar otras oportunidades, nos mudamos primero a Estados Unidos, pero luego les ofrecieron un trabajo a mis padres en México y decidimos quedarnos por acá.

EL: Te fuiste chico, casi un adolescente.

JIG: Sí se extraña Uruguay, sí tengo nostalgia. Uruguay es un país pequeño, muy chico, con tres millones de habitantes. ¿Por qué lo digo? Porque recuerdo la tranquilidad, la calma que existe y, por supuesto, la infancia.

EL: Ya que fútbol es infancia, ¿eras hincha de quién?

JIG: Soy hincha de Nacional, pero de niño fui hincha de Peñarol… Hubo problemas entre mis padres y me hicieron cambiarme.

EL: Hagamos pausa aquí porque es asunto serio. Hablamos de identidad, del amor a la camiseta, y cambiar de Nacional a Peñarol es como pasar de River a Boca o de América a Guadalajara.

JIG: Sí, por exagerado que se escuche sí es cosa seria. Una gran diferencia entre México y Uruguay es que allá solamente se juega fútbol, por ende se habla todo el día de fútbol. Acá puedes encontrar basquetbol, béisbol, otros deportes. Allá es solamente fútbol o fútbol, no hay más. La elección de camiseta es un tema que pesa.

EL: Estabas con el cambio drástico en tus colores… Adelante.

JIG: Mis papás son separados y mi padrastro es hincha a morir de Nacional, así que siempre me llevaba a los partidos del equipo, a los estadios. Me fue metiendo el amor por Nacional, al mismo tiempo que a mí me agradaba su forma de apasionarse.

EL: Rompes con la máxima de que los colores se heredan con la sangre.

JIG: Sí, pobre de mi mamá.

EL: ¿De tu mamá?

JIG: ¡Es hincha de Peñarol a morir! Vaya, cuando mi hermano nació le compró de inmediato su camiseta, imagínate.

EL: ¡Eso no se le hace a una madre!

JIG: Jajajajaja, lo bueno es que ya pasó. Además ella me puso al hincha de Nacional, jajajaja.

EL: ¿Podemos hablar de tu papá?

JIG: Sí, sí. Me llevo bien con él, nos mantenemos en contacto. Simplemente entre mamá y él ya no había más. De hecho por él soy portero.

EL: Cuéntanos.

JIG: Me comentan que yo juego de portero desde los tres años. Mi papá era portero y dicen que cuando jugaba conmigo, él conducía el balón y yo me aventaba de manos para quitárselo, que no quería usar los pies.

EL: La camiseta no, pero la posición sí la heredaste.

JIG: Podría decirse que sí.

EL: ¿Una posición ingrata?

JIG: Sí, muy ingrata, para mí la peor en la cancha, pero si tuviera que volver a elegir posición escogería la portería. No sé cómo explicarlo, es como vivir en el extremo de ser visible por las responsabilidades que tienes e invisible cuando no intervienes. Lo terrible es el destino de que puedes estar dando el mejor partido de tu vida y un error de último minuto puede opacarlo por completo.

EL: El error es cruel con ustedes.

JIG: Sé que es parte del juego, no obstante cuesta asimilarlo. Es difícil aceptar un error, te marca por el hecho de la importancia que tiene el partido, porque influye en el resultado. Hay jugadas en las que, por ejemplo, cae el gol de forma circunstancial o producto de la falla de un defensa, sin embargo tú te quedas con la impotencia por no haberlo impedido, piensas que pudiste haberlo evitado pese a que no estuvo la pelota a tu alcance.

EL: Además no puedes parpadear ni por un segundo. Sea centro o tiro de larga distancia, la concentración debe ser incorruptible.

JIG: Tienes que estar demasiado concentrado. Es fundamental leer el partido, el trámite de las circunstancias y cada jugada. Se debe estar atento a movimientos y recorridos del rival y de los tuyos.

EL: Mucha presión.

JIG: Demasiada. Si un partido en sí genera nervios, para un portero es el doble. Creo que la presión baja cuando intervienes la primera vez, sientes confianza sabiendo que estás metido en el partido, cuando te convences de que si atajaste una puedes atajar otra más. Para el portero también es indispensable tocar el balón.

EL: Una salvada tuya puede servir como aliciente para todo el equipo.

JIG: Si el portero anda bien, el equipo cambia el chip. Es motivación para el resto. Bueno, depende del cómo se vaya desarrollando un partido o del cómo ande el plantel en lo anímico.

EL: Te he visto y eres de los que grita.

JIG: Me gusta hablar mucho, gritar. Soy de los que gustan de motivar y aplaudir al compañero en lugar de regañarlo, de darle una palmada en vez de criticarlo o culparlo. En el área hay que usar mucho la garganta.

EL: ¿Cómo es el panorama de un portero cuando el entrenador da la orden de aguantar el resultado, de tirar el camión atrás?

JIG: Es complicado, muy complicado porque se te mete mucha gente en el área. En un centro tienes a siete de los tuyos defendiendo y siete del contrario atacando, un mar de cuerpos. Todo se satura, juegas a resistir y aumentan las posibilidades de un error, de una desviada.

EL: Lo soñado para un arquero, ¿qué es?

JIG: Para mí es irme con el arco en cero. Haber terminado el partido sin recibir gol es gratificante porque habla de que cumpliste. Eso es en lo individual, ya en lo colectivo valoras que todo el equipo haya colaborado para no recibir gol.

EL: Por cierto, ¿cómo llegas a Playa del Carmen?

JIG: Llego al Inter Playa por medio de Venados de Mérida. Yo estaba en Leones Negros cuando me hablaron de Venados, así que me fui para Mérida, pero estando allá la directiva le dijo al técnico que le mandaban dos porteros de otros lados. Ya éramos cuatro arqueros, siendo yo el cuarto, por lo que me sugirieron mandarme de préstamo con Inter porque así sí iba a jugar. Llevo tres torneos por acá, es decir año y medio. Le agradezco al profe Juan Sierra, quien estaba al frente cuando llegué y me dio la oportunidad. Lo cesaron muy rápido, después de dos partidos.

EL: De atestiguar un cese exprés a estar en liguilla

JIG: La verdad es que el profe Jair Real vino a darle un giro total al Inter. Le ha metido otra chispa, le ha dado un impulso al equipo.

EL: ¿Cuál chispa?

JIG: Es muy motivador, le gusta ser efusivo, apasionado. Es alguien que habla mucho con nosotros, alguien que transmite muy claro sus ideas. También cuenta bastante que es partidario del fútbol dinámico, de que se toque la pelota, que circule.

EL: Imagino que eso te agrada.

JIG: Sí, mucho. El hecho de que fluya el balón es algo que agradeces como portero porque así no estás atado a resistir embates, además de que te permite participar en la construcción del juego como iniciador de una ofensiva tocando al compañero en lugar de reventar la pelota.

EL: Se suda a cántaros en la Segunda División.

JIG: En Uruguay se cree que la Segunda División es amateur, fucho de escuela. Pero nada que ver. Observemos cómo es aquí en México: intensa, exigente. Creo que es una gran vitrina tanto para jugar como para mostrarte y así tengas mayor oportunidad de ser visto para llegar a Primera. Como futbolista no puedes menospreciar una división de ascenso, basta con ver a Héctor Herrera, él salió de Segunda División y ahorita está en Europa.

EL: Existe la percepción de que el futbolista gana bien, y si es extranjero gana mejor.

JIG: No voy a mentir, gracias a dios en Inter Playa se trata con dignidad a los jugadores en lo económico y lo personal. El profe Jair consiguió que todos tengamos casa, lo que te da tranquilidad porque sabes que tienes un lugar donde dormir y el gasto ya no va de tu bolsillo. En cuanto a sueldos, el fútbol es cortés, pero es una carrera que dura 10 o 15 años, así que no se debe pensar en vivir únicamente de esto. Sobre lo de ser extranjero, al menos en mi caso, no implica que gane mejor.

EL: Bueno, contigo lo de extranjero sería entre comillas porque prácticamente también eres mexicano. A ver, si te dan a escoger selección, ¿con cuál te vas?

JIG: Con la que llegue primero, no me voy a dar el lujo de pedir tiempo para pensar.

EL: Ya que México es tu segunda casa, ¿qué tal el Síndrome del Jamaicón?

JIG: Uy, muchas veces te sientes solo y extrañas a la familia. Es arduo trabajar con aquello del apego y no bajonearte. Mi familia radica en Mérida pero, por muy cerca que esté, México es un país muy grande y en ocasiones todo queda lejos.

EL: A todo esto, ¿quién es tu ídolo?

JIG: En la vida, mi mamá. Es mi mayor figura, mi persona a seguir. Es un ejemplo de lucha.

EL: ¿Y en la cancha?

JIG: Iker Casillas. Es un modelo de lo que significa ser un portero en todo el plano profesional.

EL: Si te digo el nombre de Fernando Muslera.

JIG: Muslera no es de mi agrado. ¿Sabes quién? Fabián Carini. Lo tengo muy presente por el Mundial Corea-Japón 2002.

EL: ¡Fabián Carini!

JIG: Ya sé, hablo como si estuviera viejo.

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *