«¡Hasta luego Burrito!»

Las redes sociales informan, propagan y almacenan un sinfín de expresiones surgidas del luto. Ha sido el fallecimiento del futbolista argentino Emanuel Ortega el tema relevante en la materia, una noticia que ha sacudido al mundo del balompié. Clubes, jugadores de renombre, cracks, ídolos y periodistas se dieron a la tarea de manifestar su sentir en espacios como Twitter y Facebook, panoramas públicos donde abundan millones de aficionados, aficionados que les siguen y que se sumaron al lamento colectivo.

Como pólvora corrió el video que muestra la caída e impacto contra el muro que provocó la muerte de Ortega, un video que sirvió como punta de lanza para externar pesares. Más que la defunción en sí, la conmoción por el origen de la misma fue lo que despertó interés de empatía entre algunos usuarios pamboleros.

Posteriormente, luego de haber visto una y otra vez el video, muchos otros se tomaron la molestia de leer alguna nota para conocer un poco más del jugador que había llamado su atención por el trágico suceso. Fue entonces que supieron su edad, 21 años. Algo que cala y perturba todavía en nuestra sociedad es precisamente la muerte de jóvenes. Así, aficionados con tramo recorrido y aficionados de nueva generación comulgaron en trascender su propio sensacionalismo para ahondar en un dolor que rasca en la edad.

Fue hasta que alguien rescató y dio a conocer una publicación escrita por Ortega en su cuenta de Facebook, fechada en 2012, cuando afloró el rasgo humano que se oculta detrás de 140 caracteres o de una imagen compartida descrita con puros emoticones. El mensaje de Ortega transmitió más sobre quién y cómo fue, mostró a la persona que millones habían visto como noticia en un video. El dolor hacia Emanuel comenzó a ser más honesto, más sincero.

Pero, ¿cómo es el dolor estando cerca de lo ocurrido?

"¡Hasta luego Burrito!"

Amaba el fútbol

Gracias a la cooperación de un amigo argentino pudimos contactar a Seba, exintegrante de la Comisión directiva del club San Martín de Burzaco, equipo perteneciente a la Cuarta División y para el que jugaba Emanuel Ortega. Amable, Seba abre el corazón: «La verdad estamos viviendo un momento muy triste… El más triste de mi vida en el club».

-¿Cómo es el dolor colectivo?

-Es terrible. La categoría de mi club es una Cuarta División del fútbol argentino. Es un club muy humilde, de gente de trabajo que la pelea día a día para darle lo mejor a su club y a sus deportistas. Que ocurra esta tragedia, golpea muy fuerte. Nada va a ser igual. ¿Cómo seguir? Es la gran pregunta que se hace colectivamente la comisión del club. ¿Dónde sacar fuerzas después de esto que pasó? Yo no lo sé. Es muy duro el momento.

-¿Conociste a Emanuel?

-Sí, lo conocí. No en profundidad porque él llegó a nuestro club hace unos meses, pero fueron suficientes para hacerse querer. Tanto yo como la gente pudimos conocer a un gran futbolista y, ante todo, gran persona.

-¿Cómo lo recuerdas en la cancha?

-Como futbolista era un chico que amaba el fútbol, y así lo demostraba cada vez que le tocaba jugar.

-¿Y como persona?

-Para destacar, su sencillez y humildad. Lo hacían un grande como persona.

Las palabras de Seba corroboran la convicción y personalidad de Emanuel, plasmadas en sus palabras publicadas en 2012: «Cuando se me rompen los botines, no los cambio. Paso noches arreglándolo, pegándolo, para poder seguir jugando, porque es lo que amo».

En el contraste de la pena que embarga a quienes a partir de ahora lo extrañan, Ortega amó hasta el final. Pero su partida no es un adiós, y así lo hace sentir San Martín de Burzaco con un mensaje escrito en su cuenta de Facebook: «¡Hasta luego Burrito!».

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