Nuestro dueño

Se mete para levantar a los demás.

La mayor parte del tiempo se esconde. No por timidez. Es egoísta.

Se reserva únicamente para aquel momento en el que su exigente criterio, considera que la forma de llegar a él, ha sido lo suficientemente meritoria.

Se cotiza, ¡claro! Porque sabe que el 99% de los presentes están reunidos en el recinto sagrado para verle llegar.

¡Ahhh exquisito y todo! A veces también se enamora. Le apasionan los romances con aquellos que muestran los mejores dotes para conquistarlo.

Se hace odiar también por aquellos débiles que le dan acceso con frecuente facilidad. “Malagradecido. Nosotros te abrimos las puertas y así nos pagas”, le reclaman los susodichos.

Es abstracto. No siempre el más estético es el que más vale.

Su valor es incalculable. No hay una cifra cuantificable de cuantas almas alcanzaron la felicidad gracias a él.

Se le aprecia como una Maravilla de la Humanidad. Sin él, millones de sonrisas jamás se habrían dibujado. Tantas otras lágrimas nunca se hubiesen derramado.

Es belleza. Es magia. Es vida. Es puro sentimiento.

Es el Gol.

(Pensamiento dedicado al Gol)

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