Falla con exceso de exactitud

Más difícil que hacer un gol resulta no hacerlo por centímetros. Involuntariamente, claro, maravilla la precisión de esta falla, pues el espacio que ocupa, por ejemplo, un palo, es mínimo respecto al todo lo demás, a todo el resto, incluidos 17 metros cuadrados de gol. Y si dicho equívoco milimétrico se duplica en segundos, estamos ante el asombroso caso de un balón que exigió, contrariamente a lo que se piensa, menos exactitud para poder transformarse en anotación.

Primero fue Jovetić quien con la cabeza sacó un potente balón que fue a pegar justo en la base del poste izquierdo de Pepe Reina. Y apenas segundos después, tras centro de Biabiany, Miranda remató, también con la cabeza, a una zona donde los últimos centímetros de los dedos del portero alcanzaron a desviar el tiro, no hacia afuera ni hacia adentro, sino al otro poste, el derecho.

Más exactitud, imposible.

Fueron los instantes finales del Napoli 2, Inter 1, donde los locales se hicieron del liderato a costa de los visitantes, así, por centímetros.  

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