Primera clase

Camina Chicharito Hernández por el aeropuerto y, mientras lo graban en video, le comunica a una persona que sostiene un micrófono: “ya sabes que no doy entrevistas, compadre”.

Está muy bien que aclare una vez más lo que se sabe, que no da entrevistas, pero acaso correspondía escuchar la presumible réplica del presunto preguntón: “no importa, yo tampoco hago entrevistas”.

La intención era, en el más desinteresado de los casos, sacarle al jugador una frase, un saludo, una respuesta. En el más abyecto de los escenarios, obtener justamente lo que se dio, el rechazo, en video claro está, de parte del jugador.

Y así de fácil nació la “nota”. No resultaba interesante qué se le quería preguntar y mucho menos qué iba a responder, el objetivo apuntaba a la filmación de algo que produjera ruido, así fuera un instante.

Una vez que el video se volvió popular, o viral, como se dice ahora, comienza a gestarse el partido. En un lado de la cancha, las voces defensoras del reticente Chicharito. En el otro, el reproche porque “ya se le subió”. Entonces los bandos suben el tono, se mofan unos de otros, se insultan de orilla a orilla y se afirman como rivales perpetuos, siempre con la convicción de que, finalmente, alguno saldrá vencedor.

Mientras tanto, Chicharito ya volaba serenamente, en primera clase, hacia Alemania. 

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