La explicación de sus triunfos

Hay hombres que se dedican a ganar, o que nacen para ganar, o que están tocados por la varita mágica para ganar. También hay nombres que se dedican a eso, al triunfo, a levantar trofeos, a ser ganadores. Pienso en Zinedine Zidane.

Su carrera como entrenador se cuenta todavía en meses más que en años, y su lista de títulos ya es comparable con los mejores de nuestro tiempo. Entendemos, o debiéramos entender, que es un muy buen entrenador y magnífico estratega puesto que, para no ir tan lejos, hace unas horas consiguió un trofeo más, la Supercopa de Europa, pero él, en sí mismo, no parece ser ese técnico obsesivo que estudia rivales e inventa grandes estrategias. No, pareciera que gana porque es y se llama Zinedine Zidane.

Así era como jugador. Ganó la Copa del Mundo siendo él la figura en la final y ganó una Champions con un gol que lo elevó a la altura de los más grandes. Y claro que era un mago, un genio con el balón, pero aún así han existido jugadores que a pesar de tener todas las condiciones, los trofeos y los títulos les han dado la espalda. A Zidane, no.

Él declara siempre tranquilo, no compra pleitos declarativos, no pierde los estribos en la banca, grita apenas lo suficiente, no plantea alineaciones raras, no hace cambios ilógicos, mantiene un buen ambiente en su equipo y, ya en el triunfo, se ve contento y sereno, como si él supiera que sólo por ser Zinedine Zidane el resultado le favorecerá.

Qué difícil explicar sus triunfos, tantos, tan valiosos, tan merecidos y tan suyos. La explicación sería que nació tocado, o simplemente, que se llama Zinedine Zidane.

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