Derrota sabor nada

En el deporte, y en otras cuantas circunstancias, Estados Unidos tiene por costumbre ganar, cuando no arrollar. Pero no hoy, y menos en fútbol.

Su Selección de lo que llaman soccer fue derrotada 2-1 por la casi siempre dócil Trinidad y Tobago, y mezclado con resultados victoriosos de las menospreciadas Honduras y Panamá, han quedado excluidos de la Copa del Mundo de Rusia.

Los rostros gringos, una vez concluido el partido, no manifestaban tristeza. No. Era otra cosa. Evidenciaban gestos más parecidos a la extrañeza. Cabezas que volteaban hacia cualquier dirección en busca de una segunda o tercera confirmación de su fracaso. Miradas perdidas dentro de un deshabitado estadio que, por la misma soledad, tampoco les ratificaba lo ocurrido.

Dempsey, Bradley, Bruce Arena y compañía simplemente se dirigieron hacia el vestidor, con plena conciencia del fallo, pero con lágrimas mesuradas, sobrios abrazos de consolación, sin saber cómo actuar. No mostraron una pena aparatosa, como tampoco muestran peculiar júbilo cuando los triunfos acompañan. Su generación no conocía, en este juego, un descalabro tan precipitado, y así como en el partido, no supieron cómo conducirse, cómo reaccionar. A lo más, con entereza.

Es la falta de costumbre ante dos mundos que los norteamericanos no entienden, que les resultan ajenos: el fútbol y la derrota. Y ésta les supo a nada.

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