Hora del adiós

Nadie sabe por qué no falla un pase, el hecho es que no nació con esta condición universal de quien patea la pelota. Andrea Pirlo, desde que debutó el 21 de mayo de 1995, desempeñó el oficio de pasador con grado de excelencia. Habrá errado en toda su vida media docena de pases, o menos tal vez, nadie recuerda. Sí se sabe, por ejemplo, que en la Euro 2012 la tocó más que toda Inglaterra junta. Ese día lo remató con un panenkazo.

Sus pies, a simple vista, no revelan nada extraordinario que explique tanta exactitud. Tiene una pata como cualquiera, con dimensiones promedio y figura semejante, y sin embargo el balón jamás lo desobedece.

Debe ser la cabeza -no hay de otra- el centro original de ese talento, pero al día de hoy ninguna tomografía revela dónde habita la precisión con el balón. Envuelta en abundante pelambrera y barba espesa, esa mente resuelve laboriosas ecuaciones matemáticas en segundos, analiza tiempo, espacio, fuerza, peso, velocidad, freno, inercia, viento, superficie… todo para que la pelota llegue mansa y puntual a su destino.

El pasado 5 de noviembre 2017 Andrea Pirlo jugó los últimos cinco minutos de su carrera en el Yankee Stadium. Su equipo fue eliminado. Falló un pase. 

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