La piel de la memoria futbolera

Con hartazgo e inquietud, Paulina nos exige una explicación para que pueda comprender el porqué muchos futboleros tenemos el vicio de emocionarnos por ver repeticiones de partidos y Mundiales del pasado.
Entre risas, nos disponemos a responderle.
Su duda nos conmueve. Es una chica que intenta entender a su padre.
Don Manuel, como otros varios apasionados del balón, disfruta de ofrendar tiempo a revivir lo que le provoca entusiasmo en su convivencia consigo mismo: un gol, un ídolo, un penalti anotado.
Puede sentarse a ver nuevamente el pase de Pelé a Carlos Alberto en México ’70 y se confirma que la piel de la memoria todavía se enchina.
En nuestras respuestas o argumentos, Paulina calla.
Al observarnos y escucharnos intensos sin dañar a nadie, ella se marcha para postrarse en la puerta de la oficina de don Manuel.
Allí está ella parada sonriéndole a la espalda de su padre: un señor que se enoja porque Hristo Stoichkov nos perfora la portería en Estados Unidos ’94.
Paulina quiere abrazarlo, pero espera a que termine el juego. Disfruta a su viejo y lo deja ser.
Así es el fútbol.

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