Rusia es para bailar

Cansado de que me robara el suspiro decidí acercarme a ella con el idioma del fútbol.
Hablé de Pelé, Ronaldo, Cafú, Roberto Carlos.
Me equivoqué.
Le dio igual. No hubo reacción.
Derrotado en mi intento por saber siquiera su nombre, me di media vuelta al compás de una cumbia que empecé a tararear y bailar con la torpeza de mis dos pies izquierdos.
¡Ocurrió el milagro!
Bailamos toda la noche.
Ahora alguien hincha por Brasil en México, y alguien por México en Brasil.
No recurrimos al español y portugués para comunicarnos sino a la música y la Copa del Mundo para hacerlo.
Perdón, ¿ya les comenté que es la mujer más bella del mundo?

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