Nuestros días rusos

C

omo futbolero y mexicano, Rusia me ha obsequiado fantásticos instantes capturados en imágenes que disfruto charlar con mis amigos en estos días de Mundial.
Y es que me alegra ver paisanos rifándose en levantar a un aficionado egipcio en silla de ruedas para que grite a su Selección en pantalla gigante.
Me entusiasma saber que dicha escena fue retratada por un fotoperiodista de mi país como lo es Enrique Castro Sánchez.
Me enloquece clavarme en repetir el gol del Chucky Lozano para emocionarme con su singular irreverencia mezclada con talento.
Me gusta que colegas como Jesús y Eric vivan el sueño ruso.
Me encanta que mi valedora Ixchel esté abrazada por la vorágine empapándose de historias, datos, nombres.
Pero, como todos los días, llega el reposo donde aterrizo en la realidad sin balón.
Es entonces cuando administro mi pasión con relatos recolectados en pequeños pensamientos.
Tonto, ingenuo o pendejo si quieren, esos pensamientos los cuento al viento para que los haga llegar a mis difuntos, a mi ex, a la que extraño, a mis seres queridos.
Este día viajan hacia los oídos de padres e hijos que han sido separados por ser ilegales en Estados Unidos, especialmente a esos pequeños que han encerrado en jaulas tratándolos como criminales.
Tonto, ingenuo o pendejo si quieren, a manera de un fuerte abrazo.
Quisiera que el Mundial que disfruto también sea de ellos así como su pesadilla también es nuestra.
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