La fiesta es belga

Desde hace mucho no sentía empatía hacia un narrador forjado en Televisa como con Paco Villa en el partido Bélgica-Túnez.
Sus palabras y risas fueron de lo más genuinas y contagiosas debido al personaje que lo trajo activo frente al micrófono en el segundo tiempo, Michy Batshuayi. Yo carcajeaba junto a él porque entendí su asombro.
Hasta antes de su gol en el minuto 89, el belga desperdició de manera inverosímil cualquier cantidad de oportunidades frente a la portería africana.
«¡No puede ser con Batshuayi!», gritó Villa. Tuvo razón. Fue increíble tanta falla.
Contra Inglaterra, el delantero del Dortmund nos volvió a regalar otra escena para reírse: reventó el poste con festejo de gol ajeno y el balón le rebotó en la cara.
Así, el humor involuntario de Michy nos desvela dos grandes fortalezas de Bélgica en esta Copa del Mundo: alegría para jugar (son el alma de la fiesta) y peligrosidad para atacar.
Los belgas llegaron a Rusia para ser protagonistas en todos los sentidos.

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