Café turco para jugar

El mérito de las piernas croatas para pelear y resistir por 120 minutos su histórico pase a la final también incluye a Cüneyt Çakir.
Cierto, los árbitros no juegan, pero influyen.
Incorruptible a detener el tiempo por cualquier cosita, el turco pitó la semifinal del Mundial como si fuera de Champions League.
Quiso que corrieran el balón y los protagonistas sin dejarse intimidar por patadas que algún otro colega suyo hubiera sancionado incluso con tarjeta.
Neymar, por ejemplo, con él se hubiera comportado, y en una de esas hasta se ponía a jugar; las piernas que le faltaron, le sobraron a Croacia.
El silbante fue su mejor preparador físico.
Pese al cansancio acumulado de los balcánicos, los encarriló tanto que finiquitaron el partido sin irse a los penaltis.

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