10 años de fútbol y personas

Nos pusimos a platicar un día sobre fútbol. Comenté que para mí un partido iniciaba desde que salía de casa y viajaba en transporte público hasta que ingresaba al estadio. En ese lapso de tiempo, un sinfín de historias ocurrían a partir de lo más importante, las personas.

Recuerdo a aficionados de América y Pumas bajándose de un microbús para ayudar a empujar un auto que se quedó parado en la zona de hospitales en Tlalpan y obstruía el tránsito. Fue curioso verles unidos para que varios llegáramos sin prisas al Coloso.

En el tren ligero, una señora preparó tortas de pollo rostizado para su esposo y dos pequeños hijos sin importar el olor que se concentraba al interior del vagón. Los cuatro con playeras de Chivas. “No podemos gastar tanto allá adentro. Todo está bien caro”, decía la mujer. Una madre siempre encuentra soluciones.

También mencionar al despachador de gasolina que, orgulloso de cargar una bolsa con morralla, compró en los puestos de la explanada del Azteca una playera pirata de la Selección Mexicana, una bandera y un gorro para su hija. Pagó con puras monedas. No le había alcanzado para adquirir boletos.

Esa conversación tuvo lugar hace 10 años. Desde entonces escribo en este espacio. Sigo haciéndolo con plena atención a las personas y continúo como usuario del transporte público.

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