El grito de Melitón

Cuando el Tiburón perecía y el Puebla parecía el Barcelona de Guardiola, se escuchó el grito de Melitón.

El más solitario del campo, harto de sentirse bombardeado por los envalentonados pupilos de Meza, pegó tremenda mentada de madre contra la pasividad de sus compañeros después de amortiguar un zapatazo de Chumacero. Era el minuto 80 y no se veía el empate jarocho ni por asomo.

Pero las cuerdas vocales de Melitón sacudieron a sus compañeros, que de pronto despertaron. Luna y Esquivel surtieron al Polaco Menéndez, que lo dio vuelta en 120 segundos con su show aéreo. Dos cabezazos y a guardar.

Mientras, del otro lado, Melitón festejaba en silencio. Ya no era necesario gritar.

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