Vencido Marchesín

Les juro que no entiendo, no me explico, por qué no estuvo ni cerca de atajar alguno. Es que el porcentaje de penales detenidos, aquí y en China, contradice lo que vimos. Y no nos hagamos, el que le atajó a su colega de guantes Vázquez Mellado, no cuenta. Le pegó hasta mordido.
Al repaso, el ejecutado durante el partido anunciaba lo que se venía, una ola de viabilidad penalística efectiva. Ahí se venció antes y al lado opuesto.
En la tanda, uno, dos, tres… ¡nueve! Todos adentro con ilustre facilidad. Estuvo de ornato.
Cómo habrá sido la cosa que hasta recuerdo el nombre de los cobradores, se me fueron grabando porque volvían, tras el cobro, como aristócratas. Aparentaban científicos del cobro penal.
Primero Corrijo -así se se apellida- se encaminó pasito a pasito y engañó. Segundo Lacerda, zurdo, con una tranquilidad de aquellas tiró a donde el portero no estaba. El cuarto, qué les digo, Hachen lo metió sin impedimento, al medio, con zurdazo. Ilsinho repitió puntería en el quinto, el centro significaba gol seguro. ¿Y el sexto, qué creen? Brambila lo mismo, en medio de la portería porque el portero se vencía a cualquiera de los lados. Rodríguez en el séptimo fue leído, pero le metió potencia abajo y bastó. Frente a Elio Castro, octavo, ya ni se movió; habían sido tantos al centro de la red que cuando el portero se quedó quieto, le alteraron la maniobra. Mauro Fernández, compatriota, también lo engañó, tirito suave, pacífico y raso el noveno. Del décimo no hace falta hacer mucha memoria porque fue fotocopia del anterior, idéntico, una repetición; resaltó que lo cobró un niño, 17 años, con antigüedad profesional contada todavía en minutos. Fue el del triunfo.

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