Jugando en la cocina

C

ada vez faltan menos meses para la boda. Aparte de solicitar un préstamo al banco, le rascan de donde sea para pagarse ese lujo que ambos quieren darse. Es su sueño, dicen. Por eso han organizado esta venta de garage para los amigos y así apoyemos la causa.
Entre los artículos rematados están un futbolito y viejas playeras pamboleras en buen estado. Luis Antonio, hijo del plomero de sus confianzas, observa y toca los objetos con la genuina emoción de un niño de siete años al que le fascina el deporte más hermoso del mundo. Hoy acompaña a su papá en arreglar una falla del fregadero en la cocina.
Ella, la futura esposa, saca de su cartera un par de billetes para pagarle a él, su futuro marido, lo que Luis Antonio ha elegido como un regalo por parte de los novios. Contento, el niño corre a presumirle futbolito y tres camisetas a su padre.
-Es la única cancha que tendrá para jugar por ahora.
-¿Por qué?
Luis Antonio no controla sus esfínteres. Ha sido víctima de burlas y distanciamiento en sus entornos. Por fortuna, varias casas presentan imperfectos que requieren de su padre, a quien le llueve trabajo y así podrá continuar con las consultas que determinen la causa del problema.
“Gooooooool”, se escucha desde la cocina. Pinta para ser un partidazo.
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