Debut y despedida

Generalmente un futbolista se deprime cuando se retira, no cuando debuta. Por eso el caso del chaval que nace en esta ficción es atípico.

Le ha contado a su entrenador los motivos del desencanto, y el viejo lobo de las canchas, por increíble que parezca, no sabe cómo proceder con el jugador para levantarle el ánimo.

Nada consuela al muchacho, nada. Está herido, siente rabia también.

Ningún miembro de su familia tuvo la atención de aplaudir su ingreso al campo por estar distraídos tomándose selfies en las tribunas para presumir que “el gran momento ha llegado”, momento que no quedó registrado en sus móviles, mucho menos en sus redes sociales.

Figurar como invisible en Instagram, Twitter o Facebook es un crimen contra las emociones en la actualidad, sobre todo si semejante acto de barbarie proviene de los seres queridos.

En fin.

Al igual que su director técnico, tampoco tengo idea sobre qué hacer con él para sacarlo de ese penar. ¿Será que la mejor solución sea aplicarle la misma que su gente? Casi es cien por ciento seguro que pase inadvertido mi delito. Total, nunca existió.

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