Brasil político

Felipe Melo, veterano ex seleccionado brasileño hoy jugador de Palmeiras, el pasado 16 de septiembre festejó su gol a Bahía con dedicatoria a Jair Bolsonaro, candidato ultraderecha: “nuestro futuro presidente”.

Originario de las favelas de Río de Janeiro, el rudo futbolista declaró en 2015: “de no ser futbolista hubiese sido asesino”.

Melo se define evangélico, invoca la Biblia cada vez que puede y patea rivales cada vez que quiere. Se le ubica por ser especialmente violento en la cancha, más de 15 expulsiones en su carrera lo acreditan. “Bolsonaro regresará los valores familiares”, repite.

Pero le siguen estrellas más reconocidas. Rivaldo, campeón del mundo y hace lustros emblema del FC Barcelona también apoya al candidato etiquetado racista, homófobo y, en sus propias palabras, «a favor de la dictadura militar». Más famoso aún, Ronaldinho, un día antes de la primera vuelta electoral se expuso en Instagram portando la camiseta verdeamarelha con el número 17 que identifica a Bolsonaro en las papeletas de votación. Otro fue Cafú, capitán del pentacampeón mundial en Corea-Japón 2002. Y Lucas Moura, hoy en Tottenham, aseguró que es “el candidato ideal”. Otras dos figuras, Neymar y Gabriel Jesus, de Paris Saint-Germain y Manchester City, también lo apoyan. Todos afrodescendientes.

Uno de los pocos, quizá el único relevante que condenó públicamente a sus ex compañeros de Selección fue Juninho Pernambucano, blanco por cierto: “Me asqueo cuando veo a un jugador apoyando a la derecha. Venimos de abajo, somos pueblo. ¿Cómo vamos a estar de ese lado?”.

La libertad de expresión en Brasil está en su punto más alto, siempre y cuando se trate de apoyar al candidato mencionado. Futbolistas, exitosos o no, tienen voz cuando respaldan a Bolsonaro. La prensa los sigue, los cuida, los divulga.

Otro de pocos que critica a Bolsonaro es Paulo André, de Atlético Paranaense. En 2014 lideró un movimiento para construir una asociación de futbolistas. Era molesto para los medios y clubes. Las redes sociales lo destruyeron; “vete a Venezuela”, le decían. Y su club, Corinthians en ese momento, lo vendió al fútbol chino.

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