Pies sin cabeza

El despacho y la cancha van por su lado. No se ayudan. Al jefe de la oficina lo acapara la reestructuración del santuario blanco, mientras que abajo el jefe de la banca se queda solo, sin respuestas. La cabeza y los pies no concuerdan.
El 5-1 representa mucho más que una tarde bochornosa, es la consecuencia de un inicio turbio, maquillado por la euforia que arrastraba el tricampeonato de Champions.
Sus actitudes ya tienen consecuencias: no escuchó a Zidane y se fue, abrió las puertas para la salida del mejor goleador del mundo y, por si fuera poco, propició el abrupto despido de Julen Lopetegui como seleccionador español a dos días del Mundial de Rusia.
La repartición de culpas alcanza para todos, seguro, pero el responsable del desastre tiene nombre y apellido, y todos saben de quién se trata.

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