Una estrella roja en México

Vladimir Dimitrijević huyó de Yugoslavia a los 18 años de edad con una lesión de por medio, misma que le impidió ser futbolista profesional. Alejado de su tierra, de los suyos, emprendió una batalla para encontrarse, y el camino lo puso en la literatura.

El autor de La vida es un balón redondo definió entonces con una frase al hombre que, con su destreza en la cancha, le mostró que sobrevivir era factible: “mucho antes de que se convirtiera en un jugador célebre, sus piernas ya estaban cubiertas de un denso tejido de cicatrices”.

Se refería a Dragoslav Šekularac, antigua figura de Estrella Roja de Belgrado que después pasó por México para dirigir al América sin dejar legado alguno.

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