Marcelo y Carlos, los monstruos de la final

Un partido de fútbol también se juega sin balón.
Sin que ruede la de gajos, la búsqueda de la portería rival comienza desde una simple expresión que denote el deseo de acabar con el contrario.

Marcelo Gallardo y Carlos Tévez saben de eso. Sudan el orgullo que representan sus escudos aún sin la bocha pegada al cuerpo.

El Apache lo hace con una salvaje arenga sobre actitud hacia sus compañeros para recordarles que todavía falta dar batalla en el Monumental. Se anima y se atreve a hacerlo en público porque el mensaje contempla al jugador 12 de Boca, la hinchada.

El Muñeco se asoma al balcón de la concentración en Núñez con una enorme sonnrisa en su rostro. Saluda y alienta a hinchas de River para preservar la ilusión durante el duelo más importante para todos los del Millo.

Empatados se van en la ida con 2-2 en la pizarra y con sus monstruos echándose encima la responsabilidad de una historia todavía inconclusa.


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