Obcecación

Jugar al contragolpe tiene su chiste. Aunque no lo parezca, requiere de estrategia, de trabajo.
“La contra” podría ser percibida como un estilo cómodo, pero es mucho más que eso. “La contra” se prepara, requiere concentración, explosividad, sorpresa y pegada, si no, se convierte en un estilo comodino, nada efectivo.
Jugar al contragolpe no significa renunciar al balón, ni renunciar al gol. No se puede llamar contragolpe al uno contra tres, ¡jamás!
Cuando no dominas “la contra”, te dominan, y al final la culpa no es del árbitro, ni del VAR, ni de los jugadores.
La culpa recae en aquel que insiste en diagramar un parado táctico estéril, sin los elementos ideales para su perfecta ejecución, que brinda mayores ventajas al rival y que termina por minimizar lo bien obtenido hasta el momento.
Al final siempre resalta la obcecación.

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