Que sea el bueno para ‘Chuy’

El derrotado es un personaje atractivo para escribir su historia. A diferencia del vencedor, sus emociones son un misterio en la caída. Se le obliga a alzar la cara inmediatamente después de perder, como si no tuviera derecho al desconsuelo o la tristeza, al enojo o la frustración. Se desconoce a ciencia cierta qué siente en ese momento. Puede argumentarse que «mil cosas a la vez», sin embargo, una domina su ser en realidad. ¿Cuál? Depende de quien tropieza. Y es en el duelo de la victoria no obtenida donde surge su encanto.

Pienso en Jesús Corona, por ejemplo, un hombre que ha sido perseguido por el infortunio para cumplir mínimo los tres sueños primordiales que todo niño desea realizar cuando se convierte en futbolista profesional: debutar en Primera División, ser campeón de liga con su equipo y jugar una Copa del Mundo.

Se le niegan alzar el trofeo liguero y ser mundialista en el campo de juego. Lo peor para su causa es que se ha quedado en el «ya casi», «ya merito». Sentirse tan cerca y quedarse tan lejos, díganme si no, es una sensación lapidaria. Pero Chuy resiste; el portero se aferra a romper con ese esquema.

Cuando el eterno vencido gana, su historia vale doble porque también es gratificante para quien la escribe. No será en un Mundial sino en un torneo de la Liga MX donde Corona puede cumplirle otro sueño al niño que alguna vez fue. Ojalá 2019 sea el año de ese chamaco.

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