Macarena y Nahuel, nombres para aprenderse

A Macarena Sánchez le amenazaron de muerte.

La intimidación tiene lugar en un punto y momento medular para prestar atención al fútbol femenino. Ella solamente ha pedido la profesionalización del balompié femenil en Argentina, sin embargo, su postura le ha derivado en insultos, agresiones y advertencias hacia su persona.

Ella lleva 20 años como jugadora. Ha vivido y visto lo suficiente para exigir equidad en trato respecto a las ramas varoniles, lo que incluye formación, instalaciones y pago. Recientemente culminó su relación con UIA Urquiza, un club considerado «grande» en el fútbol femenino.

De posición delantera, Macarena ha sido campeona nacional con su equipo y fue fundamental para que la institución obtuviera renombre en un certamen tan importante como la Copa Libertadores. Fue despedida por teléfono, no recibió indemnización. Peor aún: no tenía sueldo. ¿Y eso? No se le extendió contrato porque ante AFA la mujer es considerada «amateur», no profesional.

Ahora es imagen y bandera de un movimiento que ha ventilado la misoginia en el deporte más bello del mundo. Y lo sabe. Tan tiene noción de lo que representa que ella misma se ha negado a aceptar ofertas del extranjero para luchar de pie junto a sus compañeras, no quiere huir cuando más la necesitan.

No está sola. Muchas chicas (futbolistas, periodistas, sociedad civil) le respaldan. De igual forma hay jugadores en activo que se han comunicado con Macarena para ofrecer solidaridad y estar al pendiente. Uno de ellos es Nahuel Guzmán, portero de Tigres.

Así, hoy día, Nahuel ofrenda su nombre para que se lea y escuche el de Macarena Sánchez. Según es arquero, pero Guzmán hizo un golazo: para qué atajar si tiene cualidades para ir al frente, para atacar.

Si la pelota cae del lado de la Liga MX, juguemos al frente, no tiremos el camión atrás.

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