¿Qué culpa tiene la madre?

Está que no lo calienta ni el sol. Ni de chiste lo refresca el agua fresca de la pileta, alberca pues. La derrota en casa frente a Newell’s Old Boys es lo de menos; su furia es hacia un jugador y no contra todo el equipo. Su ira se llama Ernesto, se apellida Farías y lo apodan Tecla.

[El partido estaba 1-1 cuando al Rojo se le presentó la oportunidad de un penalti. Desde que vio al Tecla cogiendo el balón para ejecutar el tiro montó en cólera: “Lo va a fallar. Mirá su postura, mirá la manera en que agarró la pelota. No, no lo quiero ver”. De reojo, dándole media espalda al televisor, Uli contempló lo que pronosticó: Farías falló de manera grosera el gol que pudo ser la ventaja. Acto seguido Ignacio Scocco convirtió por la Lepra. Para rematar, Pablo Pérez marcó el tercero y definitivo para Newell’s a ocho minutos del final]

Alterado, tal cual energúmeno, Uli opta por instalarse en un rincón apartado del jardín. Pide no ser molestado porque necesita tiempo y espacio para reflexionar sobre el yerro del Tecla. Pensativo y cabizbajo camina tratando de encontrar una respuesta en el pasto con lodo, pasto que es pateado por impulso, además de recibir insolencias dirigidas a Farías: “Pelotudo de mierda, la puta que lo parió. El mundo es una mierda”. Intenta serenarse con un cigarro, con muchos más, es imposible. ¡Tan imposible que prolonga dos días su malestar!

Dos días después del daño provocado por Farías, dos días después de haber fijado distancia emocional con su entorno como consecuencia de un penalti desperdiciado, dos días después de parecer un hombre urgido por usar camisa de fuerza, Uli le dice al huésped mexicano que ya pasó, que fue la calentura del momento, que llegó la hora de disfrutar un buen asado.

-¿Escribirás acerca de mi enojo?

-Si me lo permites, sí.

-Claro que sí. Pero por favor, viejo, escribí que intenté decirlo como lo dirían en México.

Golpea la mesa para que quede claro que es un hincha de Independiente apasionado e intenso, muy afectado por ahora, y que solicita una clase rápida sobre el léxico lépero azteca para darle variedad a su malestar con Farías.

-Farías, ¡vas y chingas a tu madre! Hijo de toda tu…

-Ándale, así. Vas bien.

-Oye, como que ustedes se meten demasiado con la madre. ¿Qué culpa tiene ella? No me quiero imaginar lo que dirán cuando el equipo pierde.

*Buenos Aires, Argentina 2013.

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