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	<title>ELBUENFÚTBOL* &#187; El balón tiene letras</title>
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	<description>Periodismo de Fútbol</description>
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		<title>Cuando puedan conozcan a Sada</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 18:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El balón tiene letras]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Sada]]></category>

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		<description><![CDATA[No todos los días los futboleros vivimos en un estadio o pegados a un televisor. Tampoco nos la pasamos de comida en comida para presumirnos logros indignos de reconocimiento. Cierto, nos apasiona el balón, pero también nos fascinan otros placeres de la vida y uno de ellos es la lectura. No somos cultos ni intelectuales. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/11/2011.11.22-sada.jpg" alt="Daniel Sada" title="Daniel Sada" width="403" height="302" class="alignright size-full wp-image-22754" />No todos los días los futboleros vivimos en un estadio o pegados a un televisor. Tampoco nos la pasamos de comida en comida para presumirnos logros indignos de reconocimiento. Cierto, nos apasiona el balón, pero también nos fascinan otros placeres de la vida y uno de ellos es la lectura.</p>
<p>No somos cultos ni intelectuales. Simplemente somos unos entes inquietos por conocer de otras cosas; algunos por su deseo de saber, otros por su terquedad de distraerse. Pero hay autores, escritores que nos atrapan por igual debido a la forma de contarnos el mundo que ellos sienten, viven y conciben; un mundo que ya quisiéramos plasmar en unas letras de fútbol. </p>
<p>Uno de esos escritores es Daniel Sada. Lamentablemente su talento ya no nos acompañará en el aspecto físico, pues falleció el pasado 19 de noviembre. Sin embargo su genialidad, inscrita en obras que a algunos nos han endulzado la vida, perdurará. Víctima de una insuficiencia renal terminal, el escritor, originario de Mexicali, partió dejándonos un legado amplio en lenguaje y maestro en narrativa.</p>
<p>¿Qué tiene que ver Sada con el fútbol? Nada. Pero a la vez mucho. Si aprendiéramos que no todo son números y compra de playeras podríamos alcanzar a presenciar que el fútbol arroja un sinfín de vidas, de historias que no pueden ni deben ser ajenas a un deporte donde convergen seres marcados por diversas circunstancias que terminan unidos en el grito de un gol. Y para este efecto qué mejor que leer a Sada, al hombre que convirtió al desierto en un bosque, tal como lo describió Juan Villoro.</p>
<p>Seguimos quedando huérfanos de talentos. No por ello debemos pagarles con olvido. Si pueden y tienen tiempo háganse acompañar de Sada por un momento. Donde quiera que esté, mi agradecimiento a ese escritor que por azares del destino puso en mis manos uno de sus cuentos, <em>El aprovechado</em>, texto que de alguna u otra manera ha servido de influencia para los relatos que de vez en cuando escribe su servidor.
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		<title>Relato del ídolo de barro</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2011 20:44:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El balón tiene letras]]></category>
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		<description><![CDATA[No ocurrió ningún asalto. Periódicos, televisoras y radiodifusoras locales acordaron no decir la verdad sobre lo sucedido. Sabían que de hacerlo, y si aquél vivía para contarlo, perderían a la gallina de los huevos de oro. Manejaron que fue un robo con lujo de violencia y el ídolo había recibido dos piquetes por puro coraje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/10/2011.10.16-calledenoche.jpg" alt="Relato del idolo de barro" title="Relato del idolo de barro" width="448" height="298" class="alignright size-full wp-image-22436" />No ocurrió ningún asalto. Periódicos, televisoras y radiodifusoras locales acordaron no decir la verdad sobre lo sucedido. Sabían que de hacerlo, y si aquél vivía para contarlo, perderían a la gallina de los huevos de oro. Manejaron que fue un robo con lujo de violencia y el ídolo había recibido dos piquetes por puro coraje de los asaltantes, de “unos desgraciados que merecen lo peor”, según algunos diarios.</p>
<p>En ese momento, como nunca, había que proteger al ídolo. El <em>Toro </em>Manríquez era el jugador sensación. Consolidado como titular indiscutible y goleador implacable con el equipo del estado, el hombre se convirtió en una deidad. De forma unánime, aficionados del equipo, así como de otros clubes, lo consideraban el mejor futbolista mexicano. Recién se había ganado la convocatoria a la Selección Nacional y era la esperanza de millones. </p>
<p>Mujeres no le faltaban; un sinfín de faldas y prendas íntimas cayeron por obra y gracia de sus manos santas. Los niños soñaban con ser como él cuando crecieran, en el peor de los casos aspiraban a un autógrafo. Sin embargo, el <em>Toro </em>Manríquez también jugó sus propias cartas para aumentar todavía más su popularidad.</p>
<p>Por debajo de la mesa compró a la prensa. Por sugerencia de su representante entregaba buena cantidad de billetes para que ningún medio hablara mal de su persona. Por el contrario, hasta repartía obsequios costosos para que enaltecieran sus virtudes no sólo como jugador, sino como ser humano. Para eso recurrió al teatro de visitar asilos, orfanatos y comunidades con altos índices de marginación. Regalaba despensas, aparatos ortopédicos y materiales para construcción. Claro, esos regalos implicaban una exigencia al club: “Nos conviene a todos que me tengan en un pedestal. Así que páguenme más”. Y el club, nada tonto, accedía.</p>
<p>Pero para Manríquez aquellos ancianos, niños sin padres y pobres campesinos en realidad le parecían “la mierda de la población”. Así se los decía a reporteros, también beneficiados por su cartera, en las noches de tragos después de los partidos. “Esa pinche gente nomás ridiculiza al país. Si no pueden vivir bien, ¿para qué vinieron al mundo?”. No obstante todos debían callar. Y por supuesto lo hacían, pues se les pagaba y muy bien.</p>
<p>Sin embargo, Manríquez no contaba con lo que le pasaría esa noche del supuesto asalto. Luego de visitar al médico y recibir la noticia de que tenía una enfermedad venérea se dirigió a la colonia aquella donde abundan las “güilas”. Apenas se topó con <em>La Alacrana</em> y se le fue a los golpes. “¡Hija de perra! Por tu culpa mi verga está deshecha”, le gritaba mientras la pateaba. Aunque el médico le precisó que su mal podía curarse con tratamiento (pomadas), Manríquez creyó que su miembro viril le sería inservible de por vida.</p>
<p>A punto estaba de darle una patada a la ya molida <em>Alacrana </em>cuando apareció <em>El Caimán</em>, padrote y primo lejano de la agraviada. Con un puñetazo seco a la nariz tumbó al <em>Toro</em>. Lo reconoció, pero no le importaba que fuera el ídolo de ídolos, tenía que cuidar su negocio. “Así seas el Papa me vale madre. Aquí no vas a venir a hacer mamadas”, le sentenció el <em>Caimán</em>.</p>
<p>Con harta sangre en su rostro, producto de una nariz partida en cuatro, Manríquez se incorporó e intentó sacar una pistola que traía en la parte trasera del pantalón. Ni tiempo le dio el <em>Caimán</em>; dos puñaladas con un fierro oxidado encajaron en su vientre. El <em>Caimán </em>cargó a su representada y huyó del lugar. Los gritos de auxilio del <em>Toro </em>fueron en vano, ni un alma cerca del lugar.</p>
<p>Como pudo, tambaleándose en cada paso, Manríquez llegó al área de Urgencias de la clínica más cercana, un hospital con apariencia de tugurio ubicado a 10 cuadras. Al ingresar, enfermeras y personal lo reconocieron, así que de inmediato lo atendieron. El hombre ya parecía cadáver.</p>
<p>Al percatarse de sus pertenencias (pistola, dos grapas de cocaína, una liga y una jeringa), médicos discutieron entre ellos qué hacer. Optaron por lo inmediato: llamar a la policía. Por su parte, un elemento de la policía dio el pitazo a los medios, quienes de inmediato decidieron que la noticia sería la siguiente: “El Toro, víctima de la delincuencia”.</p>
<p>Un día después, por la mañana, el <em>Toro </em>fue trasladado a un hospital de mayor nivel. Compañeros, reporteros y aficionados se dieron cita en el lugar para alentar al ídolo. Muchos de sus devotos donaron sangre. Entre ellos, y sin que el <em>Toro </em>ni nadie lo supiera, un niño. Ansioso por colaborar para salvarlo, el chamaco —rechazado por el hospital como donante por obvias razones— creyó que cortándose las venas saldría sangre suficiente para salvar a su ídolo. La cubeta que utilizó como recipiente efectivamente se llenó del líquido rojo, pero él quedó inerte, sin vida, a un costado de la cubeta. Ese niño era mi hijo. </p>
<p>Tuvo que morir mi angelito para que yo pueda decir la verdad. Pertenezco a uno de los comprados por Manríquez. Soy uno de los tantos que bebió y se drogó con él antes y después de cada partido. También formo parte de esos beneficiados con orgías. Mi vida ya no tiene sentido y por eso he escrito todo lo anterior.</p>
<p>Antes de partir, entregué a un amigo todas las evidencias (fotos, grabaciones, videos y documentos) que desenmascaran a ese ídolo de barro. En unos momentos se dará la información y la proporcionarán esos medios a los que no pudo comprar. Aunque no lo crean todavía hay gente leal a sus convicciones y a su profesión. No falta mucho para que se descubra la verdad. </p>
<p>Si el <em>Toro </em>no se muere por las puñaladas lo hará cuando se enteré de que su verdad salió a la luz. ¿Quién lo iba a decir? Juntos crecimos con su éxito y juntos nos iremos en su derrumbe.</p>
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		<title>Historias del barrio</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 02:15:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se cumplen 30 años sin el “Pedestal”. Este año se conmemora otro aniversario luctuoso de Arnulfo Garrido. Toda una leyenda en el barrio, Arnulfo era el ídolo del Atlético Tlalpan. Fue el primero y el único en estar cerca de la primera división, pero las balas se encargaron de impedírselo. Su nombre sigue escuchándose en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/07/2011.07.03-historiasdelbarrio.jpg" alt="Historias del barrio" title="Historias del barrio" width="361" height="416" class="alignright size-full wp-image-21823" />Se cumplen 30 años sin el “Pedestal”. Este año se conmemora otro aniversario luctuoso de Arnulfo Garrido. Toda una leyenda en el barrio, Arnulfo era el ídolo del Atlético Tlalpan. Fue el primero y el único en estar cerca de la primera división, pero las balas se encargaron de impedírselo. </p>
<p>Su nombre sigue escuchándose en el barrio. En ocasiones se pronuncia con voz entrecortada, pues a los viejos aún les duele su tragedia. “Era un jugadorazo. Lástima que era muy torpe para confiar en la gente”, dice Don Pepe, el barrendero. Don Lucho, eterno dueño de la única farmacia sin clientela, lo recuerda como “un tipo que pensaba en la cancha, pero fuera de ella el cerebro no le servía”.</p>
<p>El “Pedestal” estaba en la cúspide del Atlético. Logró la hazaña de meter 52 goles en una temporada y eso le valió ser visto por equipos de primera. Se arregló con un club capitalino para formar parte de sus suplentes; las fuerzas básicas no eran para él. A una semana de presentarse con su nuevo equipo, el barrio le organizó una fiesta para agradecer todo lo hecho con el Atlético y para desearle suerte en su futura aventura. En esa misma fiesta firmó su sentencia de muerte.</p>
<p>Uno de sus mejores amigos era el “Monstro”, un tipo que no tenía nada de futbolista y si de paria. Conocido por su alcoholismo, drogadicción y vida delincuencial, el “Monstro” creció con Arnulfo desde que se conocieron en la primaria. En la fiesta le propuso ir a celebrar a Puerto Vallarta.</p>
<p>Al día siguiente partieron supuestamente a Puerto Vallarta en el coche del “Monstro”. El auto nunca pasó por Puerto Vallarta y terminó en Tamaulipas con dos cadáveres. Toda la estructura del vehículo fue destruida por balas. En los periódicos se publicó una nota sobre la muerte de dos narcotraficantes a manos de federales. El texto especifica que las víctimas habían iniciado el fuego cruzado al impedir una inspección de rutina. </p>
<p>En las llantas del carro se encontraron paquetes de marihuana y cocaína. Investigaciones posteriores señalaron que el “Monstro” era un narcomenudista de bajo perfil, encargado de transportar estupefacientes a la frontera del país. Asimismo, un informe policial especificó que el acompañante del conductor estaba desarmado y en ningún momento atentó contra los federales. Arnulfo, el “Pedestal”, falleció a consecuencia de 20 impactos de bala y contaba con 15 años de edad.</p>
<p>Años después, Lucy, hermana de Arnulfo, platicó lo que pasó horas después de la fiesta. “Mi hermano llegó feliz porque se iba ir a Puerto Vallarta. Preparó una maleta como si fuera a irse de vacaciones por un mes. Nos dijo que el <em>Monstro </em>lo había invitado y que le pagaría todo. Pero nos dijo que primero pasarían a Tamaulipas porque el <em>Monstro </em>quería ver a un querer. Mi hermano, que todo creía, pensó que eso era verdad.  Siempre le dijimos que el <em>Monstro </em>no era buena compañía, pero Arnulfo lo defendía y decía que era buena persona, que todo lo que se hablaba sobre él era mentira. Se despidió diciéndonos que llegaría muy quemado por el sol”. </p>
<p>Han pasado 30 años y lo único que queda del Atlético Tlalpan son historias. Arnulfo “el Pedestal” Garrido es una de ellas.</p>
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		<title>El día que la literatura perdió por goleada</title>
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		<pubDate>Mon, 02 May 2011 18:54:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Fútbol Argentino]]></category>
		<category><![CDATA[Vélez Sársfield]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre retrasó el mito; recién a los 99 años, y después de casi un lustro de ostracismo en el que no salió de su casa, Ernesto Sabato se murió. Fue, coincidentemente, el mismo día que Estudiantes, su equipo, sucumbió de local ante Vélez. Sabato ni sospechó del 0-4, pero los diarios argentinos se encargaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/05/2011.05.02-Ernesto-Sábato.jpg" alt="" title="2011.05.02 Ernesto Sábato" width="356" height="268" class="alignright size-full wp-image-21298" />El hombre retrasó el mito; recién a los 99 años, y después de casi un lustro de ostracismo en el que no salió de su casa, Ernesto Sabato se murió. Fue, coincidentemente, el mismo día que Estudiantes, su equipo, sucumbió de local ante Vélez. Sabato ni sospechó del 0-4, pero los diarios argentinos se encargaron de ligar los duelos. Murió el escritor y, con él, un poquito también Estudiantes.</p>
<p>En las antípodas de la pose intelectual sobre el desprecio al fútbol, Don Ernesto –está bien eso de Don- no disimulaba su pasión por el último campeón argentino.  Vivía “de pensar”, como lo definía su hijo Mario, de chico, cuando le consultaban acerca de la actividad de su padre. Pero fuera del ámbito intelectual, en buena parte Estudiantes le ganaba los sentidos </p>
<p>Era hincha desde las épocas más tempranas del profesionalismo; de esos tiempos, recitaba como poesía la formación del equipo de la década del 30´bautizado como “Los Profesores”, cuya delantera la integraban Lauri, Scopelli, Zozaya, Nolo Ferreira y Guaita. </p>
<p>Sin embargo, su mayor ídolo fue Ricardo Infante, segundo goleador de la historia de Estudiantes. Más allá de las estadísticas, quizás lo que le despertaba verdadera admiración de aquel delantero de los 40 era su espíritu creativo. Infante fue el autor intelectual  y primera ensayista de la rabona. Fantasía pura. A propósito, el escritor que desde niño se mezcló en los potreros señaló en 1994: “¿Ustedes se creen que soy un tipo metido en una biblioteca? En un deporte tan rápido como el fútbol se necesita mucha inspiración; se cree que el futbolista es un bruto y no es así. Se necesita imaginación, poder de concentración y, sobre todo, creatividad”.</p>
<p>El hincha más famoso de Estudiantes fue homenajeado en 2005, cuando el club de La Plata cumplió 100 años, apenas siete más de los que por entonces tenía él. Aquel día, Sabato tuvo mucho más que el reconocimiento de sus lectores; lo ovacionó, enteramente, una hinchada de fútbol.  </p>
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		<title>Dragoslav Sekularac según Vladimir</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Mar 2011 18:40:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El balón tiene letras]]></category>
		<category><![CDATA[Historias vivas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Dragoslav Sekularac]]></category>
		<category><![CDATA[Estrella Roja de Belgrado]]></category>
		<category><![CDATA[Vladimir Dimitrijevic]]></category>

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		<description><![CDATA[“Esa ilusión que era real, porque era alegría”, Vladimir Dimitrijevic en La vida es un balón redondo ¿Sekularac? Sí, ese mismo que en 2010 revelara que Olympique de Marsella intentó sobornar al portero Stevan Stojanovic el 29 de mayo de 1991 para que se dejara vencer en la tanda de penaltis que definiría al nuevo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/03/dimitrijevic1.jpg" alt="Dragoslav Sekularac según Vladimir" title="Dragoslav Sekularac según Vladimir" width="396" height="528" class="alignright size-full wp-image-21043" />“Esa ilusión que era real, porque era alegría”, <strong>Vladimir Dimitrijevic</strong> en <strong><em>La vida es un balón redondo</em></strong></p>
<p>¿Sekularac? Sí, ese mismo que en 2010 revelara que Olympique de Marsella intentó sobornar al portero Stevan Stojanovic el 29 de mayo de 1991 para que se dejara vencer en la tanda de penaltis que definiría al nuevo campeón de Europa. Stojanovic se negó a su ofrecimiento por una poderosísima razón: amaba a su equipo y a su país, la extinta Yugoslavia. Ese día Estrella Roja le dio la gloria a Yugoslavia. </p>
<p>¿Les suena el nombre de Dragoslav Sekularac? Sí, el mismo que alguna vez dirigiera al América allá a inicios de 1990. Su paso efímero por nuestro país es digno de olvido, sin embargo sería ingrato pagarle con esa moneda a un hombre que le dio sentido a la vida de un joven víctima de los estragos de la guerra hoy convertido en un gran escritor.</p>
<p>¿Han oído hablar de Vladimir Dimitrijevic? ¿No? A raíz de la Segunda Guerra Mundial se exilió en Suiza, donde desempeñó labores de jardinero y vigilante. Pero su gusto por la literatura lo llevó a trabajar de librero, oficio y pauta para posteriormente convertirse en editor. En 1966 fundó su propia editorial, una de las más importantes en el viejo continente, <em>L&#8217;Age d&#8217;homme</em>. </p>
<p>¿Qué relación tienen Sekularac y Dimitrijevic? En 2005, el escritor publicó <em>La vida es un balón redondo</em>, compilación de anécdotas y experiencias dedicadas al balón que nos adentra en el ambiente bélico, de la pobreza y la miseria, donde el único sueño posible y sin restricciones era el fútbol. El autor nos detalla los estragos de jugar con pedazos de yeso al amparo de las ruinas: “…marcas grises de carbón y luego hematomas rojos y redondos”.</p>
<p>Pasados los entrenamientos basados en latas de conservas a ras de la tragedia, Dimitrijevic por fin tuvo un balón en los pies. Pateándolo con “zapatos azarosos e imprevisibles” encontró en otros jóvenes el mismo anhelo: jugar. Con aquellas zapatillas “que se rellenaban con papel periódico para llenar el vacío” soñaban con driblar, gambetear; anotar.</p>
<p>Pero fue en el patio de su escuela donde encontró el sentido del fútbol. En un partido de chamacos vio llegar a un joven menor que él y que de inmediato se puso a jugar con los demás. “¡Y fue el milagro lo que encarnó ante nuestros ojos!”, expresa Dimitrijevic para referirse a un hombre que vaticinó como futura estrella del balompié yugoslavo, Dragoslav Sekularac.</p>
<p>Tras verlo jugar, Dimitrijevic comprendió que el futbol es más que un gol, es la vida misma. En su elaboración, jugadas, está el avance hacia un mundo esperanzador, donde en cada movimiento se desparrama el pasado y el dolor. Pasaron los años y Dimitrijevic atinó en su pronóstico: Sekularac fue figura del Estrella Roja de Belgrado por más de 10 años. </p>
<p>Con el paso del tiempo, Dimitrijevic huyó de Yugoslavia a los 18 años con una lesión de por medio, misma que lo orilló a tomar una decisión: olvidarse de ser jugador profesional. Alejado de su tierra, de los suyos, emprendió una batalla para encontrarse y el camino lo puso en la literatura. Ya instalado en el siglo XXI, el escritor recuerda a quien le hizo ver que el futbol es más que un balón: “mucho antes de que se convirtiera en un jugador célebre, sus piernas ya estaban lisiadas, cubiertas de un denso tejido de cicatrices”; Dragoslav Sekularac.
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		<title>Relato del fútbol y la lluvia</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Dec 2010 02:15:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llegó el tipo muy cansado a su casa. Las luces estaban apagadas, todos se habían ido a dormir. Se dirigió a la cocina para servirse un vaso de leche, mismo que no se terminó porque le supo agria. Regresó a la sala y se dejó caer sobre el sillón. Meciéndose los cabellos sintió el impulso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2010/01/2010.12.09-lluvia.jpg" alt="" title="lluvia" width="345" height="229" class="alignright size-full wp-image-20445" />Llegó el tipo muy cansado a su casa. Las luces estaban apagadas, todos se habían ido a dormir. Se dirigió a la cocina para servirse un vaso de leche, mismo que no se terminó porque le supo agria. Regresó a la sala y se dejó caer sobre el sillón. Meciéndose los cabellos sintió el impulso de llorar, pero detuvo las lágrimas cuando escuchó a su pequeña hija decirle “papá, no puedo dormir. Cuéntame un cuento”.</p>
<p>El tipo encendió la lámpara que está sobre una pequeña mesa decorada con un portarretratos que permite ver la fotografía familiar. Afuera comenzó a llover de una forma espantosa: los truenos y el aguacero expresaban la furia de la naturaleza. La nena dijo que tenía miedo y su padre la sentó en sus piernas. “Papá, la lluvia me asusta. ¿Por qué nos da tanto miedo?”. Él sólo atinó a responderle que no sabemos mojarnos con ella. “Hija, lo que pasa es que no la valoramos. Hay niños que caminan con ella y han aprendido a hacerla su compañera”. La pequeña no entendía las palabras de su padre y le preguntó cuáles niños. “Bueno, pues los nicaragüenses, salvadoreños, argentinos, paraguayos”. La niña se quedó dormida; no alcanzó a escuchar la moraleja del pequeño cuento sobre las dictaduras, que comparado con nuestra lluvia: nos espantamos por nada.</p>
<p>El tipo recostó a su pequeña hija en el sillón y la cobijó con su saco. Se dirigió a la ventana y al ver la lluvia caer rompió en llanto. Silencio sepulcral para no despertar a la criatura. Quería que no llegara el día de mañana, que la pesadilla terminara lo más pronto posible. Después de tantos años de ejercer su profesión ahora se arrepentía; se lamentaba de ser médico. No porque fuera mal cirujano o mala persona, sino porque por primera vez tendría que decirle a unos niños que su padre había muerto. </p>
<p>De entre todos los casos que había tratado, jamás se imaginó la responsabilidad que caería sobre él: salvarle la vida al <em>Cañón</em> Gonzaga, el máximo ídolo del fútbol en la liga local y la figura en su país; que además contaba con la particularidad de ser padre soltero: quedó viudo cuando nació el tercero y último de sus hijos. Cuando le informaron el caso ─y sabiendo que él era el único especialista para atender una emergencia así─ sintió que el cielo se le caía encima. </p>
<p>Siempre fue considerado uno de los hombres más importantes dentro de la medicina, y así fue porque nunca estuvo sujeto a tanta presión. Medios de comunicación, aficionados, jugadores y familiares del <em>Cañón</em> Gonzaga tenían todas las miradas puestas en él, con la fe de que mantuviera vivo al futbolista. Hizo todo lo posible por salvarlo, pero al final la muerte fue más poderosa que la ciencia. A petición de sus colegas, él sería el encargado de darle la noticia a los tres hijos de Gonzaga. </p>
<p>Y llegó el día. Seguía lloviendo a cántaros y el tipo entró al hospital sumamente empapado: había caminado debajo del aguacero por más de dos horas. Hizo caso omiso a la prensa y se dirigió al vestíbulo donde estaban los tres niños esperándolo. “Niños, ¿le tienen miedo a la lluvia?”. Las criaturas le respondieron que no. “Bueno, entonces los invito a que demos una vuelta y nos mojemos”. Los niños aceptaron. </p>
<p>Nadie sabe cómo o qué les haya dicho, pero los niños regresaron contentos al hospital. “Lo bueno es que el sol ya salió”, dijo el mayor de los chamacos a sus dos pequeños hermanos. El tipo se encerró en su oficina y le habló a su hija para decirle que ya no tuviera miedo, que la lluvia había desaparecido. En la radio dieron la noticia: “el chileno Gonzaga ya brilla como un astro en el mejor de los lugares”.</p>
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		<title>Presentación de &#8220;Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Oct 2010 08:27:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jairo Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sábado 23 de octubre, fonda Mamá Conchita de la colonia Roma. ¿Qué sucedía ahí? La presentación del libro Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo, escrito por el Doctor en Sociología Arturo Santamaría Gómez. No es raro que un libro sea presentado en sociedad, lo raro es que dos sujetos futboleros sin ningún antecedente en ese tipo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2010/10/2010.10.29-presentacionlibro1.jpg" alt="Presentación del &quot;Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo&quot;" title="Presentación del &quot;Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo&quot;" width="320" height="1200" class="alignright size-full wp-image-19981" />Sábado 23 de octubre, fonda Mamá Conchita de la colonia Roma. ¿Qué sucedía ahí? La presentación del libro <em>Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo</em>, escrito por el Doctor en Sociología Arturo Santamaría Gómez.</p>
<p>No es raro que un libro sea presentado en sociedad, lo raro es que dos sujetos futboleros sin ningún antecedente en ese tipo de eventos se sienten, junto al autor, a la mesa principal.</p>
<p>&#8220;Pues ahí vamos&#8221;, pensé mientras repasaba en mi mente todo el tema que había elaborado en distintos momentos a lo largo de la semana previa, a veces mientras caminaba, otras mientras iba en un taxi, y otras antes de ir a dormir. Claro, es mucho más fácil llevar un texto preparado y darle lectura, pero mi experiencia en decenas de presentaciones -siempre como público- me decía eso aburre a todos.</p>
<p>&#8220;Buenas tardes, bienvenidos todos y todas, antes que nada agradezco al Doctor por habernos invitado, no sé si merecidamente, pero en verdad es un honor estar aquí&#8221;, fue lo primero que me salió. Aclaro, esas palabras nunca las repasé, pues hasta un segundo antes me enteré que me tocaba iniciar la ceremonia.</p>
<p>Para dejar clara la premisa del texto, y entender lo que se comentó en el evento, les adelanto unos párrafos que los ayudarán a crearse un antojo por leerlo.</p>
<p><font color="#5f4c25"><em>[...] En 1974, cuando residía en White Plains, Nueva York, conocí por primera vez una liga de futbol de inmigrantes latinoamericanos. En esos años, la inmigración mexicana en el noreste de Estados Unidos pasaba desapercibida para los estudiosos del tema. Una década después la empezaría a investigar, para su tesis doctoral, Robert Smith, en la actualidad uno de los más reconocidos estudiosos de la inmigración en Estados Unidos [...]</p>
<p>[...] Fue muchos años después, quizá en 2001 o 2002, gracias a mi inolvidable amigo José González, quien fuese, desde 1981, uno de los primeros promotores contemporáneos del voto de los mexicanos en el extranjero, que descubrí, casualmente, la importancia que tenía el futbol para cientos de miles de inmigrantes latinoamericanos y sus hijos en Estados Unidos [...]</p>
<p>[...] José me platicaba del súbito enamoramiento de su hijo Ulises, de diez u once años en ese entonces, hacia los Pumas, uno de los clubes favoritos de muchos niños mexicanos de ambos lados de la frontera, gracias al carisma y calidad futbolística de Jorge Campos [...] Este niño, nacido en Los Ángeles, de padres zacatecanos, había empezado a jugar en la escuela de futbol llamada también Jorge Campos [...]</p>
<p>[...] El primer día que Ulises asistió a las prácticas de la escuela de futbol, José me pidió que lo acompañara a recoger a su hijo. En el camino de regreso, Ulises charlaba con otros dos niños [...] en inglés, pero se referían a los equipos profesionales de futbol mexicano. Emocionados, comentaban los resultados de los encuentros más recientes y de sus jugadores favoritos. Uno de ellos decía que Rafael Márquez, estrella del futbol mexicano del momento, había nacido en Guadalajara y por eso había jugado en el Atlas. Ulises lo corrigió y le dijo que Márquez había nacido en Zamora. Después comentaron detalles de otros equipos, recorriendo la geografía mexicana [...]</p>
<p>[...] Ninguno de los tres niños había nacido en México, ni lo habían visitado, lo que sabían de él lo habían aprendido de sus padres y el futbol [...] La plática de esos niños y la asistencia a la Escuela de Futbol Jorge Campos fue la clave para entender lo que había pasado por mis ojos desde 1974 y no había entendido: el futbol era muy importante para la identidad cultural y la organización social de cientos de miles de inmigrantes mexicanos y sus hijos [...]</em></font></p>
<p>&#8220;Yo quiero hablar del juego&#8221;, arranqué entonces. &#8220;¿Por qué jugamos? ¿para qué jugamos? Todas las culturas, desde siempre, han jugado, ¿por qué?&#8221;, preguntaba. El propósito de mi intervención era definir que el juego, como actividad, es parte fundamental del hombre, de los animales incluso. Los mamíferos, desde cachorros, asumen el juego como un método de aprendizaje, por ejemplo, para la caza. Y seguí: &#8220;Ese juego, que es la vida misma, el ser humano, en este caso los mexicanos que están del otro lado del Río Bravo, es el mecanismo para juntarse, para conocerse, para identificarse y, después, para compartir eso que llamamos &#8216;ser mexicanos&#8217;. Se traduce, entre otras cosas, en la asistencia a un estadio de Los Ángeles para ver un partido entre México y Corea, que no tiene gran trascendencia, pero que representa el hecho de convivir en un mismo momento, en un mismo lugar, con 100 mil personas con historias de vida parecidas&#8221;. Los mexicanos que viven en Estados Unidos, abandonados a su suerte por el Estado mexicano, encuentran en el juego, el fútbol, un poquito de cobijo de esa cultura y nacionalismo que tamién vivimos dentro de nuestras fronteras. Y terminé: &#8220;Por ese motivo, el juego, algo lúdico que sirve para divertirse, y por tanto es algo muy serio, marca en muchos sentidos la relación entre la comunidad mexicana, esa que en muchos casos refleja el fracaso mexicano, aunque no el de los emigrantes, sino el de los mexicanos que vivimos de este lado, de los gobiernos que ha habido de este lado, y que han forzado a muchos millones a dejar país, familia, hogar, costumbres y cultura, y que a partir del fútbol, ahora en Estados Unidos, han comenzado a recuperar todo lo anterior. Por esa razón, les recomiendo <em>Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo</em>&#8220;.</p>
<p>Elías fue el siguiente en tomar el micrófono. Inició relatando una historia de su infancia, de cómo se fue acercando al fútbol y de cómo, sin darse cuenta, eligió un equipo como su favorito, o tal vez el equipo lo eligió a él. El hecho es que había encontrado algo que lo motivaba más allá de lo que hasta ese momento conocía. Y desde ahí construyó su presentación, pasando de temas futboleros a temas sociales, y de regreso. A ratos mostraba su inconformidad por el fútbol que hoy vemos en nuestros estadios, y a ratos repasaba las condiciones sociales que, en un sentido, nos califican como mexicanos. Y es que el Capítulo II hace referencia a los estilos con los que se identifican algunas naciones, principalmente las potencias en este juego. &#8220;Brasil es pura magia, belleza&#8221;, decía Elías. Y continuó: &#8220;En cambio, Uruguay es garra, es fuerza, como lo es su pueblo. Alemania es un equipo más mecánico, e Italia se identifica con el fútbol defensivo. ¿Y México? ¿nosotros a qué jugamos? No hemos podido crear un estilo ni una identidad, y tal vez por ello los emigrantes, que han tenido que cruzar del otro lado, tampoco han podido hacerse más fuertes como comunidad dentro de Estados Unidos&#8221;.</p>
<p>Y por fin habló quien debía hablar. El Dr. Arturo Santamaría tomó la palabra frente a los asistentes, entre los cuales se encontraban muchos de sus familiares. Les agradeció su presencia, la colaboración voluntaria o involuntaria en el libro, y relató anécdotas, muchas de la infancia, que explican su gusto por el fútbol y su interés por el tema emigración.</p>
<p>Sus primeros pasos en las canchas y sus intereses académicos fueron el punto de partida. Continuó con la historia de los tres años que necesitó para finalizar su obra, la cual incluyó una nutrida investigación, ya sea con entrevistas o documentos, desde revistas hasta libros publicados en distintos países. Viajes a Estados Unidos y Argentina completaron la peripecia representada en las 429 páginas de <em>Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo</em>.</p>
<p>¿Se les antojó? No revelaremos mucho más del trabajo, sólo añado que es un libro único, que ojea impecablemente todo lo que vincula al fútbol con lo mexicano y con los paisanos que cruzaron la frontera. Se adentra en las ligas mexico-americanas, los orígenes del fútbol en E.U., la mentalidad del futbolista mexicano, sus miedos, sus virtudes, su identidad, y la perversa relación ¿deportiva? entre las selecciones de México y de Estados Unidos. </p>
<p>Vaya, que por donde se lo vea, es un trabajo valioso digno de leerse una y otra vez.</p>
<p>Y al Dr. Santamaría, de parte de todos los que componemos <strong>ELBUENFÚTBOL*</strong>, únicamente el agradecimiento y la felicitación.</p>
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		<title>Charla con Arturo Santamaría, identidad pambolera</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 07:17:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Introducción En las lejanas y nostálgicas tierras de la colonia Roma sucede lo inimaginable: el regreso de las charlas pamboleras. El honor en esta ocasión le corresponde a Arturo Santamaría Gómez, todo un técnico y estratega del fútbol escondido en el disfraz de un doctorado en Sociología. O para no hacer tan pipirisnais la cosa, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2010/10/2010.10.27-charla-con-arturo-2.jpg" alt="Charla con Arturo Santamaría, identidad pambolera" title="Charla con Arturo Santamaría, identidad pambolera" width="480" height="287" class="alignright size-full wp-image-19955" /><strong>Introducción</strong></p>
<p>En las lejanas y nostálgicas tierras de la colonia Roma sucede lo inimaginable: el regreso de las charlas pamboleras. El honor en esta ocasión le corresponde a Arturo Santamaría Gómez, todo un técnico y estratega del fútbol escondido en el disfraz de un doctorado en Sociología. O para no hacer tan <em>pipirisnais</em> la cosa, digamos que un apasionado del fútbol cubierto de bagaje académico.</p>
<p>Autor del libro <em>Futbol. Emigrantes y Neonacionalismo</em>, editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa, Arturo nos cita en un café. Acompañado del periodista Rafael Molina ─todo un ducho de la música, cinematografía y onda chicana─ nos recibe con la humildad de los grandes: “un placer conocerlos en persona. ¿Quieren un café?”.</p>
<p>Sentados y quietos todos. En el imaginario del estadio urbano que representa la colonia Roma se escucha el himno de la FIFA, ese que le pone la piel chinita a los futboleros en cada Mundial. A la cancha de café y cigarros entran los dos equipos, magnificados por <strong>ELBUENFÚTBOL*</strong> y Arturo Santamaría. Nos tomamos la foto oficial, efectuamos el saludo entre ambos bandos y se juega un partido del <em>tú me dices, yo te digo, todos decimos</em>.</p>
<p><strong>Lo tenía, era suyo y lo dejó ir</strong></p>
<p>Antes de derrochar su conocimiento futbolístico, Arturo nos cuenta una anécdota que hasta el día de hoy le pasa la factura con frustración, ¡y cómo no! </p>
<p>En la búsqueda de información y voces indispensables para la investigación que conllevaría al trabajo final de su libro, Arturo consiguió una entrevista con César Luis Menotti. Tal hazaña (que no cualquiera) fue sepultada por un descuido: “se me olvidó comprar un celular en Argentina. Todo era cuestión de esperar su llamada para vernos y cuando intentó comunicarse conmigo salgo con la sorpresa de que no compré un aparato, cuando era lo primero que debí haber hecho”.</p>
<p>Testigo soy de su rostro triste y cabizbajo al contarlo, el anhelo frustrado de tener frente a frente a Menotti. </p>
<p><strong>¡Por qué siempre nos pasa esto!</strong></p>
<p>Sorprendidos de su relato, intentamos calmar las aguas con una plática cargada de fútbol. Ferviente e iluso creyente de que en nuestro fútbol no hay identidad y estilo que nos identifique en el ámbito competitivo-deportivo colectivo, le pregunto acerca de éste mi pesimismo, haciendo referencia a la frase de Fernando Marcos “¡por qué siempre nos pasa esto!”.</p>
<p>Con toda tranquilidad y sobriedad, Arturo me responde: “creo que estás equivocado. En mi percepción sí hay un estilo y una identidad. Permítanme explicarlo…”. Y lo explica. En el aspecto futbolístico, al mexicano lo caracteriza el pase corto y la lucha. En cuanto al aspecto mental y cultural, el mexicano tiene una identidad nada ganadora, nos condenamos a la derrota por anticipado. “Decimos que no hay estilo ni identidad porque no hemos ganado nada”.</p>
<p>Sin embargo, pese a la vitrina escasa de títulos que tenemos en competiciones internacionales, él es optimista respecto al rendimiento del futbolista mexicano y su trascendencia en el extranjero. Para Arturo, el fútbol mexicano ha progresado desde su primera aparición en un torneo internacional. Basándose en la estadística me da un coscorrón al señalar que a partir de la década de los noventa el jugador mexicano crece: exportación de futbolistas, Copas América, Copas Libertadores, cinco Copas del Mundo calificándonos a octavos de final. “Si lo vemos desde esta arista, comparándolo con décadas anteriores, hemos avanzando mucho”.</p>
<p><strong>Los resultados, ¿una cuestión de identidad nacional?</strong></p>
<p>“La Selección Nacional es un reflejo de lo que somos como país”, afirma Arturo. Estamos de acuerdo con él. Bajo la premisa de que los rasgos culturales de una nación aparecen en su equipo de fútbol, Santamaría Gómez nos argumenta que tanto a nivel sociocultural como futbolístico el mexicano necesita la figura de un guía o un líder, si no se pierde todo. “Veamos el caso de la figura materna. Sin su presencia en el hogar todo es un desorden”. Lo mismo aplica para la política y la religión; necesitamos de una autoridad para actuar. (El nudo en la garganta de saber que estamos de la fregada con la dependencia a un yugo es inevitable. Mamá, no leas esto.)</p>
<p>Para sustentar sus argumentos, se remonta a Ricardo La Volpe ─cómo me hiere con semejante nombre─, quien en una entrevista señaló que el jugador mexicano trabaja, juega y obedece siempre y cuando le digas las cosas al oído y le pongan enfrente una autoridad. Cuando un técnico se voltea, se distrae o cierra los ojos, el equipo prácticamente se desentiende de todo lo aprendido, generándose así un completo desorden. ¡Otro coscorrón para mí!</p>
<p><strong>¿Qué tipo de afición somos?</strong></p>
<p>Aferrado a mi concepción de que somos una afición condescendiente, apapachadora y sin memoria, de nuevo le pregunto sobre éste, otro de mis pesimismos. Y de nuevo me da un coscorrón, ya casi nalgada. “Más que condescendiente diría que es voluble. Somos una afición muy inmadura. Somos bipolares, inconstantes”.</p>
<p>Ejemplifica su posición con lo acontecido previo, durante y después del Mundial en Sudáfrica. Inicia con el partido amistoso contra Italia, donde México ganó 2-1 dándole un baile a los <em>azzurri</em>: “se dijo que ya estábamos listos, que éramos un equipazo. Nos inflamos”. Después vino el partido inaugural contra Sudáfrica, con marcador final de 1-1: “vinieron los dichos de &#8216;lo de siempre&#8217;, &#8216;no puede ser&#8217;; ya no éramos el equipazo”. Y finalmente, el regreso tras haber sido eliminados por Argentina en octavos de final: “vinieron los reproches y la petición de cortar cabezas”. Tendemos a generar demasiadas expectativas, pero no estamos preparados para las consecuencias ya conocidas (entiéndase fútbol y la derrota eterna).</p>
<p><strong>¿Qué relación existe entre la identidad del futbolista con la identidad del aficionado?</strong></p>
<p>La pérdida de identidad en algunas selecciones (salvo excepciones como Brasil, Alemania, Italia, Argentina) es visible y perceptible en el fútbol actual: todos juegan parecido. Los africanos perdieron la sorpresa y espontaneidad de antes, ahora son tácticos y sumamente disciplinados. </p>
<p>La globalización y el capitalismo encontraron en el fútbol una enorme caja de beneficios para el negocio y los intereses personales, dejando de lado la esencia de este deporte y mutilando la creatividad, espontaneidad, irreverencia y cualidades de futbolistas para crear soldados, robots, sumamente restringidos con fuerza, acondicionamiento físico, tecnologías, alimentación; un fútbol científico.</p>
<p>Estos factores repercutieron de inmediato en el futbolista y junto con pegado en el aficionado. ¿Habrá surgido el consumismo de fútbol y no pasión por el fútbol? El charlador Arturo comenta que un punto tiene que ver con el incremento a racimos de los fichajes y las salidas de un club a otro sin generar en el futbolista un amor por la camiseta, o por lo menos una identificación con el escudo. “En el futbolista ya no hay equipo para toda la vida. Salen de un club para enrolarse a otro y a otro y a otro, y así en varios clubes”.</p>
<p>Como consecuencia “el aficionado se enamora de la marca detrás del jugador, no del futbolista en sí. A través del marketing generan infidelidad. Digamos que es una pasión descafeinada”.</p>
<p><strong>…sí Chucha, ¿y por qué no le preguntan sobre su libro?</strong></p>
<p>Ese es tema aparte, pues merece un espacio sólo para el libro. Pero no se agüiten, ese asunto también será publicado. </p>
<p><strong>Córranle&#8230;</strong></p>
<p>Después de una hora de charla, es decir terminado el partido, procedemos al vestidor: la fonda Mamá Conchita, donde familiares y amigos aguardan a Arturo Santamaría, quien presentará su libro. Mientras tanto, nosotros vamos atrás de él fume y fume por los nervios, casi orinándonos del pánico. Jairo y yo somos los encargados de presentarlo, ¡vaya responsabilidad!, y más aún luego de haberlo escuchado y salir con unos coscorrones bien merecidos.</p>
<p>P.D. Este encuentro no se hubiera dado sin la intervención de Edmundo, colaborador de este sitio y hermano del charlador Arturo. Como quien dice: se la rifó&#8230;y en serio. El aplauso es para él.
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		<title>El Apache de Budassi</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Oct 2010 05:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Periodismo y medios]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2010/10/2010.10.20-carlos-tevez.jpg" alt="El Apache de Budassi" title="El Apache de Budassi" width="312" height="271" class="alignright size-full wp-image-19910" />Hace algunos meses John Carlin escribió en el diario <em>El País</em> que una de las ingratitudes del periodismo deportivo es la mendicidad y la súplica humillante por conseguir una entrevista. Buscar una declaración o por lo menos un “hola” de las grandes estrellas suele ser un viacrucis muy tormentoso que nada tiene que ver con el anhelo y el nervio que un aficionado posee al querer un autógrafo.</p>
<p>Para aquellos que creen que los periodistas tienen puertas abiertas con los futbolistas basta decirles que están equivocados. Sí, es cierto que hay algunos favorecidos por el respaldo de algún monopolio con harto poder y encuentran en la condescendencia su arma segura para acercarse al jugador sin ningún impedimento.</p>
<p>Sin embargo, hay otros y otras que se apoyan en las inquietudes y talentos propios desafortunadamente anónimos, pues pareciera que si no están con el <em>star system</em> no existen. No es así, claro que existen. Simple y sencillamente optan por recorrer uno de los caminos más dignos y honrosos de esta profesión: el trabajo y la pasión por el mismo. Tal es el caso de Sonia Budassi.</p>
<p>A mis manos llegó un ejemplar de su reciente publicación: <em>Apache. En busca de Carlos Tévez</em>. ¿Cómo llegó hasta acá? Pues por el amigo de un amigo de otro amigo que hace unos meses anduvo de vacaciones en Argentina y lo compró. Editado por Tamarisco, el texto nos relata la travesía de esta escritora y periodista por obtener unas palabras de Tévez.</p>
<p>Plantearse la idea de hacer un libro referente a Tévez puede ser fácil pero cumplir con el objetivo es sumamente difícil. El trabajo final de Budassi no sólo es una radiografía narrativa del jugador y del hombre, sino de la propia escritora y la mujer. Plantarse con agallas hacia la aventura de un mundo donde los prejuicios y la indiferencia hacia las féminas son tan “naturales” merece más que un reconocimiento. </p>
<p>Ir y venir de un lugar a otro sin haber sido atendida, soplarse las intransigencias de representantes y medios masivos, luchar contra la ignominia viril que rodea al fútbol, son algunos factores que a algunos de nosotros ya nos hubieran obligado a tirar la toalla. Budassi es guerrera, apasionada y terca; cualidades que bien manejadas rinden frutos como lo ejemplifica el libro.</p>
<p>Abordar y desglosar a un jugador desde la imperfección de su rostro, pasando por el chico de barrio y llegar hasta el <em>superstar</em>d el Manchester City son estampas que con Budassi no se convierten en un <em>biopic </em> de vocales y consonantes o una monografía; es un trajín donde las vísceras y la mente juegan un partido donde al final gana quien tenga paciencia, fortaleza y hambre de triunfo; gana Budassi. ¡Debe tener un gran terapeuta!</p>
<p>En efecto, Tévez hace los goles y es quien recibe los aplausos de la hinchada. Pero es Budassi quien hace al fútbol, lo reinventa con un gran manejo de la pluma y con la mentalidad de aquél que no sólo quiere ganar, sino que quiere hacerlo gustando y goleando en beneplácito de la otra hinchada, el lector. En su <em>Apache</em> ella buscó a <em>Carlitos </em>y nosotros la encontramos a ella.</p>
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		<title>Un Nobel con tintes de Old Firm</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Oct 2010 00:51:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jairo Martínez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
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		<category><![CDATA[Premio Nobel de Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay muchas rivalidades del tamaño Celtic-Glasgow, que además de ser un clásico futbolero, retrata diferencias sociales, culturales y políticas. Vaya, una antítesis que no admite, ni admitirá jamás, un acercamiento. Hay casos de jugadores que se pusieron las dos camisetas, aunque muchos de ellos antes de 1912, cuando aún no recrudecía el sectarismo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2010/10/2010.10.07-nobeloldfirm1.jpg" alt="Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez" title="Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez" width="255" height="629" class="alignright size-full wp-image-19823" />No hay muchas rivalidades del tamaño Celtic-Glasgow, que además de ser un clásico futbolero, retrata diferencias sociales, culturales y políticas. Vaya, una antítesis que no admite, ni admitirá jamás, un acercamiento.</p>
<p>Hay casos de jugadores que se pusieron las dos camisetas, aunque muchos de ellos antes de 1912, cuando aún no recrudecía el sectarismo que se vivió, por ejemplo, en los 80&#8242;s. Sobra decir que algunos nunca alcanzaron el perdón de la gente.</p>
<p>Un artículo de este clásico escocés conocido como <em>Old Firm</em> se me cruzó entre algunos sitios por los que navegaba esta mañana, cuando de repente me topé una noticia, ya recuperada por casi todos los medios, en donde el escritor argentino Federico Andahazi se aleja de todos los halagos hacia Mario Vargas Llosa, y declara que el premio Nobel del peruano &#8220;es una injusticia muy grande más allá de los méritos literarios de su obra&#8221;.</p>
<p>La razón de su crítica es sencilla, él asegura que &#8220;aquello que no se le perdonó a Borges, por cierta actitud de derecha, se le perdonó en demasía a Vargas Llosa&#8221;. A estas horas no son pocas las voces que se refieren al tema, ya que la academia sueca, en general, ha tenido simpatías por escritores de izquierda a la hora de entregar su premio.</p>
<p>Hay un dicho, muy enraizado entre la gente que se asume progresista, que dice que se puede pasar de la derecha a la izquierda, pero al revés, jamás. Varios sectores, sin decirlo, nunca le perdonaron a Vargas Llosa cambiar los ideales de la Revolución Cubana por el ideario conservador (se enemistó para siempre con García Márquez y Cortázar), incluso, hasta colocarse a la derecha de Fujimori en las elecciones de 1990 (cosas de la vida, hoy uno es premio Nobel y otro está encerrado en la cárcel, condenado a un cuarto de siglo de prisión, por crímenes de lesa humanidad y corrupción). </p>
<p>También hoy, por ejemplo, la periodista argentina Patricia Rodón pregunta en su columna: <em>¿Qué pasó con la institución que otorga el máximo galardón de la literatura mundial? ¿Cambió sus parámetros de premiación? ¿Privilegió el espesor de una obra literaria admirable y no una filiación política? ¿Recordó el pasado comunista de Vargas Llosa?</em>. Y termina con la frase: &#8220;Por eso, desde hoy, al flamante Nobel de Literatura, las anécdotas se le multiplicarán en la realidad real y en la realidad ficticia de la literatura que, en manos del &#8216;escribidor&#8217;, pronto tomarán forma de novela, de ensayo o de artículo periodístico persiguiendo el afán secreto de explicar la “ficción” de su premio&#8221;:</p>
<p>Sin adentrarnos en discusiones sobre la parte del espectro político donde nos ubicamos cada uno de nosotros, sigue resultando interesante averiguar que, mientras en México hoy se habla de alianzas entre la derecha y la izquierda, en otros rincones la diferencia política sigue siendo irreconciliable, como el Celtic-Rangers, incluso al punto de cuestionar un premio que, en lo estrictamente literario, como también lo aceptan Andahazi y Rodón, es indiscutiblemente merecido.
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