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	<title>ELBUENFÚTBOL* &#187; Y otras emociones</title>
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	<description>Periodismo de Fútbol</description>
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		<title>También la lluvia</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 19:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emiliano Castro Sáenz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
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		<category><![CDATA[Historias de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de fútbol]]></category>

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		<description><![CDATA[Anoche durante el cotejo por poco y llueve. Le di un vistazo al cielo antes de comenzar a jugar y, por primera vez en mucho tiempo, correr mucho y no cansarme. Eso sí, el toque no apareció luego de tantos meses sin volver a la cancha&#8230; Pero no, el cielo se quedó quieto y lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2012/02/2012.02.03-tambienlalluvia1.jpg" alt="Agua y fútbol" title="Agua y fútbol" width="290" height="320" class="alignright size-full wp-image-22997" />Anoche durante el cotejo por poco y llueve. Le di un vistazo al cielo antes de comenzar a jugar y, por primera vez en mucho tiempo, correr mucho y no cansarme. Eso sí, el toque no apareció luego de tantos meses sin volver a la cancha&#8230; Pero no, el cielo se quedó quieto y lo único que aventó fue varias oleadas frías que aconsejaron dureza y dolor a cada balonazo.</p>
<p>Me acordé de lo padre que era jugar bajo la lluvia, en pleno pantano y terminar <em>hecho una sopa</em>. Manchar a propósito todo el uniforme, todo. Incluso celebrar los goles del enemigo o tirarse sólo porque sí. Me gustaba emular a los ídolos que, en aquellos partidos mojados, se barrían con las rodillas, con el puño en alto, gritando a todo pulmón acatarrado el gol. O los porteros: deteniendo penales, adornando fotografías, resbalándose; almorzando o cenando un buen bocado de lodo.</p>
<p><strong>&#8230;Y no se olvida&#8230;</strong></p>
<p>Desde el carro, esa combi que definiría en mucho buena parte de mi infancia, mi mamá se divertía viendo y tocaba la bocina alegremente. Alegre y con enjundia. A un lado, de copiloto, mi hermano. A los nervios previos de cada encuentro, se le sumó la visita de la familia. Y eso que era frecuente. ¿Jugar para el equipo o para ellos? Los debates eran eternos y generalmente me acompañaban los 30 minutos de cada tiempo. Pero ese día el aguacero me dictó jugar para mí. Aprovechar los charcos y aguantar hasta algunas ráfagas de granizo. ¡Y qué maravilla!</p>
<p>Aproveché ser portero para batirme en cada chance, en cada tiro y cada despeje. Olor a tierra mojada donde fuera. Hasta un penal detuve con la gracia del resbalón manchado del delantero contrario. Y al final, cuando acabó el partido, corrí a tirarme un panzazo que no salió como en televisión (dolor, dolor, dolor) y nuestro juego entre charcos y lodazal continuó bajo la mirada cómplice de la familia espectadora&#8230; al fin todos teníamos claro que nos tocaría lavar nuestros uniformes a puño limpio.
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		<title>De palabras a palabras</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 19:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Abou Treika]]></category>
		<category><![CDATA[Al Ahli]]></category>
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		<category><![CDATA[Fútbol de Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Blatter]]></category>
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		<description><![CDATA[Lo acontecido en Puerto Said, Egipto fue descomunal, de terribles y lamentables magnitudes. Debido a la dimensión de la atrocidad, los ojos del mundo están colocados frente al registro del país africano. Una de las aristas más espeluznantes tiene lugar con los testimonios de algunos protagonistas, de esos que llegaron al inmueble con la intención [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2012/02/2012.02.02-tragediaenegipto.jpg" alt="Tragedia en Egipto" title="Tragedia en Egipto" width="396" height="264" class="alignright size-full wp-image-22987" />Lo acontecido en Puerto Said, Egipto fue descomunal, de terribles y lamentables magnitudes. Debido a la dimensión de la atrocidad, los ojos del mundo están colocados frente al registro del país africano. Una de las aristas más espeluznantes tiene lugar con los testimonios de algunos protagonistas, de esos que llegaron al inmueble con la intención de disputar un partido, un juego, y que terminaron por huir para después relatar pasajes desgarradores.</p>
<p>“Un hincha acaba de morir en el vestuario, al lado mío. Esto no es fútbol, esto es una guerra y la gente está muriendo frente a nosotros, no hay movimiento, ni seguridad, ni ambulancias”, describió Abou Treika, figura del Al Ahli, al canal de televisión de su club.</p>
<p>En contraste hay palabras de escritorio que ofenden tanto por la obligación de expresarlas como por el origen de las mismas. Como siempre, una vez que ocurrió la tragedia sale a hablar Joseph Blatter, presidente de la FIFA, quien se esmera en dar mayor importancia en degradar al fútbol en lugar de enaltecerlo.</p>
<p>&#8220;Mis pensamientos están al lado de las familias de aquellos que han perdido sus vidas. Es una situación catastrófica e inimaginable que no debería haber ocurrido&#8221;, dijo el presidente del máximo organismo del fútbol.</p>
<p>Si no debió haber ocurrido, ¿qué ha hecho usted señor Blatter para contribuir a erradicar este mal, la violencia, del fútbol? Dice usted que es &#8220;inimaginable&#8221;. En este sentido permítame decirle que fuera del edificio de la FIFA hay un mundo futbolístico donde se registran y se han registrado hechos alarmantes con el sello de la violencia en los cuales su organismo, curiosamente, nunca interviene ni para bien ni para mal.</p>
<p>¿Acaso también la violencia es redituable en materia de negocio futbolístico? Si es así, avísenos para que busquemos en la memoria lo que alguna vez fue el fútbol como deporte.</p>
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		<title>La Sierra Tarahumara, una cruel realidad</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 05:23:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Sierra Tarahumara]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- ProPlayer by Isa Goksu --><div name="mediaspace" id="mediaspace"><div class="pro-player-container" width="400px" height="350px"><div id="pro-player-22907pp-single-4f2f46b1cb21c"></div></div></div><script type="text/javascript" charset="utf-8">var flashvars = {width: "400",height: "350",autostart: "false",repeat: "false",backcolor: "ffffff",frontcolor: "97d3e6",lightcolor: "e70303",stretching: "exactfit",enablejs: "true",mute: "false",skin: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/skins/bekle.swf",logo: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/watermark.png",image: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/preview.png",plugins: "",javascriptid: "22907pp-single-4f2f46b1cb21c",image: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/preview.png",file: 'http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/playlist-controller.php?pp_playlist_id=22907pp-single-4f2f46b1cb21c&sid=1328498353'};var params = {wmode: "transparent",allowfullscreen: "true",allowscriptaccess: "always",allownetworking: "all"};var attributes = {id: "obj-pro-player-22907pp-single-4f2f46b1cb21c",name: "obj-pro-player-22907pp-single-4f2f46b1cb21c"};swfobject.embedSWF("http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/player.swf", "pro-player-22907pp-single-4f2f46b1cb21c", "400", "350", "9.0.0", false, flashvars, params, attributes);</script>Cada cuatro años, si es que el <em>Tri </em>hace acto de presencia, el fútbol nos une. A nivel masivo nos hermana, nos integra e identifica en un solo idioma. Durante la Copa del Mundo todos somos mexicanos. Dejamos al olvido diferencias políticas y religiosas, sepultamos por un momento prejuicios e indiferencias raciales y económicas. Todo cambia. De repente nos vemos abrazados unos a otros sin pudor alguno; albañil y ejecutivo se fusionan para externar la devoción patriótica enmarcada en la Selección. Nos invitamos los tragos y hasta bebemos de la misma botella que el enfermo.</p>
<p>Sin embargo hay otras situaciones que bien podrían lograr el mismo efecto que causa un Mundial. Lamentablemente no es así. Se registran sucesos que para nada son ansiados y que se registran día con día, minuto a minuto. Nuestro país registra hechos preocupantes que por carecer de la imagen de un balón o por no estar relacionados al fútbol nos valen una pura y dos con sal. Para nuestro infortunio esos hechos están a la vuelta de la esquina para cualquiera de nosotros y ni siquiera los vemos pasar o venir. Peor aún es cuando las víctimas son mexicanos; somos todos.</p>
<p>No, no hablo de la violencia derivada del combate al crimen organizado. Digo, ese tema también merece su atención pero en esta ocasión la pluma futbolera, o mejor dicho periodística, apunta a otro problema alarmante, la hambruna que padecen los rarámuris en la Sierra Tarahumara. Sí, niños, mujeres y hombres indígenas se mueren de hambre; las sequías han hecho estragos, así como también el desprecio de gobernantes, e incluso de la Iglesia católica, hacia este sector de nuestra población.</p>
<p>Por si eso no fuera poco, aunado a soportar una temperatura de 16 grados bajo cero, los rarámuris han recurrido al suicidio como una puerta para escapar al dolor.  Debido a la tristeza por saber que no tienen recurso alguno para alimentar a sus hijos, madres y padres tarahumaras se avientan a los barrancos con sus niños para ponerle punto final a una muerte lenta causada por el hambre. En otros casos optan por ahorcarse.  A ello hay que agregarle los abusos y explotaciones de los que son víctimas por parte de políticos, caciques y delincuentes. Además, subrayar también que se enfrentan al olvido de la sociedad restante.</p>
<p>Ante esta situación, integrantes de la sociedad civil, intelectuales, académicos y diversas asociaciones hicieron uso de las redes sociales para lanzar una convocatoria de emergencia para una colecta nacional que tiene como objetivo llevar medicina, alimento y cobija a los rarámuris. De igual forma, voluntarios se han sumado a las labores de acopio y empaquetado.</p>
<p>En<strong> EBF*</strong> no somos indiferentes a lo que enfrenta la Sierra Tarahuamara y nos sumamos a las voces que claman por esa colecta. No sólo lo hacemos para difundir, sino también para cooperar en especie con nuestros hermanos indígenas. De igual forma, si no es mucho pedir, hacemos un llamado a ustedes futboleros y lectores para que aporten su granito de arena en este caso.</p>
<p>Hoy la tragedia arrecia en la Sierra Tarahumara, pero de un momento a otro nos puede tocar a cualquiera de nosotros. Así como nos reunimos para armar la pachanga cada cuatro años con la Copa del Mundo, hagámoslo para preservar nuestras raíces, brindarle dignidad a un sector tan marginado.</p>
<p>Dispensen ustedes que ahora no les escribiera un relato o una ficción, pero la situación, el sentimiento personal por encima de todas las cosas, amerita la atención de una realidad que nos lastima.
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		<title>Disparate de fin de año</title>
		<link>http://www.elbuenfutbol.com/2011/12/24/disparate-de-fin-de-ano/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 21:41:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>

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		<description><![CDATA[Señoras y señores, un año más que se nos fue en friega. En atención a su distinguida presencia como lectores de este sitio, no podía dejar pasar la oportunidad para escribirles las felicitaciones correspondientes a esta época. Sin embargo, lo haré a mi manera. Si hay un lector terco como las mulas e insistente con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/12/2011.12.24-manosunidas.jpg" alt="Manos unidas" title="Manos unidas" width="349" height="260" class="alignright size-full wp-image-22856" />Señoras y señores, un año más que se nos fue en friega. En atención a su distinguida presencia como  lectores de este sitio, no podía dejar pasar la oportunidad para escribirles las felicitaciones correspondientes a esta época. Sin embargo, lo haré a mi manera.</p>
<p>Si hay un lector terco como las mulas e insistente con un servidor es <em>Marinno</em>. A menudo me escribe reproches para precisar que “descuidas a <strong>ELBUENFÚTBOL*</strong>”. Probablemente tenga algo de razón, mas en cambio hay circunstancias que me orillan a no escribir por escribir. De algo pueden estar seguros: los textos que salen de mi pluma los elaboro con pleno respeto tanto a ustedes que nos leen como al elemento vital que es el tener algo que decir.</p>
<p>Ha sido un año con sus cosas buenas y malas, todo fluyó; desde cambios laborales y profesionales hasta evoluciones personales. A sabiendas de que concibo al fútbol como una herramienta social, reflejada en su mayoría en forma de cuento o relato, el balón hay que buscarlo en la realidad que nos aqueja. Durante el trajín de esa mi percepción me he desenvuelto en ambientes donde las historias otorgadas han pasado factura al desgaste no sólo físico, sino también mental y emocional. </p>
<p>No es que cargue con las broncas de los demás, pero sus problemáticas también pueden ser las mías (inseguridad, pobreza, marginación, entre otras). Dentro de este proceso para hacer del balón un pretexto que plasme el sentir de un niño con discapacidades como el de los chicos que no tienen dinero para comprarse sus uniformes, me topé conmigo mismo. Sí, el periodista y pluma que les escribe, o sea un servidor, también es ser humano y padece golpes en el alma similares a los de cualquiera de ustedes.</p>
<p>Quizá mi forma de enfrentar la adversidad no es la más recomendable, pero sí la más honesta, es decir al puro pelo. Surgen reflexiones, aparecen ejercicios de autoconocimiento y también lágrimas. Ello obligó a tomar distancia de actividades, personas y cosas, pues al menos no concibo un sano entendimiento con los demás si no sano primero; había que estar solo. </p>
<p>Tampoco es que me vaya a morir, esté internado en un psiquiátrico o se aproxime el fin del mundo, sin embargo eso de confrontarse con uno mismo tiene su espacio y lleva su tiempo. No obstante, me he permitido, porque así lo he querido, salir de la madriguera para expresarles a cada uno de ustedes mi agradecimiento sincero por seguir dándonos la confianza de considerarnos un medio alternativo para abordar el fútbol.</p>
<p>Asimismo, he de externarles mis mejores deseos y las mejores vibras para el año que viene. Gracias a sus comentarios (críticas o halagos) hay motivo para mejorar y para seguir unidos a través de la fachada del balón, misma que en el fondo es la vida misma que tiene como recurso al fútbol.</p>
<p>Un fuerte abrazo a todos.</p>
<p>P.D. No canten victoria. De mí no se libran y seguiré dándoles lata con mis disparates. </p>
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		<title>Mi debut</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 20:46:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marco Malvido</dc:creator>
				<category><![CDATA[Encuentros]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
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		<category><![CDATA[Morelia]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergio Sánchez]]></category>

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		<description><![CDATA[Nunca debuté en Primera División, de hecho, jamás estuve cerca de ser jugador profesional. Sin embargo, me confieso uno de esos adictos al fútbol, lo soy desde pequeño, lo traigo en la sangre. Jugué mil cascaritas y me gustaba hacer túneles a diestra y siniestra, en el barrio nomás. Soy un adicto al fútbol y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/12/midebut1.jpg" alt="Mi debut: Marco Malvido" title="Mi debut: Marco Malvido" width="450" height="509" class="alignright size-full wp-image-22828" />Nunca debuté en Primera División, de hecho, jamás estuve cerca de ser jugador profesional. Sin embargo, me confieso uno de esos adictos al fútbol, lo soy desde pequeño, lo traigo en la sangre. Jugué mil cascaritas y me gustaba hacer túneles a diestra y siniestra, en el barrio nomás. Soy un adicto al fútbol y una de las diversas ramificaciones de esta adicción me ha llevado a sentir lo que sentí la semana pasada, cuando en el Distrito Federal, un grupo de capos me abrió sus brazos para empujarme a mi debut y comenzar con esta historia.</p>
<p>¿Alguna vez se han puesto en la cabeza de un jugador? Emulando que ustedes son ellos, o que por un momento están en la cabeza de un Rudi Voëller, de un George Hagi, o un Roger Milla. A mí me pasa constantemente, es un ejercicio que disfruto por el simple placer de dar rienda suelta a mi imaginación.</p>
<p>Continuamente me desprendo de mí, para tratar de ubicarme en el interior de un futbolista. En específico, uno de los momentos que más me gusta imaginarme, es ese en el que los llaman a la cancha para hacer su debut, ante la afición, para demostrar todo lo que los llevó a estar ahí. A vivir su momento de la verdad.</p>
<p>En estos viajes mentales veo a los futuros debutantes en muchas facetas, con semblantes de todo tipo. Unos más nerviosos, algunos quizá ni lo imaginan porque al final de cuentas debutan por una ocurrencia inesperada de su técnico o alguna lesión de un infortunado compañero, o simplemente porque el destino así lo tenía marcado.</p>
<p>Miles de versiones encuentro, sólo un denominador común: todos están emocionados, con la ilusión a flor de piel. “El día ha llegado, gracias”, me imagino que debe ser la frase más pensada entre todos los debutantes…</p>
<p><strong>EL FUT Y YO</strong><br />
Les contaba entonces que mi perfil nunca fue el de futbolista, a pesar de que en la secundaria me rapé para parecerme a Mohamed y más o menos con los mismos kilitos de más que el <em>Turco</em>, repartí caños, sombreritos, uno que otro quiebre y dizque clase en la cuadra, donde los apodos de mis compañeros de equipo y rivales eran <em>La Perra</em>, <em>El Verruga</em>, <em>El Caver</em>, <em>El Natas</em>, <em>La Pulga</em>, <em>La Polla</em> y <em>El Puma</em>, por nombrar a algunos de los más constantes del cuadro.</p>
<p>En la prepa me saltaba las clases para jugar futbol y en la Universidad mis dotes defensivos me hicieron ganarme el apodo de <em>Príncipe</em>, por la elegancia de mis movimientos que provocaban que me confundieran con <em>Rafa</em> Márquez (sarcasmo).</p>
<p>El fútbol ha sido un eje paralelo en mi vida y aunque siempre fui consciente que lo mío no era jugarlo de forma profesional, decidí entonces vincularlo con mi vocación: El periodismo. Al final de cuentas soy un adicto a este deporte.</p>
<p>La pubertad se marchó seguida de la adolescencia. De esas veces que vas ganando 2 a 0 y que te dan vuelta el partido en un santiamén, así se voltea la vida de repente cuando caminas por la veintena de años, cuando ya eres un adulto y te cuesta dejar de comportarte como un niño. El famoso marcador mas engañoso.</p>
<p>Con la Universidad por llegar a su fin y después de la época más pasional de mi etapa como aficionado (Locura 81), de repente la vida me da un regalo anticipado, el cual no supe conservar. Trabajar en el área de mercadotecnia y comunicación de un equipo profesional, donde tuve la fortuna de trabajar con mentes brillantes, además de vivir un sueño, ya que parte de la chamba consistía en ser la sombra del primer equipo, es decir, viajar con ellos, compartir concentraciones, enojos y anécdotas de muchos profesionales, algunos ídolos particulares como Darío Franco o el <em>Fantasma</em> Figueroa.</p>
<p>Después de cuatro años de vivencias, dejé de ser parte del equipo de mi vida, pero comencé entonces a formar mi camino en el mundo de las letras. Gracias a un gran amigo llegué a la redacción de un periódico para escribir sobre deportes, amateurs en su mayoría. Fuentes tan diversas como el ajedrez o el tae kwon do me correspondían, cada una con su peculiar sabor y así la pasión por el periodismo brotó.</p>
<p><strong>ELBUENFÚTBOL*</strong><br />
No tuve la fortuna de escuchar al maestro Ángel Fernández y mi inclinación siempre fue más a la forma en la que Marcelo Araujo narraba las hazañas de River y  <em>Burrito</em> Ortega, era otra época del <em>Millo</em> claro, allá por el año 2000, cuando jugaban juntos los 4 Fantásticos, Ortega, Aimar, Saviola y Ángel. Uno de mis sueños es narrar con esa vehemencia y ritmo algún partido.</p>
<p>Cito como ejemplo a Araujo porque nunca me he conformado con lo que el periodismo deportivo en México está acostumbrado a ofrecer. Los apellidos de siempre y sus aportaciones me parecían cada vez menores, de repente me enfrenté a una ausencia de interés por el contenido de los medios de comunicación, puesto que hablar de fútbol dejó de ser prioridad en muchos de los casos.</p>
<p>En esas andaba cuando en un rato de ocio me asomé al Twitter y descubrí una página, <a href="http://www.futbolsapiens.com" target="_blank"><em>FutbolSapiens</em></a>. “Interesante”, pensé. Al cabo de revisarla constantemente durante dos semanas no pude más y me aventuré a pedir chance para colaborar en ella, mandando crónicas de los juegos de Morelia. Me dijeron que sí y entonces sentí que daba un paso hacia delante.</p>
<p>Muchas han sido las satisfacciones en esta faceta de dar rienda suelta a los dedos y teclear para informar, pero la que más me llena, es sin duda la de contar historias, reales, ficticias, mitad y mitad, o como sea, pero siempre con sentimiento, con algún dejo de nostalgia, con la oportunidad de aprender algo al leer. </p>
<p>Elías, Jairo, Sergio, Emiliano, Marcelo, Jorge, Rodrigo. El grupo de capos citados al principio de este relato llegaron a tapar ese hueco. Los conocí por su trabajo, su valiente obra, su aventurada osadía de ir contracorriente y hacer una pausa en el mundo virtual para escribirnos de futbol, de su esencia, sus héroes, mitos, realidades y fantasías, como solo ellos pueden hacerlo. Me enamoré de su proyecto y me convertí en un seguidor.</p>
<p><strong>EL DEBUT</strong><br />
La semana pasada recibí una invitación, asistir al DF para repartir talento entre la gente que hace posible <a href="http://www.futbolsapiens.com" target="_blank"><em>FutbolSapiens</em></a>. En el viaje de ida en el autobús comencé a escribir este relato, sin saber en que terminaría, sin siquiera imaginármelo, simplemente brotó porque me sentía como aquellos jugadores a los que solía invadir antes de su debut. </p>
<p>Sentía esa emoción, un nudo de nervios en el estómago, ganas de mostrarme, de aparecer, por fin conocería a esos cuates que admiraba, al grupo de piratas que invadió la red para tratar de cambiar la forma en la que se lee el fútbol. A los precursores de este movimiento que intenta mostrar el lado más noble de este deporte, el que se siente y no se vende.</p>
<p>La cáscara estuvo buena. No apareció ningún crack como era de esperarse. Barak soltó algún improperio producto de la impotencia de estar con el equipo perdedor y cerramos con una convivencia con sabor a hamburguesas, nada mal para el viaje de un provinciano, apenas lo justo para soltar el nervio.</p>
<p>El sol apretó, raro en diciembre en el Distrito Federal, y entonces alguien tuvo la idea que cambió la tarde. “Vamos por unas cervezas”. 90 minutos para romper el hielo en el siempre relajante tránsito capital hasta llegar al Salón Corona. Ambientazo, al fluir de la buena vibra, la charla llegó natural. </p>
<p>Fútbol argentino, uruguayo, que si los uniformes de los ochentas eran más bonitos que los de ahora, aquellos cuartos de final donde el <em>Mudo</em> Juárez echó al América en el &#8217;97, el Mundial de Estados Unidos. Otra cerveza. Que si el mítico Venustiano Carranza, el regalo de Andrés D’ Alessandro que llegó a mis manos gracias a Wilson Tiago, anécdota sobre <em>Cholita</em> y <em>El Mago</em>, que si el América otra vez, la anécdota de Ángel Fernández narrando bailes, que las tortas del estadio Azul, la sencillez de todos, nuestra responsabilidad como periodistas de no dejar morir ese fútbol, la bienvenida imborrable. Una tarde para enmarcar.</p>
<p>Dejé por primera vez de imaginarme lo que sienten los debutantes para vivir el mío propio. Mi compromiso es con el buen fútbol, con los valores, con la nostalgia. Soy Marco y este es mi debut. Gracias.</p>
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		<title>Otro aroma del perfume de gardenias</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 19:51:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de fútbol]]></category>

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<p>Todas las mañanas de cada sábado la plazuela de mi barrio se engalana con personas de la tercera edad. Abuelitos y abuelitas se reúnen con un solo objetivo, bailar. A ritmo de danzón, mambo, rumba y chachachá reviven sus juventudes y le sacan lustro a la tarima con pasos respetuosos a la canción escuchada. Ya sea con grupo en vivo o sonido improvisado, los ancianos se mueven con frescura al compás de los éxitos de Pérez Prado, la Sonora Santanera, Mike Laure, entre otros. </p>
<p>Durante los lapsos de reposo, pues también necesitan tomar aire, nuestros adultos mayores cantan boleros. Un himno es <em>Nuestro Juramento</em>, que en la voz de Julio Jaramillo los transporta a sus años mozos y se aman como si fuera la primera vez. Beso cálido y sincero, abrazo eterno y palabras envueltas en una lágrima de agradecimiento. “¿Te acuerdas? | Claro que sí, viejito. Ese día me regalaste un ramo de rosas | Y desde ese día hasta hoy seguimos juntos”. </p>
<p>Alrededor de la plazuela hay varios cafés. El sábado pasado me dirigía a uno de ellos para disponerme a leer, pero al ver a los abuelitos tan llenos de vida opté por contemplarlos bailar. Me senté en una de las sillas colocadas frente a la tarima que funge como pista. Uno de los viejitos que más llamó mi atención fue el maestro de ceremonias. Con traje de pachuco impecable, Don Lucho sostenía el micrófono con una pasión extraordinaria, muy de antaño pero no pasada de moda. De su boca se desprendían verdades que los jóvenes de hoy distorsionamos respecto al amor. Previo a <em>Luces de Nueva York</em>, Don Lucho hizo una presentación más o menos así: </p>
<p><em>“Hay mariposas, destellos de libertad que nos brinda la naturaleza, que a veces se ponen precio. Esas bellezas no cobran por seducirnos ni para atraparnos en el pecado. Fingen ganar una moneda para callar nuestros impulsos de amar. No nos cobran un instante ni pagamos un momento, simplemente intercambiamos un amor confundido”</em>. </p>
<p>Una vez dicho esto, se arranca: “Venga niños, con ustedes la Santanera”.</p>
<p><strong>Don Ángel</strong></p>
<p>Al admirar a Don Lucho me pregunté qué habrán sentido todos aquellos que se agasajaron con las narraciones de Don Ángel Fernández en los salones de baile. Y es que en su artículo <em>Haz el bien sin mirar a la rubia</em>, publicado en la revista <em>Rolling Stone</em>, Juan Villoro nos obsequia una anécdota de una de las voces más emblemáticas que ha tenido la crónica deportiva de nuestro país, la del mítico Ángel Fernández.</p>
<p>En dicho texto, Villoro refiere que durante una época Ángel Fernández se desempeñó como la voz oficial del grupo Audaz en cada una de sus tocadas. Sí, el hombre que caracterizó a cientos de futbolistas con motes ingeniosos o que esbozaba frases tan vibrantes como “no la falles Borja” también fue capaz, humilde, de convertir una pista de baile en una hazaña con tintes gloriosos. “Así, los bailarines de barrio se convirtieron en protagonistas de una gesta homérica”, apunta Villoro.</p>
<p>Animador de los bailes, narrador de cada paso y movimiento de las parejas que le sacaban brillo a la pista, inventor de proezas sobre lo que ocurría en cada rincón del salón en turno, Ángel Fernández cultivó una faceta que poco a poco se pierde en estos tiempos, la voz del bailongo. Histórico en el ámbito deportivo, Don Ángel Fernández, merecidamente recordado por Villoro, también debe ser valorado por la magnitud de integración que tuvo con la sociedad, esa que como puede sentir un partido de fútbol también se divierte en una pista de baile. </p>
<p>Hoy en día los narradores o cronistas a lo más que llegan en su vínculo con los demás es en aparecer en un sinfín de comerciales para promover el consumo. No imagino a uno de ellos venciendo su propia historia u orgullo para pararse en un salón de baile y amenizar el ambiente por el gusto de hacerlo, para hacerle sentir a la gente que es uno de nosotros y no alguien ajeno a nuestra cultura. </p>
<p><strong>Perfume de gardenias</strong></p>
<p>Acabada <em>Luces de Nueva York</em>, Don Lucho volvió al micrófono para presentar <em>Perfume de Gardenias</em>. No me había dado cuenta hasta que él lo dijo: “Veo con agrado que muchos jóvenes nos acompañan y aplauden con la mirada”. En efecto, a mi alrededor había varios chavos gozosos de contemplar a los abuelitos.</p>
<p>“<em>Niños, niñas y presentes que nos acompañan. La siguiente canción estará dedicada  a esta juventud que hoy nos rinde tributo con su estoica figura de asombro. No es que nos vean como reliquias movibles, sino como el sueño de un futuro que desean heredemos. Y así será.</p>
<p>Para eso pido que nos sigan. Jóvenes, jovencitas, un perfume de gardenias no es un aroma para llorar la ausencia. No. Es el silencio respetuoso con el cual nos rendimos ante la diosa que con su existencia nos indica que estamos vivos. El corazón también huele, todo es cuestión de que desarrollen el sentido del olfato. Una vez impregnados del aroma de su nombre, de su belleza, el corazón se encargará de mantenernos firmes. Un ejemplo es bailar. Atrévanse a sentir y a respirar este perfume de gardenias. ¡Que se escuche la Santanera”</em>.</p>
<p>Los jóvenes que llevaban pareja subieron a la tarima. Los que iban solos fueron acogidos por un abuelito o una abuelita prestos a orientarlos en los pasos. Un servidor huyó en el intento, pero antes fue interceptado por Don Lucho. “¿Ya te vas, hijo? | Ya. Tengo chamba por hacer | Entiendo. Te vi contento viendo a los niños | No es para menos |  Por lo que alcanzo a ver imagino que no tienes pareja | Así es | Recuerda que para sentir no hay prisa. Concédele tiempo a tus sentimientos. Hoy lo hiciste y mira, te vas contento. Hazlo también con una mujer.</p>
<p>Partí con la reflexión de sus palabras, así como imaginándome que habrán sentido todos aquellos que vibraron con la voz de Ángel Fernández en los salones de baile. </p>
<p>*NOTA. El video es sobre el grupo Audaz y no sobre la Santanera, pues el fin también es que escuchen la voz de Don Ángel Fernández.
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		<title>&#8220;Don Nacho&#8221; el incomprendido</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 07:33:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Sánchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias vivas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Club Cruz Azul]]></category>
		<category><![CDATA[Ignacio Trelles]]></category>
		<category><![CDATA[Leones Negros de la UdeG]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos los sábados de retitas se le veía ahí pegado a la banda, gritando y dando indicaciones. Algunos lo volteaban a ver extrañados, hasta se reían, otros le decían que se hiciera para atrás que le podían dar un balonazo y algunos, los menos, le levantaban el pulgar y hacían caso omiso de las indicaciones. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/12/2011.12.10-silla1.jpg" alt="" title="La silla de Don Guillermo" width="400" height="222" class="alignright size-full wp-image-22801" />Todos los sábados de retitas se le veía ahí pegado a la banda, gritando y dando indicaciones. Algunos lo volteaban a ver extrañados, hasta se reían, otros le decían que se hiciera para atrás que le podían dar un balonazo y algunos, los menos, le levantaban el pulgar y hacían caso omiso de las indicaciones.</p>
<p>Su pasión por estar pegado a la banda era impresionante, tengo que aceptarlo, y no faltaba el que desde las graditas cuestionaba los gritos y berrinches que hacía cuando se sabía ignorado. “Ese cabrón se siente DT”, <em>Don Nacho</em>, le decían de burla y se orinaban de la risa. Tengo que aceptar que alguna de esas veces yo también solté una o dos carcajadas, la neta.</p>
<p>Llegó a ser tan normal verlo ahí, siempre con su cachucha de los Leones Negros de la U de G, vieja, aporreada, de esas que tenían miles de orificios pequeñitos en la parte de la nuca, ahora toda parchada y con grapas en la correa para que pudiera cerrar, pero eso sí, con el escudo, o lo que se podía apreciar del mismo, en todo el frente luciendo a más no poder. </p>
<p>También era normal verlo retirarse de las canchas tras una jornada dura de trabajo, de muchos gritos, corajes, asoleado la mayor de las veces, y siempre acompañado de una mujer que llegaba por él a la misma hora cada sábado, las dos de la tarde aproximadamente. No sé bien a qué hora iniciaba su chamba en el lugar, pero para las once de la mañana que yo llegaba, él ya estaba ahí, siempre con su gorra, siempre dando indicaciones, siempre ignorado.</p>
<p>Uno de esos tantos sábados me paré junto a él pues realmente me parecía coherente lo que gritaba, sus instrucciones tenían algo de sentido si no es que mucho, pero en unas retitas a nadie le importa respetar una línea de dos en defensa, con tres medios, dos bien abiertos y un delantero que también bajara a defender, además de un portero que la hiciera casi, casi de líbero. De que era ofensivo lo era.</p>
<p>Recuerdo que alguna vez me tocó un regaño y hasta un ¡carajo a quién le centras, no hay nadie! (seguido de un chingada madre). Era todo un apasionado y por eso me acerqué como si nada, ahí a dos metritos de él. Me vio y me dijo que ahora nadie sabía jugar futbol, que nadie entendía el juego, que había quienes jugaban muy bien pero no entendían que era un deporte de conjunto y fue entonces que me platicó parte de su historia.</p>
<p>Para no hacerles más largo el cuento, don Guillermo, (ese era su nombre real), había jugado futbol en su juventud. Llegó a formar parte de las fuerzas inferiores del Cruz Azul aunque siempre había sido seguidor de la U de G., y su gorra se la regaló sí, Don Nacho Trelles en 1989, se supone que tenía un autógrafo pero los años…</p>
<p>No la hizo como futbolista y le entró a la dirección técnica llanera, pues según él tenía conocimientos suficientes para hacerlo. Entrenó a dos equipos y hasta salió campeón en alguna ocasión en una final inolvidable, me contó. Mientras platicaba su historia gritaba, daba órdenes y maldecía a todo aquel que no soltaba el balón y que se quería burlar a todos sin respetar el esfuerzo de sus compañeros, estaba furioso, manoteaba y me decía, &#8220;¿ves, ves lo que te digo?&#8221;</p>
<p>En fin, dieron las dos de la tarde y como relojito llegó su esposa por él. Don Guillermo se alistó, le quitó el freno a las ruedas de su silla pues fuera de la cancha el terreno estaba en declive, se giró, justo cuando su &#8220;doña&#8221; le sonreía y le preguntaba que cómo le había ido, él respondió, “pues al menos hoy alguien sí me escuchó”, me dio las gracias y quedamos de vernos el siguiente sábado. Yo no regresé hasta dos meses después quizás, ya no lo vi y a la fecha no sabemos nada de él. </p>
<p>No falta el que aun pregunta por <em>Don Nacho</em> y se sigue riendo. No faltan las retas llenas de cabrones que se sienten Messi o Cristiano y que nomás no meten una. Lo que sí falta es ver a alguien que mire con interés las retitas, esas que son un desorden total y que a veces tardan hasta media hora o más en llegar a los dos goles porque todos quieren vestirse de gloria sin respetar el esfuerzo de los demás.</p>
<p><em>Don Nacho</em> tenía mucha razón, lástima que nadie lo comprendía&#8230;</p>
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		<title>Muñecos y Chinos, edades de gloria</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 19:06:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fútbol Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Primera División Profesional de Uruguay]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Recoba]]></category>
		<category><![CDATA[Club Nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol Uruguayo]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Gallardo]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- ProPlayer by Isa Goksu --><div name="mediaspace" id="mediaspace"><div class="pro-player-container" width="400px" height="350px"><div id="pro-player-22788pp-single-4f2f46b2510fb"></div></div></div><script type="text/javascript" charset="utf-8">var flashvars = {width: "400",height: "350",autostart: "false",repeat: "false",backcolor: "ffffff",frontcolor: "97d3e6",lightcolor: "e70303",stretching: "exactfit",enablejs: "true",mute: "false",skin: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/skins/bekle.swf",logo: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/watermark.png",image: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/preview.png",plugins: "",javascriptid: "22788pp-single-4f2f46b2510fb",image: "http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/preview.png",file: 'http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/playlist-controller.php?pp_playlist_id=22788pp-single-4f2f46b2510fb&sid=1328498354'};var params = {wmode: "transparent",allowfullscreen: "true",allowscriptaccess: "always",allownetworking: "all"};var attributes = {id: "obj-pro-player-22788pp-single-4f2f46b2510fb",name: "obj-pro-player-22788pp-single-4f2f46b2510fb"};swfobject.embedSWF("http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/plugins/proplayer/players/player.swf", "pro-player-22788pp-single-4f2f46b2510fb", "400", "350", "9.0.0", false, flashvars, params, attributes);</script>Estoy próximo a cumplir 30 años. La edad no pesa, pero acomoda. El sentido de responsabilidad no es el mismo que se tenía a los 18. Las charlas con los amigos ya cobran otros matices, del “vamos a comernos al mundo” pasamos al “me voy a casar” o “tengo que comprar los pañales”. Aún con 29 ayeres a cuestas surgen cuestionamientos sobre si estoy joven o viejo para llevar a cabo ciertas cosas, dudas en ocasiones exageradas que exprimen una respuesta poco pensada para aligerar la presión mental. Pero ahí está el fútbol, ese espectáculo que si se valora como un espejo de la realidad y no como una enajenación impuesta puede brindarnos panoramas de orientación.</p>
<p>Mientras el mundo se mantiene cautivo por el duelo Real Madrid-Barcelona en Uruguay dos hombres de 35 años le han dado el título a Nacional, uno entrenador, otro delantero. Apenas había colgado los botines como jugador, Marcelo Gallardo asumió el cargo de director técnico del equipo charrúa. Muy joven se aventó al ruedo de vivir la otra cara importante de las canchas; transformó el placer de jugar y construir con el balón por generar fútbol a partir de la banca, sitio donde generalmente se duplica la presión y el placer aparece en silencio. </p>
<p>Hay técnicos que pasan años para poder afinar su carácter y transmitir respeto en un vestidor. Existen otros que imponen su autoridad con base en obsesiones tácticas olvidándose del sentido humano con su plantel. Peor aún con aquellos que exigen, ordenan y le priorizan a sus jugadores que antes de disfrutar está el resultado. Sin embargo, y a sus 35 años, el <em>Muñeco </em>logró su primer título como entrenador, en su primera temporada como técnico, basándose en la premisa de “disfrutar y el grupo somos todos”.</p>
<p>Durante una etapa del torneo uruguayo, Nacional estaba en crisis de resultados y eso motivó a la directiva a presionar al plantel. O sumaban puntos o habría cambios, incluso amenazaron con fichar futbolistas a expensas del entrenador. Pero Gallardo intervino y con serenidad puso tranquilidad. Primero enfatizó que antes de los resultados estaba el interés de que el grupo entendiera que lo importante era disfrutar del juego para después entrar en armonía con indicaciones tácticas. También reunió a sus jugadores para decirles “acá no viene nadie” y les demostró toda su confianza, misma que fue retribuida por el plantel hacia su técnico. </p>
<p>Tras ese mensaje de unidad, Gallardo sí le dijo a su grupo de jugadores, así como a la directiva, que necesitaba de un solo refuerzo, de un delantero con trayectoria que además contara con perfil de guía para incentivar al resto. Y así, en julio pasado, llegó Álvaro Recoba al equipo. El <em>Chino </em>arribó procedente de Danubio y pocos confiaban en sus 35 años, pues ya estaba “viejo” para aportar.  </p>
<p>Sin embargo, Recoba, en cinco meses, le dio la vuelta a las críticas. No hizo muchos goles, mas en cambio logró cumplir con el objetivo por el cual Gallardo lo llevó a Nacional: generó confianza y levantó la autoestima en el plantel. Pero faltaba lo mejor. Premio al acierto del <em>Muñeco </em>como al aporte de Recoba, el <em>Chino </em>fue el encargado de hacer el gol que le ha dado el campeonato a Nacional.  Con una genialidad, Recoba metió un zurdazo desde afuera del área para acomodar el balón al poste derecho del portero de Liverpool. Dicha jugada exhibió que el fútbol en sus botines no tiene edad, que el virtuosismo no se encapsula con tormentos del tiempo. </p>
<p>Al término del partido, el hombre de 35 años que funge como entrenador festejó de manera rápida con sus jugadores. Los abrazó, de paso saludó a la hinchada y corrió a los vestidores para tomar sus pertenencias e irse al aeropuerto, donde abordaría un avión con destino a Buenos Aires. Gallardo no quiso ser el centro de atención, le dejó la gloria a esos futbolistas que aprendieron a disfrutar y que con base en ello construyeron el título que ganaron en la cancha con fútbol.</p>
<p>Asimismo, el <em>Muñeco </em>huyó a manera de homenaje a Recoba. Aunque no lo diga, Gallardo escapó para permitirle al <em>Chino </em>ser la viva imagen de que la edad no está peleada con la gloria. El técnico sabe que Recoba está en la recta final de su carrera y por eso lo dejó disfrutar al máximo con el resto del plantel; los medios que le criticaron ahora lo enaltecían.</p>
<p>Así las cosas, no llevo prisa. Ya cumpliré 30 y en mí está saber lo que quiero y cómo deseo generarlo. </p>
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		<title>Cuando puedan conozcan a Sada</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 18:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El balón tiene letras]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Sada]]></category>

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		<description><![CDATA[No todos los días los futboleros vivimos en un estadio o pegados a un televisor. Tampoco nos la pasamos de comida en comida para presumirnos logros indignos de reconocimiento. Cierto, nos apasiona el balón, pero también nos fascinan otros placeres de la vida y uno de ellos es la lectura. No somos cultos ni intelectuales. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/11/2011.11.22-sada.jpg" alt="Daniel Sada" title="Daniel Sada" width="403" height="302" class="alignright size-full wp-image-22754" />No todos los días los futboleros vivimos en un estadio o pegados a un televisor. Tampoco nos la pasamos de comida en comida para presumirnos logros indignos de reconocimiento. Cierto, nos apasiona el balón, pero también nos fascinan otros placeres de la vida y uno de ellos es la lectura.</p>
<p>No somos cultos ni intelectuales. Simplemente somos unos entes inquietos por conocer de otras cosas; algunos por su deseo de saber, otros por su terquedad de distraerse. Pero hay autores, escritores que nos atrapan por igual debido a la forma de contarnos el mundo que ellos sienten, viven y conciben; un mundo que ya quisiéramos plasmar en unas letras de fútbol. </p>
<p>Uno de esos escritores es Daniel Sada. Lamentablemente su talento ya no nos acompañará en el aspecto físico, pues falleció el pasado 19 de noviembre. Sin embargo su genialidad, inscrita en obras que a algunos nos han endulzado la vida, perdurará. Víctima de una insuficiencia renal terminal, el escritor, originario de Mexicali, partió dejándonos un legado amplio en lenguaje y maestro en narrativa.</p>
<p>¿Qué tiene que ver Sada con el fútbol? Nada. Pero a la vez mucho. Si aprendiéramos que no todo son números y compra de playeras podríamos alcanzar a presenciar que el fútbol arroja un sinfín de vidas, de historias que no pueden ni deben ser ajenas a un deporte donde convergen seres marcados por diversas circunstancias que terminan unidos en el grito de un gol. Y para este efecto qué mejor que leer a Sada, al hombre que convirtió al desierto en un bosque, tal como lo describió Juan Villoro.</p>
<p>Seguimos quedando huérfanos de talentos. No por ello debemos pagarles con olvido. Si pueden y tienen tiempo háganse acompañar de Sada por un momento. Donde quiera que esté, mi agradecimiento a ese escritor que por azares del destino puso en mis manos uno de sus cuentos, <em>El aprovechado</em>, texto que de alguna u otra manera ha servido de influencia para los relatos que de vez en cuando escribe su servidor.
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		<title>La novia del amigo</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Nov 2011 07:51:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elías Leonardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Historias, sueños y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Y otras emociones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de fútbol]]></category>

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		<description><![CDATA[Una de las incomodidades más dañinas para un futbolero radica en verse invadido por seres que desprecian al fútbol. Más aun cuando se da en una charla que, bajo el ritmo de unos tragos, tiene como tema principal al balón. Lo peor del caso es que a final de cuentas se salen con la suya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.elbuenfutbol.com/periodismo/wp-content/uploads/2011/11/2011.11.14-nochesbohemias.jpeg" alt="La novia del amigo" title="La novia del amigo" width="442" height="248" class="alignright size-full wp-image-22712" />Una de las incomodidades más dañinas para un futbolero radica en verse invadido por seres que desprecian al fútbol. Más aun cuando se da en una charla que, bajo el ritmo de unos tragos, tiene como tema principal al balón. Lo peor del caso es que a final de cuentas se salen con la suya y todo lo que pintaba para ser un rato ameno termina en una batalla verbal de todos contra todos, una riña campal de verborrea donde se habla de todo menos de fútbol. </p>
<p>Uno de esos seres que cumple con el perfil idóneo para alterar el orden, el rito de la bohemia futbolera, es la novia del amigo. Aclaro, no todas las novias. He aquí un caso de aquellas que se empeñan en acabar con el instante:</p>
<p>Nunca falta el camarada enamorado de una mujer posesiva, de una chica que no lo suelta ni para ir al baño. Cuando el susodicho tiene ganas de ir con los cuates a hablar de fútbol, ella también va. Sabedora de que todos se clavan en el tema, la chica no está dispuesta a ser ignorada por el galán y comienza a poner en marcha su plan destructor.</p>
<p>Coge su teléfono celular una y otra vez  ya sea para llamar, jugar o nomás para ver la hora. Inquieta, y maliciosa al saber que ya comienza a estresar a los cuates, la chica prosigue con los bostezos constantes, marcados cada 30 segundos. “¿Estás bien, mi amor?” | “Sí, muy bien. Lo que pasa es que tengo un poco de sueño”. Pasada la ficción de la flojera, prosigue con gestos y muecas. Simula tener dolor de cabeza. “¿Segura que estás bien?” | “Sí, pero es que siento que me falta aire”. </p>
<p>Mientras el galán se rinde ante “el sentir” de su amada, el resto nos miramos y nuestras mentes, ya alteradas, coinciden en pensar “ya que se vaya”. Por respeto al corazón del camarada no decimos nada, aguantamos. Sin embargo ella no descansa en su afán agresor. En cuanto escucha una canción, así sea impropia para bailar, como una rola de José José, la chica hace como que se prende y le insiste al cuate en que bailen porque, de buenas a primeras, esa es la canción que más le fascina. </p>
<p>La culminación de su incesante plan viene cuando a grito pelado quiere que todo mundo juegue <em>Basta</em>. “Ya, ya, ya. Fue mucho fútbol por hoy. Ahora todos saquen sus papelitos y juguemos”, ordena con una sonrisa maquiavélica. Es aquí cuando ya se amoló la cosa. Uno de los cuates, harto de la situación, pero caballero ante todo, le dice: “Mira, si ya te quieres ir llamamos a un taxi”.</p>
<p>Ofendida, la otra estalla en cólera y comienza con una letanía. Primero nos tunde a los incomprendidos y sonsacadores que hacemos de su novio, nuestro amigo, un haragán. “Yo no me voy en un taxi. No te tomes molestias que no he pedido”, expresa en tono sarcástico. Prosigue: “Que ustedes no tengan novia o tengan a una chica tonta que los aguante con sus porquerías es su problema. A mi chiquito sólo le quitan el tiempo para enajenarlo y lo hacen porque están celosos de no tener una mujer como yo”.</p>
<p>El amigo trata de calmar inútilmente a la dama, pues con su “mi amor, tranquila” provoca que aumente la ira de su amada. “No, no, no, no me toques. Si estoy aquí es porque te amo, pero no voy a soportar que estos tipos me falten al respeto y que aparte tú te quedes sin hacer nada para defenderme”. ¿En qué momento alguien la insultó? </p>
<p>Entre la espada y la pared, el amigo voltea a todos lados con el rosto cargado de angustia. No sabe qué hacer. Es entonces cuando otro de los cuates interviene y le solicita de buena manera a la chica que se tranquilice y hasta le propone que en lugar de jugar <em>Basta </em>platiquemos de otra cosa. Pero otro camarada, enojado ya por la situación, advierte con voz serena: “Yo no vine a jugar esas cosas”.</p>
<p>Y el rostro de angustia de nuestro amigo enamorado se transforma en una cara seria, amenazante, y se suelta: “Uy, no fuera tu vieja la que proponga que juguemos dominó porque ahí sí te pones blandito”. Se armó la revolución. “No metas a mi vieja en esto. Ella ni siquiera está aquí, así que bájale”.  De repente ya todos intervenimos y comenzamos a resaltarnos nuestros defectos. “Es que tú eres así. No te lo había querido decir porque no soy tan ojete como tú”, “Y ese güey no habla porque sabe que tiene cola que le pisen”, “La neta siempre me ha cagado que creas tener la razón”. En fin.</p>
<p>Mientras la banda nos tundimos a diestra y siniestra, la orquestadora del plan, la novia del amigo, se da un deleite con el manjar del chisme. Vaya, hasta se le quita lo enojada y se integra con singular alegría al hervidero: “Elías, acepta que a veces sí eres bien mamón y que te cuesta aceptar que te digan tus errores”. </p>
<p>Secas las gargantas, exprimidas las vísceras, todo vuelve a su cauce para poner punto final al encuentro. Molestos todos nos vamos a nuestras respectivas casas. Eso sí, la novia del amigo todavía se atreve a despedirse pidiéndonos que nos vayamos con cuidado. Por si fuera poco abraza al amigo y se le va en demostraciones de afecto marca <em>no friegues</em>. “Te amo. Me gusta mucho estar contigo”.</p>
<p>Ante estos casos bien valdría pedir, que no jugar, <em>Basta</em>.</p>
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