Así, sí es negocio

Un gran noche para nuestros paisanos fue la de ayer en el Rose Bowl de Pasadena, donde la Selección Mexicana venció a la de Nueva Zelanda por 2-0 con una actuación buena en general y con momentos explosivos del Tri que propiciaron el júbilo de miles y miles de fanáticos mexicanos que hicieron la gran entrada en el inmueble. Cerca de 90 mil aficionados gozaron y vivieron con toda intensidad el accionar de los verdes, que con sus jugadores más importantes, redondeó una gran actuación festejada por nuestros compatriotas con mucha pasión, cariño y folclor mexicano.

Queda claro que este tipo de partidos, cuando generan tanta expectación, son un negocio redondo para todos los organizadores y federativos, sobre todo los de México que insisten en llevar al Tri a la Unión Americana a jugar cuanto partido les salga.

La idea de jugar allá es conveniente por donde se le vea, sobre todo cuando se llenan los estadios, pero al mismo tiempo el equipo mexicano se convierte en un extraño en su tierra, pues presiento que México es uno de los países en donde menos juega su Selección a excepción de las eliminatorias. La realidad es que de no traer rivales importantes, el Azteca no se llenaría, cuestión que en los demás estados de la República quizás sería al contrario, pero la capacidad de los inmuebles y el precio de los boletos en pesos mexicanos, simplemente no conviene a nuestros federativos. Está claro, hay que meterle billetes y en serio al asunto, y recurrir al mercado nacional en Estados Unidos, es la mejor opción.

La de ayer fue una noche redonda, pero el problema es que juntar a un equipo titular, como sucedió esta ocasión con el Tri, no es cosa de todos los días. Cuando pasa lo contrario, reluce más el interés monetario, exclusivo de unos cuantos, que con tal de obtener ganancias, organizan juegos entre equipos latinos para juntar aficiones radicadas allá y hacer de un partido intrascendente y de mala calidad, en la mayor de las ocasiones, un beneficio para ellos. Ahí es donde la afición es utilizada pues con tal de estar cerca de sus raíces, asisten y pagan por un evento que de antemano se sabe será de mala calidad, pero al final eso no importa y la ocasión de juntarse y celebrar pasa a ser lo más importante.

¿No sería mejor que en vez de llevar partiditos mal planeados en Estados Unidos, los federativos organizaran tres o cuatro juegos al año, con equipo completo como ayer, aprovechar las fechas FIFA, llenar estadios de dimensiones importantes y entregar un espectáculo de buena calidad?  Igual esto le entregaría a los mexiccanos radicados allá mejores espectáculos y el beneficio sería mutuo. Sabemos que los intereses comerciales obligan muchas veces a jugar por jugar, pero si al menos lo pensaran un poco, quizás tendrían mayores beneficios, ¿no lo creen?

La filosofía de pan y circo es  aplicable perfectamente en este tipo de eventos, lo triste de este asunto, es que en la mayoría de las veces no se ven espectáculos de nivel, y al menos el de ayer fue un juego donde lució el equipo nacional, ante un equipo limitado ciertamente, pero mundialista al fin y al cabo, y los detalles de calidad de algunos futbolistas nacionales invadieron de ilusión los corazones de nuestros paisanos que aguantaron hasta la lluvia durante gran parte de la segunda mitad.

En fin, curiosamente la última fecha FIFA para el equipo mexicano se jugó en un inmueble para 90 mil aficionados, había que aprovechar la ocasión y al menos cumplieron con nuestros queridos paisanos, que sigue siendo, junto al equipo nacional, el móvil de los intereses económicos de directivos que saben y están conscientes, de cómo pueden sacarle agua hasta a las piedras, eso que ni qué.

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