Simplemente… grande

Simplemente, grande.

Así responden los equipos que se presumen grandes y dominantes, y lo que este sábado alcanzó el Madrid ante el Sevilla, se llama alto rendimiento. De por sí, un juego muy complicado ante uno de los mejores de España, el combativo Sevilla lleno de jugadores capaces de pegarle a cualquiera.

El Real Madrid hoy dio cátedra al frente, no así en su parte defensiva donde sigue padeciendo de un líder y es que ni Albiol, Arbeloa o el mismo Ramos, se deciden a tomar ese rol. Ezequiel Garay termina siendo el jugador más efectivo a la marca pero no mucho más.

Así se metió en problemas y de repente tenía uno en contra, con muchas llegadas a favor pero sin marcar en la meta de Andrés Palop, que por si fuera poco, está convertido en otro monstruo de la portería.

El equipo merengue pareciera que se vio forzado a atacar, pero la realidad es que eran dueños de las acciones. Un tanto cadenciosos en el ataque pero llegando a la portería contraria con claridad. Palop se lució y mantuvo el cero en la primera mitad.

El destino parecía que se contraponía al Madrid, pues Ivica Dragutinovic, en un error garrafal de Casillas, puso el 0-2 para los visitantes apenas iniciada la segunda mitad, y ahí se gestó la revolución merengue. Cambios inmediatos, entran Van der Vaart, Guti y más tarde Raúl, todo estaba dicho, era todo o nada, no había lugar al empate, había  que meter tres en 30 minutos.

Con un claro 3-4-3 como sistema para atacar, el Madrid fue un huracán, si de por sí ya sometía al Sevilla, con esto lo arrolló, lo devastó, lo hizo polvo. Los goles llegaron, primero Cristiano a pase Marcelo quien ya era un extremo clavado. Después Ramos en remate con la cabeza. Apenas en cuatro minutos el empate estaba puesto y venía lo mejor, pues ya con un estadio entregado y un Madrid crecidísimo, las cosas no podían tener otro final.

Tiros a los postes, desviadas de Palop, Higuaín que no la metía y Raúl que hasta de defensa jugó para el Sevilla al sacar un tiro claro de Ronaldo. Parecía que no llegaba, pero el Madrid se desbordó sobre un rival que ya no marcaba, ocupaba sus sitios pero nada más.

El tiempo de descuento llegó pero para los merengues, era lo mismo, pues iban a seguir atacando hasta que el árbitro, Eduardo Iturralde, silbara el final. Pero la fiesta estaba programada. En una de las incontables llegadas blancas, Van der Vaart, quien bajita la mano se ha hecho más importante en el equipo, aprovechó un rechace del portero y puso de cabeza al Bernabéu, que vivió una noche sensacional y vio a su equipo responder como siempre se espera del Real Madrid.

Noche mágica en Madrid, que fue testigo de un conjunto que empieza a tener la misma consistencia en todos los juegos. La irregularidad empieza a quedar atrás aunque por momentos dentro de los mismos partidos, da la impresión de que se complican ellos mismos por errores que siguen estando ahí, y que seguramente serán reflexionados rápidamente, pues se viene la vuelta de Chamipons ante el Lyon, que será otro juego lleno de tensión y seguramente muy complicado para un Real Madrid que tendrá que emplearse a fondo para sacar adelante la eliminatoria europea.

Real Madrid comparte la cima con el Barcelona y lo consiguió en una noche mágica en el Bernabéu.

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