Maracanazo argentino: El equipo albiceleste derrotó a Brasil y a Bolsonaro

Por primera vez en 28 años Argentina conquistó la Copa América, y por primera vez el astro del fútbol mundial, Leo Messi, consigue ganar esta Copa con la selección de su país. Más allá del desarrollo del torneo en un momento sumamente delicado para todo el planeta, el once albiceleste fue justo y digno ganador de un juego plagado de violencia e interrupciones -al igual que la mayor parte del campeonato- donde brillaron los cruces mal intencionados y estuvo ausente el talento de las grandes estrellas que retroalimentan los principales clubes europeos. 

Después de 20 minutos de muchos golpes y escasa técnica, llegó la lucidez del volante argentino Rodrigo De Paul, envió un largo cambio de frente al delantero Ángel Di María, quién con lujo y calidad elevó el esférico por encima del espigado portero Ederson. 1-0 favor del equipo argentino, que de ahí en más y salvo esporádicos contragolpes aguantó con fiereza el gol de ventaja y llegó al final con algunos sustos, pero con una gallardía y un coraje que lo convirtió al paso de los minutos en un merecido campeón. 

Brasil perdió por primera vez en el Maracaná desde aquella mítica final de 1950 contra Uruguay. Pero sucede que Brasil no sólo pierde contra Argentina, sino que también pierde y por goleada con la absurda e improvisada política de su gobierno, cuyo presidente no vacila en continuar con su conocido racismo, misoginia y valores neo nazis en un país que, desgraciadamente, hoy tiene más de 530.000 muertes producto de la pandemia. Haciendo gala de su acostumbrada soberbia y su falso histrionismo, Jair Bolsonaro vaticinaba en la pasada conferencia del Mercosur un resultado favorable a Brasil por 5-0, en una más de sus estúpidas diarreas verbales, tan llenas de vacuidad como de falta absoluta del sentido común. Ni siquiera el fútbol le sirvió esta vez para sus cacareadas bravuconadas.

El día de ayer la vieja y querida Selección Argentina no sólo dejó en ridículo al presidente Bolsonaro, sino que demostró que cuenta con la suficiente autoridad moral y experiencia para jugar de igual a igual contra el más grande, y en el escenario que fuera. Además, confirmó a Messi como el mejor jugador de la actualidad, sobre todo exigiendo rectificaciones a esa prensa acomodaticia y genuflexa que negaban a La Pulga su jerarquía con el «argumento» que no había ganado nada con su Selección mayor.

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