El hombre de las dos infancias en Tokio

En algún lugar de Bucarest debe haber un hombre mayor de 60 años entusiasmado por ver los partidos de la selección rumana en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Al interior de un departamento, un bar o una estación de policía, sea cual sea el lugar donde esté, acompaña ese gusto con un doble agradecimiento a la vida: sobrevivir a la pandemia y saber nuevamente a Rumania en un torneo olímpico, algo que no ocurría desde Tokio 1964.
¿Coincidencia? Tal vez. Pero seguro es que se trata de una benévola travesura del fútbol. A ese hombre, la capital japonesa le ha de significar un territorio especial en su gusto por el balón debido a que representa el albergue de las ilusiones en las dos infancias que vive un ser humano. ¿Cuáles? La niñez y la vejez. Toda vez que se llega a viejo, dicen, se vuelve a ser niño.
Ese hombre, muy probablemente, recuerda con más agrado el partido contra Irán en fase de grupos que el juego ante Hungría en Cuartos de final en 1964. Y es que contra los iraníes se anotó el último gol rumano en Juegos Olímpicos. El autor fue Cornel Pavlovici, delantero que gracias a eso alcanzó la inmortalidad en la memoria futbolera.
Pavlovici, el nómada de Bucarest que militó en 14 clubes rumanos a lo largo de 13 años de carrera, falleció en 2013. Con su muerte, se convirtió en leyenda, mayor aún porque el escritor Ilie Dobre publicó un libro sobre él titulado La fascinación del vacío
Pero en vida su figura pesó demasiado en todas las selecciones juveniles que no pudieron clasificar a Juegos Olímpicos. Era un fantasma viviente, una sombra con latidos. Bueno, así era hasta ahora. Su espíritu como gloria pasada podrá descansar en paz siempre y cuando Andrei Ivan o Adrian Petre escriban una renovada versión goleadora rumana.
Y el hombre entusiasmado por ver nuevamente a Rumania cerca del olimpo volverá a ser niño. Quizá, como mera probabilidad, el tiempo nunca transcurrió frente a sus ojos futboleros porque inició en Tokio y allí continúa. Eso lo sabrá cuando se borre o perdure el nombre de Cornel Pavlovici.
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