Nuestro Bella Vista querido

Para ser honesto, no recuerdo cómo llegué a Nicolás Guglielmetti. ¿Habrá sido por alguna publicación sobre River Plate? ¿Fue por uno de sus poemas futboleros? No lo sé. Lo cierto es que le conocí a través de las letras sobre el balón.

Quiero creer que sí fue por la poesía futbolera, un género literario nada común de escribirse y leerse en México. Pero en Argentina, su país, tiene su público. Los versos que Nicolás escribe cuentan con la particularidad de encaminarnos y adentrarnos al sentido de pertenencia, un rasgo en extinción dentro del fútbol mexicano por el sistema de franquicias que opera en la Liga MX. 

Desde el amor que nace por saberse de un club hasta convertir ese sentimiento en una lealtad incorruptible hacia los colores y escudo que se eligen para siempre, Nicolás se mueve a través de poemas, pero también con relatos. Y no lo hace solo. 

Bajo el entendido de que el fútbol es un juego de conjunto, él hace equipo con otros entes sensibles y emocionales cuando de la pelota se trata. Como en todo equipo, cada integrante aporta su visión en la función colectiva de construir. ¿Construir para qué? Para atacar con la intención de fortalecer la memoria de quienes fueron parte de las historias que se cuentan en el libro Mi Bella Vista querido.

Esteban Agudo, Pablo Duca, Nicolás Fernández Vicente, Diego García, Matías González, Gustavo López y Matías Roque, se complementan con Guglielmetti para ofrecer al público ajeno de sus sentires la oportunidad de descubrir o abrazar la añoranza del sentido de pertenencia, o lo que para algunos es el amor genuino y sin salida hacia un club. 

Bueno, a todo esto, ¿en qué cabeza cabe que un equipo de Bahía Blanca perteneciente a las categorías inferiores argentinas e ídolos desconocidos pueden interesar a la gente del exterior? La respuesta es sencilla: en cada una de los aventurados escritores que agarraron el corazón para utilizarlo como herramienta de juego en un libro que obliga al lector a sentir a Bella Vista como el club de toda su vida. Ellos dicen que es suyo, sin embargo, al terminar de leerlos, Bella Vista se vuelve nuestro. 

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