El saqueo también se llevó el fútbol

«En una cancha de fútbol se escenifican las tragedias y los dramas de una sociedad».
Osvaldo Soriano, escritor argentino.

El fútbol no sólo es un deporte, es una pasión, un hecho cultural que nos empatiza con el barrio, los amigos, la identidad que buscamos desde muy chicos y no sabemos bien dónde encontrar, es el resultado de un fiel reflejo de la sociedad en que vivimos.

El capitalismo, el negocio, nos fue robando de a poco el fútbol, la prioridad pasó a tener el dinero que se ganaba por sobre los clubes. De asociaciones civiles sin fines de lucro fuimos pasando a sociedades anónimas en manos de jeques árabes o magnates rusos, como podemos observar por en el fútbol europeo en general y más específicamente en el caso español.

La lógica empresarial le fue ganando al deporte y por consiguiente sus valores se fueron imponiendo de tal manera que ahora un chicho de 16/17 años con buenas condiciones técnicas mira de reojo su transferencia a Europa e importa poco el devenir en los grandes clubes de Sudamérica.

Es decir que el sistema le va quitando a esos jóvenes el sentido de identidad o pertenencia, ya que los mismos que vendan a cambio de espectáculo banal que es el criterio que se impone.

Según el antropólogo Sergio Varela, especializado en deportes, en México “los jugadores tienen rasgos similares a los de un héroe” y pueden sentirse intocables mientras los clubes “suelen ser cómplices” con actitudes permisivas y son menos los que se mantienen, e imaginario colectivo penetra esa idea también por la relación dialéctica de los medios de comunicación y el deporte profesional”, apuntó Varela.

El fútbol dejó de convertirse en juego, ya que la profesionalización del mismo hace que ronde mucho dinero y ese dinero no sólo perturba, sino que pervierte el juego convirtiéndolo en “trabajo”, que más allá de los privilegios que gozan, las presiones suelen en muchos casos rebasar el grado de preparación y razonamiento de muchos jóvenes que no se sienten preparados para afrontar tal responsabilidad.

Aparecen así los grandes vendedores de humo, los hipermercados quiméricos técnicos de fútbol y quisquillosos preparadores físicos que nos hablan del noble deporte como si éste fuera una ciencia oculta, los sabedores de fútbol que se creen más importantes por haber tenido una efímera trascendencia pasada, los que inventarán sin tener comprobado nada un tema tan democrático como popular. Al respecto sostenía el ex jugador argentino Fernando Redondo que “hoy parece que el buen entrenador es que que pone el acento en la disciplina y el esfuerzo físico, como si esa fuese la gran verdad de un gran equipo”.

La sociedad a través del Covid-19 experimenta un momento traumático que ha costado más de un millón de vidas, desocupaciones masivas y pérdidas de oficio y beneficio de grandes mayorías. El fútbol es un reflejo social y por lo tanto el comportamiento de los jugadores es similar al resto de los ciudadanos, sólo que están más expuestos por temas mediáticos. Por lo tanto, no es casual que en el nombre del negocio el fútbol se siga desarrollando sin público, con altos casos de contagio y en medio de la peor crisis sanitaria que la humanidad sufriera en los últimos 100 años.

Tampoco es casual que la preponderancia adquirida por la Champions League, el comienzo de las eliminatorias mundialistas para Qatar 2022, la salud de Maradona, el bajo rendimiento de Messi o el abuso de Renato Ibarra con su pareja sentimental ocupen las primeras plenas.

Se trata de vender y de ocultar la vida real, aquella vida que demuestra la improvisación de la mayoría de los gobiernos en mandarnos a realizar una obligada cuarentena que lleva más de 8 meses, la desgracia de millones que salen a buscar el trabajo, de aquellos que son arrojados a la calle por no poder pagar su alquiler, de la pobreza extrema que fabrica millones de niños desnutridos en nuestro continente, mientras las cadenas deportivas televisivas sensacionalistas y frívolas ocupan largas horas de diatriba y reality show en burbujas verborragias.

Carlos Prigollini
noviembre 3 del 2020
«Adiós a Diego», 2021

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