‘Toco y me muevo’, una jugada del gusto y la terquedad por contar historias

Desde mi primer empleo hasta la fecha he escuchado con frecuencia a amigos, compañeros, jefes y colegas de profesión decirme que los cuentos y relatos futboleros no venden, que a nadie le importan porque a la gente no le gusta leer, mucho menos ese tipo de textos. “No se consumen, deja de perder el tiempo. Recuerda que al público del fútbol solamente le interesa pelear y ya”, me han expresado con camaradería para animarme a dejar de escribirlos.

En algo tienen razón, no venden. Pero se equivocan al decir que no tienen lectores. Tan los tiene que nombres como los de Roberto Fontanarrosa, Eduardo Galeano, Juan Villoro, Osvaldo Soriano, Hernán Casciari, entre varios más, se ganaron su lugar en el gusto de futboleros y no futboleros como autores indispensables para ahondar en el fenómeno que envuelve al deporte de la pasión inexplicable.

También hay casos como los de John Carlin y Alberto Lati. Si bien es cierto que no son autores estrictamente futboleros, ellos han sabido trasladar sus experiencias periodísticas en el ámbito deportivo a historias escritas mediante el extraordinario uso de la narrativa. Claro, no puedo dejar de mencionar a Jorge Valdano, hombre de fútbol desde un vestuario hasta el foro de televisión que ha encontrado en la escritura el mejor camino para expresar sus ideas y compartir sus vivencias.

Y escribir acerca del balón no es exclusivo de los hombres. En Argentina, por ejemplo, Sonia Budassi narró de manera escrita la odisea que implica para una mujer periodista conseguir una entrevista con una figura como Carlos Tévez. Su publicación Apache es, además de un libro acerca de fútbol, una lección de periodismo.

¿Para qué escribir cuentos y relatos si presuntamente no se leen? ¿Por qué?  La respuesta de ellos no la sé, pero la mía sí: porque en la ficción y no ficción hallo un sano pretexto de abordar distintas realidades que genera un deporte al que elegí para apasionarme fuera de la cancha. Sobre la palabra escrita cabe precisar que es el reducto más atractivo y confortable para hacerlo.

Quienes no nacimos para patear una pelota sabemos que un partido comienza desde que salimos de casa y termina cuando regresamos a ella, además de que su duración es mayor a 90 minutos. Durante ese trayecto acontece la vida misma a través de diferentes sucesos y personajes que de forma directa o indirecta se vuelven partícipes del fútbol.

De eso va Toco y me muevo, mi primer libro en formato cartonero en el que reúno 14 cuentos y relatos futboleros donde el balón funciona como excusa para que nuestro alrededor y los seres que transitan en él muestren cómo de alguna u otra manera la pasión inexplicable termina por ser algo más que un lindo juego para todos. 

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