River-Boca: La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser (2021)

«Si arrastré por este mundo, la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser, bajo el ala del sombrero, cuantas veces embozada una lágrima asomada yo no pude contener…»
Carlos Gardel / Alfredo Le Pera (Cuesta abajo)

Después de conocer varias historias negras del fútbol argentino, no sólo nos resignamos a ver el fútbol sin público, sino que poco y nada sabemos del supuesto regreso a las canchas, más allá que también se complica observar el desarrollo de ciertos juegos sin desconfiar de jugadores, árbitros y sobre todo determinados dirigentes que tendrán gran influencia en el resultado final.

El comienzo del profesionalismo en 1931 trajo como consecuencia que el color del dinero se refleje en múltiples conflictos, e hizo recordar las célebres palabras de un ex ídolo boquense, Francisco Pancho Varallo (ex futbolista de Boca Juniors y la selección nacional en la etapa 1930-1937) quien sostenía que «sentía vergüenza por la ayuda que nos daban los árbitros» en aquellos partidos históricos de la década de los 30’s.

Hace unas horas River y Boca se enfrentaron en un muy aburrido partido devaluado, por la más devaluada Copa Argentina, en un juego sumamente tedioso, trabado y en el que los boquenses no patearon una sola vez a la portería de Armani. Ambos clubes dieron un juego sumamente discreto, muy lejos de las expectativas creadas por los voraces medios y operadores de ESPN, cuyos periodistas hacen esfuerzos denodados por exaltar las virtudes del River de Gallardo, destacando al director técnico como uno de los mejores o el mejor -para algunos- del mundo. El juego fue transmitido por la empresa Torneos y Competencias (la misma empresa que tiene uno de sus directivos presos por el FIFA Gate).

Los dos grandes del fútbol argentino son los mismos clubes que como lo demostrara la clara y valiente denuncia del ex futbolista Pancho Varallo, fueron los más beneficiados de la historia del balompié local por los poderes de turno. Recordamos los beneficios otorgados por la criminal junta militar que gobernara el país entre 1976-1983, que permitieron además de jugarse el campeonato Mundial en 1978, la construcción de una tribuna del monumental Estadio que da espaldas al Río de la Plata, y la consagración de los riverplatenses después de 18 años de sequía. Así como también los partidos que arbitrajes dudosos volcaron en favor del club de la ribera en el periodo que estos eran presididos por el corrupto y procesado ex presidente Mauricio Macri.

Pero si somos medianamente exigentes desde el punto de vista estrictamente futbolístico, debemos acordar que lo visto recién en el llamado Superclásico argentino fue de una gran dosis de ausencia de talento y buen fútbol. Los dos clubes con mayor nómina y mejores planteles del escenario sudamericano jugaron a no perder, a respetarse mutuamente en exceso, con planteamientos mezquinos, llegando a un soporífero y pobre juego que terminó en cero no sólo en el resultado sino en habilidades, audacia y destreza, que conforman este rico y noble deporte. Finalmente fueron a penales y Boca fue el triunfador para seguir avanzando en esta Copa que cada día extraña más a los buenos jugadores.

Gobierno Nacional y provincial, Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y presidentes de ambos equipos no dejaron de sorprender con actos de chauvinismo, entonando el Himno Nacional antes del partido. Como pensando que el alivio pasajero que otorga el fútbol, la emoción nacionalista y la desmesura con que vive la pasión del fútbol el pueblo argentino, podían llegar a disimular la pesadilla que viven las grandes mayorías ante el hacinamiento, el encierro obligatorio, la falta de trabajo, jubilaciones que no alcanzan para los medicamentos, derechos sociales recortados, inflación galopante por parte de un gobierno ¿popular? e insensible, que encuentra en la pandemia el pretexto característico de aquellos funcionarios políticos que no salen de la mediocridad ni hallan solución alguna para esta coyuntura tan nefasta como hostil a los sectores más vulnerables.

Si observamos la desmesura con que se vive el fútbol en Argentina, sumado a que las grandes mayorías adhieren en simpatía a los dos clubes más grandes y poderosos, como son River y Boca, es obvio que ante la violencia, la prolongada ausencia del público en las canchas y el reparto desigual del negocio, son esas mismas mayorías que seguirán postergadas o perdiendo por goleada ante los corporativos de medios, cuyos periodistas no reparan en mentir cotidianamente como verdaderos mercenarios u operadores mediáticos, sino que acompañan la vorágine consumidora desde multimillonarias pautas publicitarias que le permiten seguir calumniando y difamando a diario.

Difícilmente le interese este padecimiento a la dirigencia de estos clubes, a los operadores mediáticos y los poderes económicos del fútbol, que son los que digitan los torneos, la agenda o calendario a seguir, y por lo tanto estarán cada vez más involucrados en el negocio inmediato, y sobre todo en vender publicidad a costa de glorias pasadas.

Si esto ocurre con los clubes más poderosos del país, es obvio que el contexto del fútbol es alarmante, porque sólo interesa el negocio, y el deporte queda absolutamente en segundo plano, por lo que vemos espantosos partidos que lejos de brindar un espectáculo acorde a la historia del viejo y querido fútbol argentino, están más cerca del ganar como sea o del punto que salve a toda costa a un club del descenso o despido del cuerpo técnico.

En síntesis, podemos decir que ninguno de los dos clubes nos ofrece nada, viven de las campañas de marketing y de la pasión ganada en tiempos pasados, porque el fútbol argentino está empobrecido al grado tal que sus estrellas emigran constantemente, y aquellos jóvenes futbolistas que destacan unos partidos, son inmediatamente negociados para evitar el panorama asfixiante de sus clubes.

«La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser», no son sólo la letra del maestro Alfredo Lepera, interpretado magistralmente por Carlos Gardel para el tango Cuesta abajo. Actualmente dicha letra se reflota como el fiel retrato de clubes que fueron muy grandes en el pasado inmediato, y que hoy son desde el punto de vista social y deportivo, un auténtico reflejo de una sociedad deteriorada y vulnerable a la dictadura globalizada.

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