Tiempos, tiempo

 ¡Pensá, antes de correr!
Me lo gritó una, dos, tres, miles de veces. Me lo dijo en el vestuario, en la sede y en los partidos. Una y mil veces. “Pensá, antes de correr”.
Yo tenía 14 años y unas ganas tremendas de que algún cazatalentos viera mi “talento” con la pelota. Don Van Vaart era mi técnico en el Náutico de Villa Rumipal y siempre te daba consejos de fútbol y de la vida. Su “pensá, antes de correr” te lo incluía para cuando estábamos jugando ante Biblioteca de Villa del Dique o cuando el parrillero arrebataba el asado. Te lo decía para cuando tenías un examen en el colegio o cuando le contabas que había una chica que te gustaba. “Pensá, antes de correr”. Él siempre nos decía que debíamos tomarnos nuestro tiempo antes de cada acción en la vida, incluso en el área chica frente al gigante del arquero.
– Siempre hay tiempo.
Don Van Vaart tenía sus padres holandeses. Habían venido a la Argentina a principios del siglo pasado. Él era de Río Negro y en los ’90 llegó a Córdoba. Le gustaba reírse. Se reía mucho. Una vez fui a su casa para hacerle una consulta sobre una nota. Me dieron la bienvenida cinco gatitos. Los había bautizado: Gabi, Miliki, Ricky, Charlie y Krusty. Me invitó un té con galletitas dulces y me contó anécdotas de sus gatitos y de Johan Cruyff.
Se reía todo el tiempo. Y entre risas te dejaba enseñanza. Aunque siempre nos pedía que pensáramos, que nos tomáramos nuestro tiempo antes de ejecutar o antes de hablar.
Pasaron los años. Me fui del pueblo. Ningún cazatalento me vio. Mi “talento” se desvaneció y terminé trabajando de periodista en Córdoba Capital. Y perdí contacto con mi DT, pero sabía que hacía más de diez años que no dirigía ningún equipo. Había pasado el tiempo. Se había vuelto “viejo” y sus métodos ya no funcionaban, según los dirigentes, los periodistas y los hinchas.
Fue un técnico especial. Recuerdo que aprobé un examen final en la facultad gracias a su consejo: pensar y tomarme un tiempo antes de responder. Me dio más que una vuelta olímpica en cancha de Sportivo Italiano de Santa Rosa. Así lo recordaban todos los que fueron dirigidos por don Van Vaart.
Sin embargo, ya no lo llamaron más para dirigir. Preferían a los pibes con sus nuevos métodos.
En el 2015 tuve que viajar a una cobertura a Chile. Mientras estaba en La Serena me llegó un mensaje donde me avisaban que había fallecido. Lo encontraron muerto frente a la TV viendo una grabación de Los Tres Chiflados. Me dijeron que falleció en soledad. Yo quiero creer que murió de risa.
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